Interesantísimo este artículo:
«[L]a destrucción provocada por la Segunda Guerra Mundial es fundamental para entender el europeísmo, pero si sólo nos atenemos a este marco general no dejamos de estar ante otra mistificación para embellecerlo como supuesto
𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘱𝘢𝘻. Lo cierto es que antes de que se produjera la 𝘋𝘦𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘚𝘤𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯 de 1950 y se acordara la Comunidad Europea del Carbón y el Acero en 1951, celebrados como actos fundacionales de la UE, una serie de decisiones y procesos fundamntales
ya se habían tomado y estaban en marcha. La reconfiguración de la dinámica económica entre Estados Unidos y Europa con el Plan Marshall, la negativa estadounidense a una Alemania unificada, neutral y desmilitarizada y la consiguiente Guerra Fría, así como la formación
de la OTAN en 1949, conforman el verdadero marco político concreto que precede y en que se incuba el proyecto europeísta. Es decir, 𝗹𝗮 𝗵𝗲𝗴𝗲𝗺𝗼𝗻í𝗮 𝘆𝗮𝗻𝗾𝘂𝗶 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗳𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗺𝗶𝘀𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝘂𝗿𝗼𝗽𝗲í𝘀𝗺𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘅𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻𝘁𝗲. […]
Este conjunto de circunstancias permitió que durante unas décadas 𝗲𝗹 𝗶𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘆𝗮𝗻𝗾𝘂𝗶 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗿𝘁𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗰𝗮𝗽𝗶𝘁𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗶𝗮𝗹, alrededor del cual se cohesionaron los viejos imperios europeos. [...]
Europa se convirtió en el foco prioritario de esta actividad de gran alcance estratégico por parte del imperialismo yanqui. Principal área industrial del globo, aparte de las superpotencias enfrentadas, y con poderosos movimientos obreros, su decantación por cualquiera de los
bandos decidiría el destino de la Guerra Fría. [...] Por otro lado, Estados Unidos tomó el relevo geopolítico e intelectual del anterior poder hegemónico, el imperio británico. Auténtica 𝘧𝘢𝘴𝘦 𝘴𝘶𝘱𝘦𝘳𝘪𝘰𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘪𝘮𝘱𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭𝘪𝘴𝘮𝘰 anglosajón,
los estrategas estadounidenses desarrollaron las teorías del 𝘩𝘦𝘢𝘳𝘵𝘭𝘢𝘯𝘥 pergeñadas por los padres británicos de la 𝗴𝗲𝗼𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮, adoptando su misma 𝗴𝗿𝗮𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲𝗴𝗶𝗮, pero dotada de un carácter aun más global e intervencionista.
El concepto siguió siendo esencialmente el mismo: 𝗲𝘃𝗶𝘁𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗲𝗺𝗲𝗿𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝗮𝗿𝘁𝗶𝗰𝘂𝗹𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗘𝘂𝗿𝗮𝘀𝗶𝗮, con la potencialidad de movilizar coordinadamente los enormes recursos de la principal masa continental del planeta,
es la 𝗽𝗿𝗲𝗺𝗶𝘀𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗵𝗲𝗴𝗲𝗺𝗼𝗻í𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗯𝗮𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝙞𝙨𝙡𝙖𝙨 𝙚𝙭𝙩𝙚𝙧𝙞𝙤𝙧𝙚𝙨.»
Abriendo un pequeño paréntesis, recomiendo encarecidamente, para comprender
introductoriamente a los tres autores clásicos de la geopolítica (Mahan, Mackinder y Spykman), estos dos podcast de Global Strategy al respecto, como síntesis de sus doctrinas y sus diferencias:
- Mahan: go.ivoox.com/rf/120447959
- Mackinder y Spykman: go.ivoox.com/rf/120473725
«La aplicación de este concepto estratégico 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗘𝘂𝗿𝗼𝗽𝗮 no se despegó un milímetro de las inquietudes que movían a Mackinder a principios de siglo: 𝗲𝘃𝗶𝘁𝗮𝗿 𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗮 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗮 𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗔𝗹𝗲𝗺𝗮𝗻𝗶𝗮 𝘆 𝗥𝘂𝘀𝗶𝗮.
