BOCATAS - PASIÓN POR EL HOMBRE Profile picture
Somos un grupo de amigos que todos los viernes noche lleva papeo y amistad a los poblados de Madrid #siemprelibres #pasionporelhombre #tribulosbocatas

30 Jun, 21 tweets

Ya están digitalizados los dos Códices mejor ilustrados de las Cantigas de Santa María de #AlfonsoXelSabio, cuyo octavo centenario celebraremos en noviembre. Se puede acceder en rbdigital.realbiblioteca.es/s/rbme/page/in…

Especialmente imponente es el #CódiceRico

Aquí el Rey en los fols. 4v y 5r

Y a continuación un ejemplo [DENTRO HILO]: la Cantiga XXVI (fols. 39v-40v), que narra un milagro ocurrido a un peregrino que iba camino a Santiago. Es uno de los milagros más famosos del @camino_xacobeo (cfr. Códice Calixtino, II, 17; texto en español: xacobeo.fr/ZF2.04.miracle…)

Hace unos días nos lo explicó un bocatero en este vídeo (minutos 20:39-25:50). Es un milagro sobre la esperanza en el camino de la vida, sobre la tentación de la desesperación ante el propio mal, y sobre la gracia que viene en auxilio del homo viator.

El protagonista, un joven bueno y religioso, que solía hacer la peregrinación todos los años, la noche antes de emprender el camino se acuesta con una muchacha, incurriendo en fornicación. No obstante, emprende su camino. Sin embargo, consternado por el propio pecado, una

noche se le aparece "Santiago" (en realidad Satán disfrazado) y le dice que si quiere redimirse, debe amputarse el miembro (viñeta 2). El joven tiene miedo de morir desangrado e incurrir en un pecado aún más grave, el suicidio. Pero sucumbe al engaño del diablo y se automutila,

se desangra y muere (viñeta 3). A la mañana siguiente, los aldeanos deciden darle sepultura. Y cuando están a punto de enterrarlo, el peregrino muerto se levanta de golpe (viñeta 6) y les cuenta lo ocurrido (viñetas 3-5; relato dentro del relato):

Efectivamente -cuenta- cayó en el engaño del diablo. Al morir, éste y su séquito de demonios arrastran su alma y se la llevan volando hacia el infierno (viñeta 3): han logrado arrebatarle un alma a Dios (al Enemigo, diría Escrutopo). De camino al infierno, pasando cerca de Roma

("todos los caminos llevan a Roma", y en este caso también la highway to hell), aparece Santiago de blanco y empuñando la espada de la Verdad (viñeta 4) Santiago le reprocha al diablo haber engañado al peregrino (a "su" peregrino), y le dice que nanai, que no se lleva su alma al

infierno; que el alma de ese muchacho le pertenece a Dios y que él (por la particular devoción que le
tenía el joven) era su protector. El diablo, claro, chincha que chincha, dice que le pertence a él, pues se la ha ganado. Pero Santiago dice que no es justo y apela a una

instancia superior: la Virgen María. Así que el diablo, el alma del peregrino, Santiago y San Pedro acuden al tribunal de María, la Madre del Cristo (viñeta 5). Ésta, refugio y abogada de los pecadores, naturalmente falla a favor del reo: el peregrino vuelve a la vida, Santiago

sale victorioso y el diablo se va con el rabo entre las piernas. El peregrino, dice la leyenda, acabó metiéndose a monje en Cluny (el papel de Cluny en el Camino de Santiago es importantísimo).

Lo importante, creo, es el mensaje que hay bajo la historia: el cristiano, peregrino

en la tierra (homo viator, in statu viae), pecará una y otra vez, pero no debe desesperar de la infinita misericordia divina. El mayor engaño del diablo es precisamente ese: creer que no hay salvación para uno, que el pecado de uno es tan grande que no merece redención. No hay

soberbia mayor: ¿acaso puede el hombre cometer un pecado tan grande que Dios no lo pueda perdonar? "La esperanza es el pie para caminar" (spes est pes), dice Isidoro de Sevilla. Sin esperanza en que existe una meta, un camino y una ayuda en el camino (un viático), es imposible

caminar. Y ahí es donde el diablo ataca primero. El joven del milagro (reminder: Codex Calixtinus, II, 17, o Cantiga de Santa María, 26) cae en el engaño de la desesperación y pierde la esperanza en el perdón divino. Pierde el pie y ya no puede caminar, así que se apea del camino

y corta (nunca mejor dicho) por lo sano. Claro, que de sano (y de santo) eso tiene poco. Santiago intercede por él, pues era "su" peregrino, y la Virgen intercede, como madre, por "su" "hijo pecador". El mal y el pecado no tienen la última palabra. Ni siquiera la desesperación y

el suicidio la tienen (cfr. el libro de @JaViviendo_). La misericordia divina lo perdona todo, y el cristiano no debería dejar espacio a escandalizarse de su pecado (pues el diablo entra a través de ese escándalo, e introduce la duda, la desesperación del perdón). Al fin y al

cabo, al hombre no se le pide coherencia moral, voluntarismo, ausencia de pecado, etc.; al hombre no se le pide salvarse a sí mismo por la vía de la rectitud, sino que se deje salvar por la Vía y la Vida, que es Cristo. Al hombre solo se le pide la sencillez de corazón para

dejarse hacer, para dejar que Dios sea Dios, para pedir ser salvado y para abandonarse en sus manos. El camino, si no, resulta insoportable. ¿Y el pecado? No negarlo, por supuesto (esa es la mayor tentación de la modernidad), pero tampoco, por afirmarlo, caer en la desesperación.

Sentimos habernos enrollado, pero creemos que el relato lo merece. En torno al Camino de Santiago (cfr. vídeo supra) se creó una teología, una liturgia y una literatura de lo más interesantes, y el Sabio rey Alfonso mandó escoger algunos de los milagros del Liber sancti Iacobi

(aka Codex Calixtinus), verterlos al gallego, musicalizarlos y convertirlos en Cantigas a Santa María.

Ale, aperitivo terminado: ya pueden entrar uds. a viajar por las páginas de los códices de las Cantigas (rbdigital.realbiblioteca.es/s/rbme/page/in…) o por los textos

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