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Libertario. Pincha. Filatelista. Mediador. Finanzas. Pesca con Mosca. Rotary. Filosofía.

Sep 21, 2020, 12 tweets

Momento aciago. Así definiría el año 1989. La hiper inflación. Estamos hablando de una inflación anual superior al 3000%. Las cajas Pan se administraban entre la población de menos recursos; existía la veda de carne dos días a la semana y la importación de pollos era el tema.

Los sueldos se cobraban en efectivo. No se acreditaban en cuentas bancarias. Si la vorágine del día que cobraste te hacía olvidar de prestar atención de ello tu poder adquisitivo se vaporizaba al cabo de horas, destrozando la posibilidad de llegar al día diez del mes.

Había que cubrirse de cualquier manera. Tarea no fácil, ya que en la economía real sufríamos desabastecimiento. Los precios cerrados por teléfono no se respetaban a la hora de buscar tu heladera o televisor horas mas tarde del llamado.

En finanzas la locura era total. El cambista compraba dólares a la mañana y los vendía al final del día. El que operaba bonos en pesos hacía lo mismo. El que tomaba call durante la mañana llevaba y al final del día descargaba. La tasa de interés no paraba de subir .

El sofisticado que operaba bonos en el exterior, vendía a la mañana temprano contra dólares y los retomaba a la tarde. Los bolseros, compraban acciones en 72 horas y las vendían en 48, 24 hs., o en contado inmediato. Obviamente las utilidades en pesos nominalmente eran enormes.

Porque de lo que se trataba era huir del peso. Para todo se necesitaban más pesos para comprar lo mismo que horas atrás. Daba lo mismo la especie. Bonos; acciones; café; leche o pan. Momentos tremendos. De angustias; quebrantos; histeria y tristeza.

La mayoría de los traders cerraban posiciones en el día antes de quedar abiertos. A pesar de que todas las aperturas de los activos diariamente lo hacían con gap al alza. Sin dudas era mejor quedar abierto. Pero el riesgo era el pensar que seguramente en horas saldría un plan.

Llegabas el día siguiente y no había plan. Lo que sí te encontrabas era con toneladas de circulares. Modificaciones en el efectivo mínimo; posiciones de títulos permitidas etc. Varios lunes en donde las mesas no trabajaban por los comunes feriados bancarios y cambiarios.

De aquellos momentos insoportables, recuerdo varias luces pero uno fue el que sobresalió al menos en mi recuerdo. Se trataba de un gran inversor de plazos fijos. Que un día decidió levantar el barrilete. No había forma de tentarlo con tasa. Pidió llevarse todo.

Explicó que no había manera de que en treinta días él se pudiera llevar el dinero. Que era imposible que el Central imprimiese los pesos necesarios para cobrar sus plazos fijos. Que conocía la cantidad de máquinas existentes en la casa de la moneda y cuántos billetes creaban.

Por supuesto nosotros los novatos lo miramos incrédulos. Nos parecía imposible pensar de dicha manera. La mayoría de la gente renovaba a dichas tasas estrambóticas. Nada sucedió a los treinta días siguientes. Pero sí a los 60. Era diciembre y vino el Plan Bonex.

Ese lunes, en donde el 60% de la base monetaria se redujo a un bono que amortizaría al 12,5% anual y pagaría 8,75% de interés en dólares. Haciendo desaparecer los plazos fijos. El primer día cotizaban al 30% de su valor. Ese día, el dólar los bonos y la bolsa -50%.

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