Agradezco a las 20,000 personas que siguen mi cuenta. Es agradable convivir, interactuar y conocer a personas que de otro modo me hubiera sido imposible.
El uso de las redes, por parte de funcionarios judiciales, suele ser complicado.
Existen muchas cosas que, por ley o principios éticos, no podemos tuitear o interactuar.
Y los temas que sí podemos abordar hay que analizar si los vamos a tocar con mesura o de manera frontal.
Por ejemplo, el asunto de moda: la consulta popular. Al ser una cuestión jurídica que, incluso, ya cayó en la “cancha judicial” nos permite abordarlo.
Mientras que los ataques a la independencia judicial, creo, debemos de afrontarlos directa y frontalmente, no importa de dónde vengan y las repercusiones que puedan tener.
También debemos aprender a lidiar con troles, y distinguirlos de las críticos serios. La piel se va endureciendo con el paso del tiempo y se aprende a ignorarlos (o silenciarlos).
En muchas ocasiones dejamos comentarios sin contestar, y ello se debe a la falta de tiempo, o a la propia prudencia judicial.
Muchas veces recibo reclamos dirigidos al PJF o a los jueces en general. En esos casos, solo me queda escuchar y tratar de no incurrir en las prácticas o, en su defecto, corregirlas si yo caigo en ellas.
A pesar de que Twitter puede ser un lugar tóxico, sabiéndolo usar y conociendo su naturaleza, me ha servido para conocer a muchas personas en la vida real. Me ha dado la posibilidad de viajar a varios Estados de la República y al extranjero.
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