Ro Llamozas - Santana, Abreu & Félix Stan Profile picture
Sin sombra no hay luz.

Aug 3, 2020, 24 tweets

En #BiosdelHOF toca el turno a Lewis Robert “Hack” Wilson (1900-1948).

Electo al Salón de la Fama en 1979, la 41ra elección, por la vía del Comité de Veteranos. Estuvo otras quince veces en la boleta, llegando a alcanzar 38.3%.

Nació en un pequeño pueblo de Pennsylvania, hijo de una pareja de alcohólicos que nunca se casó. Su madre murió cuando él tenía 7 años, y su padre lo abandonó. Vivía con la casera del lugar en el que lo dejaron. Más adelante, su padre lo buscaría para mudarse a diversos poblados.

A los 16 años ya había dejado la escuela y trabajaba en una imprenta, cargando todo tipo de equipos y materiales.

Su cuerpo era muy particular: muy pequeño (menos de 1.68 mts), muy pesado (llegó a pesar más de 110 kilos), con piernas y brazos cortos.

Sus pies eran minúsculos, medían el equivalente a 5 ½. Ocurría igual con sus manos, al punto que alguien tenía que lijar sus bates para que los pudiera agarrar correctamente.

Aun así, sus bíceps eran enormes, por lo que tenía mucho poder, y corría velozmente a pesar de su peso.

Estudios posteriores han concluido que su particular físico se debía a que sufría de Síndrome Fetal Alcohólico, a causa de sus padres. Esta condición también afectaba sus habilidades mentales, generándole dificultad de aprendizaje y poca concentración.

Pero no afectaron su talento y sus habilidades para jugar béisbol. Tras jugar en algunos equipos semi profesionales y de ligas menores, su contrato fue comprado por los Giants de New York, aunque fue solo por $500 como complemento de la firma de un lanzador.

Su aspecto – y su bajo rendimiento al inicio – no lo ayudaron mucho con el mánager, John McGraw, quien prefirió no darle muchas oportunidades, en las que solo pudo batear para .276 con 16 jonrones en sus primeros 172 juegos, y lo bajó a las menores.

Allí fue firmado por los Cubs de Chicago, aprovechando que los Giants no lo reclamaron – se sospecha que McGraw nunca tuvo la intención de volver a subirlo. Apenas debutó con su nuevo equipo, tuvo una de las seguidillas de cinco años más impactantes de la historia.

Entre 1926 y 1930 bateó para .331/.419/.612, promediando 183 hits, 35 jonrones, 117 anotadas y 142 remolcadas por temporadas, ganando cuatro títulos de jonrones, dos en carreras impulsadas, y dos más en bases por bolas.

Pero la corona fue la temporada de 1930.

Conocido como el año del bateador, Hack no perdió el tiempo, y bateó para .356/.424/.723, con 56 jonrones, marca para la Nacional, y remolcando un total de 191 carreras, un récord que aún se mantiene y que, casi seguramente, nunca será superado.

Aparte de su obvio talento, su desempeño se debió al apoyo de Joe McCarthy, el mánager del equipo, quien lo supo controlar y lo apoyó para desarrollar sus habilidades.

Hack era un alcohólico, que pasaba mucho tiempo bebiendo, generalmente con Al Capone, el mafioso.

McCarthy pudo manejar todos los problemas en los que Hack se metía por su comportamiento, y logró que jugara al máximo de sus habilidades. Hack lo sabía, y le llego a tener un gran aprecio a su mánager. Lamentablemente, 1930 sería el último año de McCarthy con los Cubs.

Pasaría a dirigir a los Yankees, y el equipo de Chicago firmó al gran Rogers Hornsby como mánager. Desafortunadamente, para Hack, Hornsby era una persona muy estricta, muy exigente y vigilante del comportamiento de sus jugadores.

Estas dos personalidades chocaron de inmediato, y fue tanta la antipatía que Hornsby tuvo con su jugador estrella que, a pesar de haber conectado 56 jonrones y remolcado 191 carreras, lo sentó en la banca en varias ocasiones, limitándolo a 112 juegos en 1931.

Ese año solo pudo lograr una línea de .261/.362/.435, cambiándolo al terminar el año a los Cardinals de St. Louis, pero nunca llegó a jugar con ellos, por disputas salariales – le ofrecían una reducción del 77% de su sueldo, cosa que él rechazó de inmediato.

Entonces fue cambiado a los Dodgers de Brooklyn, con quienes firmó un contrato por $16.500. Con el equipo neoyorquino tuvo un breve renacer al año siguiente. Aunque solo conectó 23 jonrones, empujó 123 carreras y tuvo un OPS por encima de .900.

Pero la suerte no duraría. Tras actuaciones flojas en 1933 y el comienzo de 1934, fue dejado libre. El alcohol y el peso le habían robado ya toda su efectividad con el bate, convirtiéndolo en un pelotero ineficiente y sin constancia alguna, incapaz de conectar jonrones.

Firmaría a última hora con los Pillies de Philadelphia, pero solo llegó a participar en siete juegos en 1934, apenas bateando para .100 (2 hits en 20 turnos). A los 34 años de edad, la carrera de Hack Wilson terminaría en una nota muy desagradable.

En 12 temporadas conectó para .307/.395/.545, con 1.461 hits, de los cuales 244 fueron jonrones (23% de los cuales fueron conectados en una sola temporada, la de 1930). Números nada impresionantes, para alguien a quien, alguna vez, se le comparó con Babe Ruth.

Tras su retiro, su vida se complicó casi de inmediato. Aparte de jugar un par de años con equipos semi profesionales, se dedicó a diversos trabajos que no lo llevaron a ningún lado. Se divorció y se volvió a casar, pero vivía separado de su nueva esposa.

En octubre de 1948 fue encontrado inconsciente, viviendo solo en su apartamento en Baltimore. Había sufrido una caída y no tenía quien lo ayudara. Tras ser hospitalizado, fallecería un mes después por complicaciones de neumonía y una hemorragia interna, a los 48 años de edad.

A finales de los 70s se comenzó una pequeña campaña a favor del hombre con el récord de carreras remolcadas, y aun dueño de la mayor cantidad de jonrones en una temporada en la Liga Nacional. Gracias a esto, fue electo en 1979 por el Comité de Veteranos.

Hack Wilson no tiene méritos suficientes para estar en el Salón de la Fama. Quizás si el alcoholismo y sus problemas de personalidad no lo hubieran afectado, sería diferente, pero como es, no tiene los números ni la longevidad.

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