La cooperación entre estas dos potencias, que integrara el tecnológico e intensivo capital alemán con la masa y los recursos rusos, sentando la base de ese poder euroasiático, ha sido siempre la pesadilla de los estrategas anglosajones. Ahí ha estado siempre la posibilidad de una
autonomía estratégica europea. Ésa es la razón geopolítica que llevó al rechazo de una Alemania neutral y sin tropas extranjeras, que en el contexto de 1945 los estadounidenses temían que pudiera girar demasiado hacia la izquierda, llevando naturalmente a posiciones amistosas
hacia la URSS. […] 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗶𝗻𝘁𝗲𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝙘𝙤𝙣𝙘𝙞𝙚𝙧𝙩𝙤 𝙚𝙪𝙧𝙤𝙥𝙚𝙤 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗔𝗹𝗲𝗺𝗮𝗻𝗶𝗮 𝗿𝗲𝗺𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮𝗿𝗶𝘇𝗮𝗱𝗮 y con su aparato nazi apenas blanqueado en la década de 1950, promovida principalmente por Estados Unidos, servía no sólo como
primera línea militar contra el bloque soviético, sino también a los motivos de 𝗱𝗶𝘀𝗰𝗶𝗽𝗹𝗶𝗻𝗮𝗿 𝗮𝗹 𝗿𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗯𝘂𝗿𝗴𝘂𝗲𝘀í𝗮𝘀 𝗲𝘂𝗿𝗼𝗽𝗲𝗮𝘀, que ahora tenían otra buena razón para preferir la permanencia de la máquina militar yanqui en el continente
como mal menor ante la certidumbre de un reinicio de la competencia bélica inter-estatal y la perspectiva de otra hegemonía germana. […]
𝗘𝗹 𝗮𝘁𝗹𝗮𝗻𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘀ó𝗹𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗮𝗹𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗱𝗲 𝗽𝗼𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗮𝗹 𝘃𝗶𝗲𝗷𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗶𝗹𝗼, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹, con centro en Washington, pero que, a diferencia de la UE, sí ha
conseguido integrar en una estructura operativa coherente (de la que precisamente la UE es sólo un organismo más dentro de un sistema de organizaciones más amplio) a sectores decisivos de las burguesías de la orilla oriental del Atlántico Norte. […] Desde el punto de vista de
los objetivos maximalistas de Washington, 𝗥𝘂𝘀𝗶𝗮, no sin problemas y pagando un enorme precio, 𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗰𝗮𝗽𝗮𝘇 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝘀𝗶𝘀𝘁𝗶𝗿 𝗲𝗹 𝗲𝗺𝗯𝗮𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗽𝗿𝗼𝘅𝘆 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗢𝗧𝗔𝗡, 𝗱𝗲𝗺𝗼𝘀𝘁𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀 𝘂𝗻
𝗴𝗿𝗮𝗻 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝗶𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮 que puede castigar severamente a los vecinos que tomen un rumbo decididamente hostil contra ella, por más aliento que puedan recibir desde el Atlántico Norte […]
en cuanto al programa mínimo de establecer una 𝗰𝘂ñ𝗮 𝗱𝗲 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗵𝗼𝘀𝘁𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝗨𝗘 𝘆 𝗥𝘂𝘀𝗶𝗮 𝗲𝗹 é𝘅𝗶𝘁𝗼 𝗮𝘁𝗹𝗮𝗻𝘁𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿. Se han debilitado enormemente los vínculos económicos entre Alemania y Rusia
y las más bajas pulsiones del supremacismo rusofóbico europeo se han activado sanguinariamente […] 𝗻𝗮𝗱𝗮 𝗵𝗮𝘆 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝗧𝗿𝘂𝗺𝗽 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂𝗴𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗿𝘂𝗽𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗮 𝗹𝗮 𝗴𝗲𝗼𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹 𝗱𝗲
𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗨𝗻𝗶𝗱𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗘𝘂𝗿𝗼𝗽𝗮. 𝗧𝗮𝗺𝗽𝗼𝗰𝗼 𝗵𝗮𝘆 𝗻𝗮𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝘂𝗿𝗼𝗽𝗲í𝘀𝘁𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝗶𝗴𝗮. La exigencia de mayor gasto militar europeo es una constante desde la época Obama y el 𝘗𝘪𝘷𝘰𝘵 𝘵𝘰 𝘈𝘴𝘪𝘢:
el decreciente poder relativo estadounidense requiere un trasvase de fuerzas frente a China que correlativamente exige un mayor protagonismo del flanco europeo del atlantismo en el enfrentamiento con Rusia. […]
La actual 𝗰𝗿𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝘃𝗶𝘃𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘀𝗲𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲 𝗮𝘁𝗹𝗮𝗻𝘁𝗶𝘀𝘁𝗮 no se explica por una ruptura entre Estados Unidos y la UE.
