Alberto Ray Profile picture
Consultor en estrategias para la gestión de riesgos. Autor de Riesgos Líquidos y MAPS21 Director Ejecutivo en https://t.co/8dCtii7AJ1

Jul 11, 2020, 13 tweets

Esto de debatir públicamente la pertinencia y posibilidad de una intervención para liberar a Venezuela me parece muy apropiado. Primero por que ya hoy no se guardan secretos de tal naturaleza, pero lo más relevante es que permite discutir qué elementos la pueden inhibir...🧵

En tal sentido y vista la destrucción del Estado, la pérdida del territorio a manos del crimen y la violación masiva y sistemática de los derechos humanos de millones de ciudadanos, el principal inhibidor no es la autodeterminación ni el principio de no intervención.

En mayor medida, pero tampoco son inhibidores la opinión pública internacional, el Consejo de Seguridad de la ONU, la falta de un marco jurídico internacional, la resistencia de los países del TIAR o la cantidad de dinero que una Operación de liberación pudiera costar.

La historia ha demostrado que han sido muchas las intervenciones decididas unilateralmente y dependen principalmente de un análisis estratégico Riesgo/Beneficios que por cierto en el caso venezolano es tremendamente favorable desde el punto de vista de los intereses de occidente.

Todos sabemos que EEUU es el único país en este hemisferio con las fortalezas y las capacidades para asumir una decisión de esta naturaleza, y aunque cuenta con aliados dispuestos en la región, estos no pueden actuar sino en equipo con los norteamericanos.

Siendo así, vuelvo a los inhibidores: existe en EEUU un sector dentro del gobierno y del propio Estado cuya opinión es que intervenir en Venezuela sería una acción de consecuencias catastróficas y que significaría una guerra prolongada de donde Trump saldría a la larga derrotado.

Esta narrativa, que se le conoce como la tesis de los vidrios rotos; porque sería EEUU a quien le tocaría recoger el desastre venezolano luego de una acción de fuerza, fue concebida desde hace años por Cuba y propagada en Washington a través del propio Departamento de Estado.

La realidad es que esta historia paralizante alimentada además desde el discurso del terror oficial chavista rodeado de cuanto mal hay en el universo, que aun promete freir las cabezas de opositores, está comenzando a fallar aceleradamente tanto en Washington como en Caracas.

Los influencers del State Department han perdido potencia frente Trump tras las sucesivas apuestas fallidas que le han hecho al Interinato. Solo basta con conectar el libro de Bolton, la irrelevancia de Abrams y que ahora la principal vocería sobre Venezuela viene de C. Faller.

Por otro lado, la historia de la guerra popular prolongada (GPP) emanada desde Miraflores y Fuerte Tiuna es difícil de vender porque para ello hace falta plata y mucha gente comprometida, pero lo crítico es que la GPP no es efectiva con las nuevas tecnologías para el conflicto.

Existen otros inhibidores menores como, por ejemplo, la poca capacidad que tiene Guaidó de estabilizar al país durante una transición, el grado de destrucción de la FAN y su posibilidad para sostener el orden interno y el potencial saboteo del colaboracionismo corrupto.

Por lo pronto, ya Trump activó su propia maquinaria comunicacional hacia la opinión pública doméstica, que puede ser un inhibidor poderoso, y es que cada día más se señala a Maduro y a su régimen como una amenaza grave para la seguridad y la paz del pueblo norteamericano.

Y en año electoral nada es más efectivo que un enemigo externo derrotado para ganar una elección, más aun si el oponente demócrata promete volver al apaciguamiento de Obama al abrirle las puertas a Cuba y retomar las negociaciones con Irán. Veremos.

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