🪡🧵LA MENSTRUACIÓN Y LA IDEA DE LA MUJER VENENOSA EN LA CRISTIANDAD MEDIEVAL🧵🪡
(Paciencia, que lo voy haciendo a cachitos y es mi primer hilo)
A la hora de acercarnos a la menstruación, hemos de partir del hecho de que esta ha sido un tabú que ha estado presente en la gran mayoría de culturas, no siendo este contexto un caso excepcional. Este fluido ha sido tradicionalmente percibido como algo impuro, contaminante, y
peligroso; contribuyendo en gran medida a la subordinación femenina en distintas épocas y culturas.
Por ello, para comprender mejor la visión medieval de este proceso fisiológico, resulta interesante acercarnos un poco a los conceptos de tabú e impureza.
Tenemos que tener en cuenta que la distinción entre lo puro y lo impuro siempre está condicionada culturalmente. La pureza no deja así de ser una forma de clasificar y jerarquizar socialmente espacios, rituales y conductas de personas, dando a estas un lugar asignado.
Lo que es adecuado o bueno es puro, mientas que lo que no lo está es sucio e impuro. Además, toda esta idea es también asimilada por los miembros de un grupo, que también pasan a determinar lo que es o no adecuado o puro, y situando todo lo que no lo es fuera de la norma.
Además, las ideas de contaminación e impureza que rodean al tabú menstrual están también asociadas a una regulación tanto de la sexualidad como de la propia fecundidad femenina por parte de una jerarquía que establecían los varones de la comunidad,
que parten de los procesos fisiológicos del cuerpo a la hora de establecer un orden tanto sexual como simbólico a la hora de reproducir relaciones sociales diferenciadas entre hombres y mujeres.
Pues bien, es precisamente esta idea de pureza androcentrica
,vinculada en este caso con los fluidos menstruales y su rechazo, una de las causantes de la asimetría de género en el contexto medieval, situándose en él a las mujeres como personajes de segunda en base a su impureza fruto del ciclo menstrual.
Sin embargo, no pensemos que esto es algo propio y exclusivo del ciclo menstrual, ya que en todas las sociedades no solo el cuerpo tiene una notable carga social, sino también los distintos fluidos que se producen en él.
Esto es algo que se ve claramente en la propia concepción cristiana medieval del cuerpo, concebido como una especie de recipiente cerrado.
El cuerpo no habría de derramar ninguna sustancia, por lo que, en caso de derramar algún fluido de manera involuntaria, esto se veía como
una anomalía y como algo que, en el caso del cuerpo femenino, hacía de él un cuerpo débil e imperfecto en tanto a ser percibido como un cuerpo poroso carente de control.
Declaraciones como esta de San Isidro de Sevilla (inspirada a su vez por las palabras de Plinio el Viejo) son un claro ejemplo de cómo a lo largo de la Edad Media la menstruación, uno de los principales elementos de diferenciación sexual, contaría con una visión muy negativa.
A su vez, esta elaboración de un discurso negativo en torno a la menstruación en el mundo occidental (de la cual no nos hemos conseguido librar aún del todo) habría aunado en gran medida una doble tracción:
- Una derivada del mundo grecolatino
- Otra transmitida a través del pensamiento judeo-cristiano.
En este caso además, vemos cómo resulta muy interesante y esclarecedor el acudir a algunos pasajes del Levítico
(Lo que viene siendo ni con un palo, vamos)
((Mañana después de trabajar continuó con el hilo, puesto que hasta este punto está aún incompleto))
En este sentido, a la hora de analizar la creación de un tabú en torno a la menstruación, con un simbolismo marcadamente negativo, hay que destacar el notable papel de los discursos tanto teológicos como filosóficos y médicos en base a su gran importancia como +
instituciones de poder y conocimiento en este contexto. Además, como hemos visto en el texto del Levítico de arriba ⏏️la religión cuenta con una notable influencia y poder en todo lo relativo al control social, condicionando en gran medida esa asociación+
de la menstruación femenina con la impureza.
También hemos de tener en cuenta que las distintas religiones, así como las recomendaciones y preceptos que estás establecían (con gran influencia, además) buscaban dar un sentido sagrado a las acciones terrenales para vincularlas
con la divinidad, dotándolas así de una notable carga simbólica.
Pues bien, para conseguir ese propósito los conceptos de pureza e impureza (siendo esta una violación de lo sagrado) son MUY importantes, ya que son una magnífica herramienta para trazar +
los límites terrenales entre el bien y el mal, condenando así determinadas acciones dentro de una comunidad.
En esa dualidad entre lo puro y lo impuro/contaminado, el cuerpo era un destacado factor a tener en cuenta, puesto que este podía ser por distintos motivos una fuente de contaminación.
Las secreciones de los cuerpos suponían una fuente de profanación, pudiendo ser motivo de +
exclusión del templo para religiones del Libro como la judaica y la cristiana, como hemos visto arriba.
Es por ese motivo por el que, para evitar los posibles efectos dañinos que esta pudiese generar en la comunidad, se establecen normas y preceptos rituales para purificarse +
y evitar la contaminación tanto del marido como del resto de miembros de la comunidad, creándose así un notable sistema simbólico que protegía el orden social y reforzaba las relaciones desiguales.
En el caso del cristianismo lo podemos ver claramente a través del rechazo a la celebración eucarística por parte de las menstruantes, si bien es verdad que este tipo de restricciones tuvieron un peso menor que en el caso de la Iglesia Oriental.
En el contexto de la Iglesia occidental hay varios ejemplos que revelan ese rechazo, si bien este no siempre era algo frontal ni unívoco.
Un ejemplo lo podemos ver en las teorías como las del papa Gregorio Magno que, si no prohibía a esas mujeres el acceso a la Iglesia, +
+si parece que, puestos a preferir... pues oye, mejor en casita.
Este proceso fisiológico, además de tabú religioso, habría contado también con una carga negativa desde la perspectiva médica, que lo consideraba algo igualmente peligroso para su entorno, en este caso por la gran cantidad de residuos que se creéia que contenía ese humor.
Las mujeres, a diferencia de los hombres, eran consideradas incapaces de expulsar esas sustancias nocivas a través del sudor, de modo que la naturaleza tenía que servirse de la menstruación para eliminarlas.
Más allá también de su papel reproductivo (ya que se creía que permitía nutrir al embrión durante el embarazo tras el cierre del cuello de la matriz femenina) la menstruación se reducía a un simple mecanismo de expurgación destinado a eliminar +
aquellos fluidos que, debido a la creencia de la mayor frialdad del cuerpo femenino, se creía que esta no podía transformar.
Además, es muy curioso ver creencias como la de que este mecanismo era algo que no estaba presente en el resto de animales, generando además diversas +
hipótesis a fin de explicarla, siendo además verdaderamente sorprendentes.
A la hora de explicar el por qué de esa supuesta exclusividad de las hembras humanas en lo relativo a la menstruación vemos cómo, con distintos matices, todas las teorías seguían una explicación similar.
De este modo, se planteaba por ejemplo que las hembras animales, al llevar una actividad física mucho más intensa, alcanzaban un mayor valor corporal y consumían sus superfluidades sin necesitar de la menstruación como mecanismo para purgarse.
A esta se sumaría otra explicación, también muy extendida, que afirmaba que los animales carecían tanto se menstruación como de sudor, dado que sus residuos derivaban en la generación de otro tipo de marcas en su cuerpo tales como cuernos, garras, escamas o pelaje.
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