Antonio Moreno Profile picture
Periodista. Iglesia Católica. Málaga (España). Hilo hilos en #LaCajadelosHilos

Dec 24, 2024, 14 tweets

De todas las representaciones del nacimiento de Jesús en la historia del arte, una de mis favoritas es esta en la que aparece el niño Jesús amortajado, en un ataúd, y que es obra de un santo pintor. Te lo explico en un hilo... #FelicesPascuas

El autor es San Andréi Rubliov (también lo verás escrito como Rublev), un religioso cuya fiesta se celebra en la Iglesia Ortodoxa el 4 de julio y que vivió entre 1360 y 1430.

La obra pertenece al iconostasio principal de la Catedral de la Anunciación de Moscú que forma parte del conjunto del Kremlim.

La imagen está llena de simbolismo y pretende explicar al espectador los misterios más importantes del cristianismo. Podría decirse que es una síntesis del mismo que trata de transmitir la fe a quien lo ve. No es arte para contemplar es arte para creer. ¿Y si hoy te toca a ti?

Desde el cielo vemos surgir un rayo divino que se divide en tres. Y es que quien nace esta noche en Belén no es solo un niño, sino la Segunda Persona de la Santísima Trinidad: Dios mismo hecho hombre. Es el misterio de la Encarnación.

Esta doble naturaleza de Jesús, divina y humana, la vemos reflejada en los dos grupos de adoradores del niño: el de los Magos que llegan a caballo (representando a todas las naciones de la tierra) y el de los ángeles (que representan el mundo divino, el cielo)

Tres reyes y tres ángeles a la izquierda y, a la derecha, un tercer grupo (de nuevo referencia trinitaria) de ángeles. Uno de ellos se agacha para dirigirse a los pastores, abajo en la tierra, y anunciarles la gran noticia: “Dios se ha hecho uno de vosotros”.

Abajo, a la izquierda, vemos a un abatido San José siendo tentado por el demonio que se presenta en forma de pastor. Todos podemos vernos representados en la duda de José cuando nos falta la fe. ¿Y si todo esto de la Navidad fuera solo un cuento?

A la derecha, dos comadronas están preparando el primer baño del niño. Pero no es una bañera normal, sino una pila bautismal, en clara referencia al sacramento. Las negras aguas simbolizan la muerte eterna de la que nos libra el bautismo.

Es el mismo color negro de la cueva en la que está Jesús. Él es el que, muriendo, vencerá a la muerte. Por eso (volvemos al inicio del hilo) aparece en un sepulcro y envuelto, en vez de “en pañales”, en un sudario. ¡Este es el sentido trascendental y nada bucólico de la Navidad!

Si te fijas, el niño está saliéndose de esa fúnebre cuna. ¡Está resucitando! El icono nos explica por qué también en Navidad nos felicitamos “las Pascuas”. Y es que, ambas, esta y la de Resurrección, son las dos caras de una misma moneda: El misterio de Dios que nos salva.

Y en el centro de la composición: María. Pese a su gran tamaño respecto al resto de personajes y a su posición central, Rublev consigue no hacer de ella la protagonista del icono. Y es que María, por muy grande que sea su figura, no es la autora de la redención, sino su hijo.

El manto rojo sobre el que se recuesta representa el martirio, su propio sacrificio. De espaldas al niño y en actitud pensativa, parece estar guardando “todas estas cosas y meditándolas en su corazón”, tal y como nos explica San Lucas en su evangelio de la Natividad.

Y es que María sabía por dónde tenía que pasar su niño para salvar a la humanidad. ¿Y si en realidad este icono no fuera sino la representación de ese instante en el pensamiento de María? Ahí te lo dejo para que lo pienses tú también y lo medites en tu corazón. ¡Felices Pascuas!

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