(#hilo) Una verdad incontrastable hoy: todas las fuerzas determinantes —entiéndase USA, aliados del régimen y aliados de Guaidó— apuestan a una salida del régimen negociada o a partir del quiebre del sistema. Sin embargo, cada factor se aferra a sus intereses.
I) EEUU aspira a una resolución de un problema complejísimo sin la necesidad de acudir a la fuerza. No obstante, esto les ha fallado. Ampararon, en abril, una negociación con importantes actores del chavismo que nunca prosperó. Compraron la estafa. Aún insisten en quiebre.
No apuestan a una negociación convencional (Oslo/Barbados), como ya dejaron claro los americanos, sino que esperan forzarla a través de presión (sanciones), amenazas o incentivos.
Están dispuestos a ofrecer garantías a cambio del desmoronamiento del sistema. Prefieren un cambio cosmético que ningún cambio.
II) Aliados del régimen (China, Rusia, Turquía) podrían avalar una acuerdo pactado que implique un cambio de sistema sí y solo sí: se respetan arreglos comerciales, sus deudas y le permiten seguir influenciando en la región (lo último inaceptable para USA).
III) Aliados de Guaidó: en el caso de Colombia, su urgencia es la crisis migratoria y el fortalecimiento de los elenos y otros grupos terroristas. No verán con buenos ojos cambios cosméticos o que no sean profundos. El caso es similar con Brasil y la secretaría general de la OEA.
IV) El régimen: algunas facciones sin duda verían con agrado ceder el poder a cambio de impunidad y mantener privilegios. Otras, aunque le garanticen todo lo anterior, jamás confiarían en acuerdo alguno. Entonces, se aferrarán hasta el final.
Otras de las facciones, como se asomó en abril, concebirían ceder si forman parte del proceso de la transición. Solo aspiran a ser tomados en cuenta si continúan dominando parcelas de poder dentro del Estado.
V) Las oposiciones (genuinas y no): una facción insiste en mantener conversaciones con el régimen sabiendo que, bajo ciertas condiciones, jamás trascenderán solo por el hecho de que ellas colaboran con el chavismo. En sí, esta facción es parte del sistema (negocios, etc).
Otra facción, seguro representada en Guaidó, aspira a una solución lo menos traumática y con el «menor costo» (esto es una falacia) posible. Están dispuestos a casi todo con tal de que no haya una ruptura que comprometa a partidos y aliados financieros. Pero sí busca un cambio.
Por último, está la facción que no aceptará cambios puramente cosméticos o superficiales. Solo avalará una ruptura total con el régimen y no tolerará cohabitación.
Respalda la idea de un acuerdo negociado que considere ofrecer garantías para el cambio de sistema, pero luego de una fuerte presión (amenaza creíble). Es decir: se enmarca en la idea de una negociación forzada con el propósito de que se dé una verdadera ruptura.
Al final, con Barbados andando, solo algunas facciones han logrado tomar el control del proceso. Otras esperan a que se anuncie el fracaso de las negociaciones para imponer sus intereses. Mientras, cualquier cosa puede suceder. Este tiempo de gracia no evita contratiempos.
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