Mariana Romero Profile picture
Trabajadora de prensa - Ciudad 360 en Radio @ciudadSMT879 - Cuenta personal, no representa a ningún medio

Sep 18, 2020, 29 tweets

Isabel Ibáñez entró ayer a la pieza y vio a Franco, su hijo de 19 años, ahorcado. Era la 6° vez que lo intentaba.

Lo descolgó, lo revivió, se puso el cable en el cuello y se colgó ella.

La salvaron las hijas y los vecinos. Llamaron a un ambulancia que tardó bastante en llegar. Franco no estaba bien así que lo llevaron al Obarrio. Pero en el Obarrio no lo ingresaron, lo subieron a la ambulancia y lo despacharon a su casa otra vez.

Los vecinos empezaron a llamar a políticos. No sé cuál se habrá conmovido, lo cierto es que finalmente, el Obarrio aceptó su internación. Estuvo un par de horas. Le dieron el alta, junto con una bolsita con pastillas y un papel donde decía cuando tomarlas. Su mamá no sabe leer.

Así, a la noche, madre e hijo salvados del suicidio ya estaban de vuelta en su casa. Franco me contó que se quería quedar en el Obarrio pero parece que no hubo caso. No sé si será verdad.

Si ya el narcotráfico estaba haciendo estragos en la Costanera, ahora el problema se agravó. Porque llegó una droga nueva, se llama Cripy.

Yo nunca había escuchado hablar de esa droga así que me puse a googlear. En internet hay noticias desde 2018 pero ninguna relacionada a la Argentina o, por lo menos, a Tucumán.

Está droga nueva se está vendiendo en la Costanera desde hace unas 3 semanas. Es una especie de marihuana sintética. El porro sale 200 pesos.

Además de Google consulté con Emilio Mustafá, psicólogo especializado en adicciones. Cuando digo especializado no hablo de laboratorio ni de Harvard, hablo de un profesional que batalla ahí, en el barrio mismo, sin consultorio ni diván. Desde hace años.

Emilio me confirma más o menos de que se trata esa droga. Se fabrica con las hojas de la marihuana pero, en vez de el THC tiene otros químicos agregados que la hacen mucho más peligrosa. El efecto es distinto, mucho más intenso y duradero.

No tiene nada que ver con las flores que se fuma en barrio norte. Tampoco con el paraguayo, que se fuma en los barrios. Cripy parece ser otra cosa.

Franco cuenta que siente que se desmaya cuando la fuma. Las hermanas cuentan que tiene alucinaciones. "Ve una mujer torcida y no hay nadie".

Blanca, la vecina, cuenta que en las últimas semanas a los chicos que se juntan a drogarse a la noche se les da por gritar. "Gritan, gritan como si alguien les estuviera pegando pero no hay nadie", dice.

El problema con la droga se agravó en el barrio. De 25 pesos que costaba la dosis de paco, hoy paso a 125 o 150. Es que las restricciones para circular por la pandemia dificultaron el tráfico.

Mientras estábamos haciendo la nota, llegó otro pibe. Dice que paco ya no hay y que tienen que terminar en las pastillas y el poxirran con aguarrás. Y la nafta, no sé cómo hacen con el tema de la nafta. Dijo esto y se fue al frente a ponerse a aspirar poxirran.

Cuando me estaba yendo, me para una vecina. Me dice si podía hacerle el favor de volver a la noche y sacarles fotos a los chicos consumiendo. Y me cuenta que es porque fueron a pedirle ayuda a un legislador que les dijo que necesitaba pruebas de que había droga en la Costanera.

El legislador -que me consta que es millonario- parece no tener idea de que cualquiera que vaya a sacar fotos a una villa copada por el narcotráfico se puede ligar un tiro en la cabeza. O quizás sí, porque a eso lo sabe cualquiera.

De todas maneras, este legislador parece ser la única a persona en Tucumán que necesita que otro se juegue la vida para sacar fotos y llevarselas, así él se convence de que en la Costanera hay droga. Pensé que bien podría ir a sacar las fotos él.

Franco quedó en su casa, con las pastillas que no sabe cómo tomar y el fin de semana cerca. Ahí nomás le venden la droga. Tiene todos los brazos cortados y, sobrio, pide ayuda y dice que se quiere rescatar.

Hace tres o cuatro meses, en ese mismo patio de tierra, Franco y yo habíamos estado cara a cara. Fue en el velorio de su tío, el hermano de su mamá. El hombre estaba en una cama que habían sacado afuera porque no había ataúd.

El tío de Franco se había suicidado. Se había colgado de un volquete en plena calle y lo descubrieron tipo 7 de la mañana. Vino la policía, constató que estaba muerto y se fue. Nadie lo descolgó.

A eso del mediodía me llamaron los vecinos para preguntarme qué había que hacer, porque el hombre seguía colgado y la policía no volvía para bajarlo. Los chiquitos del barrio no podían dejar de mirarlo. Al final, se subieron ellos y bajaron el cuerpo. Pero no había cajón.

Así que sacaron la cama al patio y lo celaron ahí. El velorio duró lo que tardaron los trámites para que Defensa Civil mandé un cajón. "De cartón NO", advirtieron los vecinos por teléfono "porque está la prensa acá y va a haber quilombo". Mandaron de madera.

Por eso, dice Isabel, que se intentó matar. Porque no quiere vivir para ver si su hijo, al séptimo intento de suicidio, logra matarse. Cómo le pasó a su hermano.

Así se vive en la Costanera.

PD: Si quieren conocer a Isabel, les dejo una nota

facebook.com/losprimeros.tu…

[Actualización]
Gracias por todos los aportes de gente que consumió "Cripy" como una maravilla natural y cara de una especie de marihuana de primera. Son muy valiosos sus comentarios.

Pero lo que se está vendiendo en la Costanera no fue analizado aún, así que no sabemos si lo que están vendiendo ahí el mismo manjar que tuvieron ustedes el privilegio de fumar. Igualmente, me alegro por los que pueden fumar flores deliciosas y de autocultivo, qué suerte tienen

Ante la cantidad de indignados cannabicos que tuvieron la suerte de fumar deliciosa marihuana en sus vacaciones y les dijeron que se llama Cripy , les cuento que a los pibes de la Costanera también les dicen que se llama Cripy lo que les venden.

Que alguien haya tenido la suerte de fumar algo bueno no significa que eso les esté pasando a los chicos del barrio. Es más, hay gente a la que le pasó las dos cosas.

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