La crisis 𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝗿𝗮í𝘇 𝗲𝘀, 𝗲𝗻 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹 𝘆 𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮 𝘆 𝘀ó𝗹𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗮𝗵í 𝗮𝗹𝗰𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗻𝗰𝗲𝘀 𝗿𝗮𝗺𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗴𝗲𝗼𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮𝘀. En realidad es la crisis del modelo de acumulación instaurado durante la
unipolaridad. Es una crisis que se arrastra ya desde 2008 y que es crecientemente difícil de sostener. Es la consecuencia de la proletarización de amplios estratos medios que formaban la base sociológica del imperialismo atlantista. También es la consecuencia de la creciente
dificultad que el capital financiero occidental encuentra para campar a sus anchas por el mundo, ante la emergencia de nuevos poderes imperialistas. El malestar social interno y las demandas de una burguesía que nota cómo pierde la competencia contra unos pares que hasta hace
poco despreciaba han acabado por generar 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗳𝗿𝗮𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘀𝗲𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗲 𝗱𝗼𝗺𝗶𝗻𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘂𝗿𝗼-𝗮𝘁𝗹á𝗻𝘁𝗶𝗰𝗼.
La segunda presidencia de Trump expresa lo profundo de esta fractura y señala
que hoy el 𝗲𝗽𝗶𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗿𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗻ú𝗰𝗹𝗲𝗼 𝗶𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹. Por supuesto, sus disensiones nada tienen que ver con la paz o con la libertad.
El apoyo redoblado al genocidio en Gaza y el reinicio de los bombardeos sobre Yemen, por un lado, o el golpe de Estado en Rumanía, por el otro, son una muestra de que 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗯𝗮𝘁𝗲 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗹𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮
𝘆 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗾𝘂é 𝗳𝗿𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗲 𝘆 𝗲𝘀𝗰𝗮𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘀𝘂𝗯𝗮𝗹𝘁𝗲𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗱𝗲𝗻𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗿𝗲𝗰𝗮𝗲𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻. […]
Precisamente, el debilitamiento de Hezbolá y el derrumbe del baazismo sirio han generado las mejores condiciones en dos décadas para el ansiado ajuste de cuentas definitivo con Irán. Esta guerra, por más peligrosa que sea, ofrece unas posibilidades de éxito y un campo de expolio
más alcanzables que el sueño nihilista de aplastar a una superpotencia nuclear. No en vano, tanto Putin como Trump reconocen que Oriente Medio está siendo uno de los puntos tratados en sus conversaciones sobre Ucrania. […]
Que las vivas personificaciones del 𝘨𝘭𝘰𝘣𝘢𝘭𝘪𝘴𝘮𝘰 como Zuckerberg, Bezos o Musk se pasen a las filas del trumpismo o incluso se conviertan en ejecutores directos de sus políticas 𝘴𝘰𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 es una muestra más de lo espurio de esta contraposición [la supuesta
antítesis entre el globalismo y el supremacismo], y en general de toda teoría que trata de oponer el imperialismo al Estado-nación. 𝗟𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗽𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗲𝗻 𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘂𝗿𝗼𝗽𝗲𝗼 𝗱𝗲𝗺𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝗻 𝗹𝗮
𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱 𝗶𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝘀𝘂𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗮𝗴ó𝗻𝗶𝗰𝗼𝘀 𝘆 𝘀𝘂 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗮 𝗹𝗮 𝗴𝗿𝗮𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲𝗴𝗶𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗵𝗲𝗴𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘆𝗮𝗻𝗾𝘂𝗶. De este modo, la lógica
nacionalista del soberanismo sólo puede conducir consecuentemente a reactivar la competencia inter-estatal entre las burguesías europeas, a la lucha por no ser la víctima propiciatoria de la imposición de costes sobre el siguiente eslabón subsidiario de la cadena imperialista.
En un mundo donde las rapaces europeas cada vez ocupan un espacio menor, la posibilidad de agudización de estas luchas intestinas, en el fondo, no hace sino re-legitimar el papel del 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘱𝘢𝘥𝘳𝘦 de Washington como árbitro último del 𝘤𝘰𝘯𝘤𝘪𝘦𝘳𝘵𝘰 𝘦𝘶𝘳𝘰𝘱𝘦𝘰.
La forma en que los 𝘨𝘭𝘰𝘣𝘢𝘭𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 de Bruselas promueven este rearme, la única políticamente posible, a través de los ejércitos 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭𝘦𝘴 europeos, va en esta misma dirección, ejemplificada en la suprema ironía de que el resultado más plausible del griterío
belicista de Macron será que Francia vuelva a tener como vecino a un gran ejército alemán. Igualmente, los 𝘴𝘰𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 trumpistas europeos, demostrando que no son sino otra correa de transmisión del mismo imperialismo, legitiman perfectamente ese mismo rearme.
