El próximo 26 de abril hará dos años: los niños pudieron salir a la calle después de mes y medio de confinamiento estricto. Las normas indicaban que podían salir como máximo tres niños acompañados de un adulto, 1 hora al día, como máximo a 1 km de casa.
Esto fue una pequeña parte de lo que pasó ese día y los siguientes:
Videos para explicar las normas
Las RRSS se llenaron de una avalancha tremenda de videos y fotos tomadas a padres e hijos a modo de señalamiento, burlas e insultos incluidos.Acusaciones a padres y niños de falta de observancia de las reglas. Declaraciones iracundas de periodistas, deportistas y músicos famosos.
Los # recuperables son, entre otros, #niñosenlacalle y #PadresIrresponsables. Hay material de repaso para horas y horas de lectura.
Entrevistas a niños:
Padres intentando contrarrestar el mensaje de la irresponsabilidad subiendo fotos de los primeros paseos en solitario.
Mensajes amenazando con decir a los críos que los Reyes Magos son los padres.
Gente pidiendo que se suspendieran las salidas de menores. Afirmaciones de que los que paseaban perros eran más cívicos. Frases como "la culpa no es del niño, sino del dueño." Gritando a los padres que lleven a los niños cogidos de la mano, porque "lo tocan todo".
Gente indignada si familias salían a pasear con sus bebés.
Niños que no se acercaban a sus amigos.
Drones controlando la calle y dando instrucciones:
Más vigilancia policial:
Declaraciones del ministro para calmar a la población:
Se hicieron hilos enteros para explicar que las fotos de aglomeraciones a menudo eran muy relativas
Instrucciones para configurar alarmas para no alejarse más de 1 km
Los niños no "necesitaban" salir todos los días
Fotos de la salida de los niños en medios internacionales
El señalamiento fue también en medios de comunicación.
La memoria es frágil. Pero no nos conviene olvidar que esto ocurrió. Niños que fueron los únicos sin poder salir en mes y medio. Que tuvieron que hacer gimnasia en casa para mantenerse en forma.
Que a falta de jardín, los padres los sacaban al balcón o a la ventana para que les diera algo de sol, como si fuesen una maceta. Que tuvieron que seguir clases a distancia sin que hubiera infraestructura ni medios.
Algunos niños de familias más desfavorecidas simplemente desaparecieron del radar de los centros educativos durante todo ese tiempo. Niños que apenas sabían escribir, que de repente tenían que hacer sus tareas con ayuda de un teclado, que tampoco sabían usar.
Con suerte, tenían a los padres teletrabajando para ayudar a ratos. Que si eran hijos únicos, no vieron a otro niño en semanas. Sus cumpleaños fueron evidentemente sin amigos, la policía les cantaba desde la calle.
Que si vivían en hogares conflictivos, permanecieron encerrados en ellos semanas sin respiro alguno: no podían salir a comprar una barra de pan como veían hacer a los demás. Muchos tuvieron trastornos del sueño, ansiedad, miedo.
Ocurrió en nuestro país. Y esta fue la empática respuesta que recibieron, tanto niños como padres. Ojalá nunca hubiese sucedido tal vergüenza. Y ojalá no se repita jamás.
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