En debates entre ciencia vs. religión, casi siempre suele aparecer la figura de Georges Lemaître como argumento a favor de la religión por sus descubrimientos y su condición de católico.
El objetivo de este hilo es triturar totalmente ese argumento. Vamos.
En primer lugar, conviene tener algo de visión sobre quién fue Lemaître. Nacido en 1894 en Bélgica, se ordenó como sacerdote católico en 1923. Cuatro años más tarde, propuso la teoría de expansión del universo a partir de las ecuaciones de la TGR de Einstein, entre otros logros.
Pese a que se asocia dicho descubrimiento a Hubble, fue Lemaître quien lo estableció con anterioridad, además de conceptos como el de "huevo cósmico" o la ley de expansión del universo. Pero eso es otra historia, vamos a lo central de este hilo.
Quiero centrarme en por qué se le suele utilizar como arma arrojadiza en los debates. Todas las veces que he oído su nombre en debates ha sido de la siguiente forma: "mucho estar en contra de la religión pero fue un cura quien propuso la expansión del universo" y cosas así.
Vamos a ver. Ningún científico puede denostar el trabajo de otro con base en sus creencias. Aquí lo que cuenta son tus cálculos. Si ellos están correctos y son comprobados exitósamente con experimentos, serán aceptados, aunque creas en unicornios.
El problema viene al considerar que, porque un sacerdote haya obtenido un resultado científico correcto, dicha religión ya es oficialmente verdadera. Mire usted, no.
Lemaître, en su artículo original, no nombra en ningún lado ni a Dios ni al cielo ni a la fe. Es decir, su explicación de la realidad no necesita de una fuerza divina, por mucho que él fuese un católico convencido. No lo necesita, pues tiene a la física para ello.
El artículo original, traducido al inglés por Arthur Eddington, es este. Ninguna alusión a misticismos ni saltos de fe:
articles.adsabs.harvard.edu/cgi-bin/nph-ia…
De hecho, hasta el Papa Pío XII quiso sacar tajada del trabajo de Lemaître exponiendo que su trabajo era una PRUEBA del Génesis y, por ende, una validación de todo el Catolicismo, a lo que Lemaître, brillantemente, contestó que no tenía nada que ver una cosa con la otra.
El trabajo de Lemaître es precisamente lo inverso de lo que el argumento inicial teísta plantea. Es la "no necesidad de la hipótesis de Dios" que diría Laplace. Usar a Lemaître como argumento pro-teísta es precisamente cavarse la tumba sin saberlo.
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