Andrea Aldana Profile picture
Reportera freelance. Columnas en @ElEspectador. Comité editorial @UniversoCentro. Fixer. IG: https://t.co/zAHWSU9azO

Dec 16, 2019, 17 tweets

En diciembre de 2008 —y con mucha inexperiencia encima— viajé a Frontino y después escribí este texto sobre su Cementerio Central, «la fosa común más grande del occidente antioqueño», como lo llamaban entonces.

(Sigue hilo👇)

En el relato intenté denunciar que allí había restos de personas asesinadas que habían hecho pasar por guerrilleras (para reclamar remuneraciones y días de permiso) y también que era uno de los lugares que usaban los paramilitares para desaparecer a sus víctimas.

En este cementerio había un centenar de NN's que no habían ido a identificar. Lo sé porque los vi; lo sé porque incluso —y sin quererlo— los pisé. Lo impresionante del Cementerio de Frontino era que los restos de los NN no estaban enterrados en él: estaban esparcidos por el suelo

Los restos de los NN del Cementerio de Frontino estaban esparcidos por el suelo del ático de una de sus bóvedas, esparcidos como el polvo mal barrido. Mezclados entre ellos, descuidados, abandonados y en montículos como la mugre que se va acumulando en una casa también abandonada

Recuerdo que seguí al sepulturero y trepé por unos escaños hasta acceder al techo de una bóveda. El hombre corrió una placa del techo y saltó dentro del ático; yo, que necesitaba comprobar si era verdad que los restos de los NN estaban tirados por el suelo, brinqué detrás de él.

Y lo que siguió fue una escena de espanto: un reguero de cráneos, huesos de la pelvis, fémures, húmeros, costillas, radios, cúbitos y muchísimos otros huesos aparecieron frente a mí sin ningún tipo de cuidado o cobertura.

Recuerdo también que después del brinco trastabillé —no sé si por la escena, no sé si por el brinco— y para no caer di un paso buscando estabilidad. El paso lo di en cuclillas porque el ático no superaba el metro de altura y justo en ese momento, bajo mi pie, escuché un «crack».

Miré horrorizada hacia mi zapato y vi que estaba pisando el fragmento de un hueso. De inmediato quité mi pie, me arrinconé contra la pared, entré en un ataque de histeria y comencé a llorar. Pero afortunadamente al ático había entrado conmigo un amigo, que era antropólogo.

Mi amigo era la persona que me había contado lo que pasaba en Frontino. Él me agarró la mano, me calmó, me recordó que me había advertido de la escena que iba a encontrar y controló mi respiración. Y, una vez volvió la calma, pude detallar mejor el escenario: horror, solo horror.

Mi amigo y yo no dimos un paso más, el sepulturero sí iba y venía por el largo del ático mientras nos narraba historias de asesinatos y nos señalaba los orificios que habían dejado las balas que perforaron esos huesos.

A un lado de nosotros había un hueso ilíaco, que es la estructura ósea que conforma el esqueleto de la pelvis, y mi amigo lo señaló diciéndome: «Mira, es de una mujer. Y por su forma parece que tuviera 15 o 16 años». Después de esa frase no aguanté más y me salí.

La imagen que acompaña este tuit es la del texto que publiqué en 2008 y fue diseñado sobre 2 fotos que tomé en ese viaje: la parte inferior es el Cementerio Central de Frontino y sus bóvedas; la parte superior son los restos de los NN tal cual como los encontré en ese ático.

La historia hizo parte de un especial del periódico @Delaurbe sobre desaparición forzada (y que está en el archivo de la #UdeA). En el momento hubo ruido —Personería y Defensoría supieron de esa historia—, pero no hubo el suficiente. Además, Álvaro Uribe Vélez seguía en el poder.

@Delaurbe Recuerdo ese viaje como si fuera ayer, especialmente porque tuvimos que salir huyendo despavoridos de Frontino.

Si quieren saber por qué huimos, acá dejo el resto de la historia en estas dos imágenes 👇(si sigo, el hilo se hace muy largo).

@Delaurbe Y ya para cerrar: igual que antes, en Frontino sigue habiendo un cementerio en el que reposan (si es que se puede decir «reposan») los restos de personas que fueron desaparecidas y víctimas de ejecuciones extrajudiciales.

@Delaurbe Hasta donde pude averiguar, once años han pasado desde ese viaje —y ese texto— y parece que nadie ha ido al Cementerio Central de Frontino a hacer las labores debidas de búsqueda e identificación de los NN. Por mí lado, a ese municipio tan bello, no volví. Aún me da pavor.

(En cuanto al texto que escribí en 2008, disculpen las formas e imprecisiones, era estudiante y me faltaba madurez)

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