Lo que los globalistas de Bruselas claman como necesidad frente al 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘦𝘯𝘦𝘮𝘪𝘨𝘰 ruso, los soberanistas lo ven imprescindible frente al 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘰 𝘦𝘯𝘦𝘮𝘪𝘨𝘰 nacional de turno, que, por ejemplo, en el caso del Estado español vendrían a ser los marroquíes. […]
La pugna intestina entre facciones de la burguesía sólo evidencia la impotencia de nuestra clase, que nada tiene que ganar de la victoria de los 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘭-𝘢𝘻𝘰𝘷𝘪𝘵𝘢𝘴 sobre los 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘵𝘢𝘳𝘪𝘢𝘯𝘰𝘴-𝘯𝘢𝘵𝘪𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 o viceversa.
𝗡𝗶𝗻𝗴𝘂𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼𝗻𝗲 𝗻𝗮𝗱𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗲𝗮 𝘂𝗻 𝗲𝗺𝗽𝗲𝗼𝗿𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝘆 𝗲𝘅𝗽𝗹𝗼𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗹𝗲𝘁𝗮𝗿𝗶𝗮𝗱𝗼 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗷𝘂𝗲𝗴𝗼
𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗶𝗱𝗼. 𝗧𝗮𝗺𝗽𝗼𝗰𝗼 𝗻𝗶𝗻𝗴𝘂𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼𝗻𝗲 𝗺á𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗶𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘃í𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗿 𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗶𝗮𝗹 (insistimos en que todos están de acuerdo en que el último eslabón en la
cadena de enemigos externos, tras Rusia o Irán, es China). Guerra y fascismo o fascismo y guerra, tales son las opciones en el menú y el riguroso orden de los platos. Que las temerarias maniobras belicistas de los atlantistas europeos hagan necesario poner en primer plano en este
momento la denuncia del engendro europeísta no debe llevar a los proletarios conscientes a transigir con sus supuestos rivales 𝘴𝘰𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴. De hecho, el europeísmo, versión regional de esa gran 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘱𝘪𝘳𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘨𝘭𝘰𝘣𝘢𝘭𝘪𝘴𝘵𝘢, aunque es una amenaza desde
el punto de vista de la gran lucha de clases por su capacidad para detonar inmediatamente una guerra mundial, tiene ya escaso prestigio entre la vanguardia. […] En un mundo que se sume en la barbarie a un ritmo vertiginoso es más necesaria que nunca una alternativa proletaria
independiente, por definición, revolucionaria e internacionalista. Si 𝗮 𝗻𝗶𝘃𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗮𝗴𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝘀 𝘂𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘀𝗲ñ𝗮𝗹𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗽𝗲𝗹𝗶𝗴𝗿𝗼 𝗶𝗻𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂𝗽𝗼𝗻𝗲 𝗲𝗹 𝗺𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝗻𝗴𝗲𝗻𝗱𝗿𝗼 𝗮𝘁𝗹𝗮𝗻𝘁𝗶𝘀𝘁𝗮
𝗲𝘂𝗿𝗼𝗽𝗲𝗼, 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗮𝗴𝗮𝗻𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘀𝗲𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗮𝗻𝗴𝘂𝗮𝗿𝗱𝗶𝗮 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝘀𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗿𝗲𝗱𝗼𝗯𝗹𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗹𝘂𝗰𝗵𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗻𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗲𝗷𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀
𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀 𝘆 𝗹𝗮 𝗵𝗲𝗴𝗲𝗺𝗼𝗻í𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹-𝗰𝗵𝗼𝘃𝗶𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼. Desde el punto de vista político, en una época de agudización de las contradicciones inter-imperialistas y de ofensiva reaccionaria en toda la línea, cuando la propia burguesía en sus
debates es incapaz de separar los asuntos domésticos de las cuestiones internacionales, la vanguardia marxista-leninista debe prestar especial atención a esta dimensión.
Y no hablamos sólo desde el punto de vista teórico o del análisis de la realidad, sino de la oportunidad política de 𝘁𝗲𝗷𝗲𝗿 𝗿𝗲𝗱𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗼𝗿𝗱𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘆 𝘀𝗼𝗹𝗶𝗱𝗮𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘀𝗲𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗮𝗻𝗴𝘂𝗮𝗿𝗱𝗶𝗮.
Estas redes no sólo podrían ser un buen soporte táctico para las tareas estratégicas de reconstitución ideológica universal y de reconstitución del Partido Comunista en cada lugar, sino que, en una época en que la barbarie imperialista pone la guerra y el genocidio en el
orden del día, podrían ser una garantía para la pervivencia de la vanguardia marxista-leninista y del horizonte de la Reconstitución.»
El artículo completo, totalmente recomendado, se puede leer aquí 👇
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