A lo largo de las últimas semanas ha existido un acalorado debate alrededor de cuales son las tareas de los comunistas en la etapa prepartidaria.
Ante las tentaciones adanistas, nos remitimos al pasado para ver el trabajo que dio lugar al POSDR y a su fracción revolucionaria, los bolcheviques.
Como sabréis, la situación de Rusia en la década de 1890 es particular: por un lado, el zar gobierna autocráticamente un país cuya mayoría de la población es campesina;
por el otro, el capitalismo se desarrolla con fuerza en algunas regiones –San Petersburgo, Moscú, el Báltico, etc.– engendrando un creciente –aunque inexperto– proletariado industrial.
La sección revolucionaria del P.O.S.D.R. encuentra sus raíces en la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, fundada por Lenin y Martov –entre otros– en 1895 en San Petersburgo, capital del Imperio.
Buena parte de las innovaciones de la Unión de Lucha se dieron como consecuencia del análisis de la huelga de 1894, espontánea, economicista en su planteamiento y fracasada en su desenlace.
Pero lo primero que hemos de entender es que los socialdemócratas revolucionarios comprendían que la conciencia socialista venía desde fuera –de la espontaneidad del movimiento obrero–
y que de lo que se trataba no era de dar rienda suelta a las luchas económicas –p. ej. mejores salarios– sino convertirlas en lucha política –por la destrucción del zarismo, etc.–.
Así, la unidad «de base» era la célula fabril, compuesta por lo general por obreros avanzados –políticamente conscientes y activos– y por elementos externos –generalmente intelectuales u otros obreros conscientes desplazados ad hoc–.
Esta célula era la encargada de relacionarse con el resto de obreros del centro de trabajo y, de forma secundaria, con la vida diaria de la localidad en la que se establecían. Para los primeros hacía agitación y propaganda en forma de panfletos,
discursos, distribuyendo los textos partidistas, etc.; y también de guía en las situaciones de agudización del conflicto –p. ej. aprovechar una huelga económica para imprimirla de un carácter político, aleccionando al resto de obreros.
Pero es muy importante subrayar aquí varias cuestiones: que la célula fuera en base al puesto de trabajo no significa que se limitara al puesto de trabajo, y la mayoría de su actividad era política, que no económica.
Esto es algo en lo que la mayoría de instructores soviéticos de la Komintern, particularmente los veteranos del periodo «primigenio» del bolchevismo, hacían bastante hincapié. Aquí en palabras de Piátniski:
Y no es para menos. La célula en base al puesto de trabajo –que no se limita necesariamente a la misma fábrica o taller– asegura unas condiciones de vida y conflictos equivalentes para todos sus componentes, cosa que facilita su cohesión.
A su vez, y aunque la mayoría de la actividad de la célula se diera fuera del puesto de trabajo a razón de la represión, la organización de este tipo posibilitó una cohesión y articulación capaz de sobrevivir a la represión.
Es decir, la fábrica no va a cerrar por más que se incremente la represión –no por lo general–, y una organización erigida desde ella permite entrar en contacto con el proletariado en unas condiciones óptimas:
desde el punto en el que se articula la principal contradicción capitalista, asegurándose la efectividad agitativa y propagandística dadas las condiciones de vida similares, y asegurándose una amplísima red de contactos.
Paralelamente, la célula dedicaba buena parte de su actividad a la formación de sus miembros. Shapovalov incide en que la formación que se ofrecía a los obreros era avanzada, con formaciones sobre «El Capital»,
obra escasamente leída por el obrero occidental. Este hecho, la formación teórica compleja, era común a todo el ala revolucionaria del P.O.S.D.R., y es algo que Lenin subrayó hasta el hartazgo en el «¿Qué hacer»?
En función de sus capacidades, la célula también se dedicaba a profesionalizar a sus miembros en los aspectos más «técnicos», a menudo de forma intuitiva dada la represión. El subterfugio, la falsificación,
la oratoria clara y concisa, la capacidad de traducir ideas complejas en eslóganes asequibles, etc. Y las necesidades técnicas impuestas por el momento histórico –como crear una imprenta– eran suplidas
por una combinación de conocimiento técnico –recordemos que la base de la organización eran proletarios fabriles políticamente conscientes– y la imaginación y la pericia.
A su vez, la célula alimentaba al centro con la información necesaria para realizar una lectura política apropiada del contexto histórico. Si bien se hacía de forma críptica, mayoritariamente en forma de cartas o «artículos periodísticos»,
las células de partido de base nutrían a la dirección con toda la información necesaria para tomar decisiones políticas acertadas, y el grueso de esta información no era otra cosa que el conocimiento del «estado de ánimo de las masas».
Del mismo modo, la información descendía de forma esporádica y por lo general en base a la prensa partidaria. Los revolucionarios de cada célula eran los encargados de traducir las consignas generales a su contexto concreto,
creándose aquí una relación de «retroalimentación»: la correcta aplicación de los principios generales solo era posible por y a la vez incitaba la profesionalización y elevación teórica de sus miembros.
De forma general nos han sido muy útiles «De la historia de la lucha de los partidos políticos» de Spirin y «El movimiento obrero de Rusia a finales del siglo XIX y principios del XX», de Gorinov. Ninguna está traducida del ruso –que sepamos–, pero el traductor hace maravillas.
Veámoslo con un ejemplo: la fundación de la célula de Bakú, concretamente la de la Refinería Rothschild. En primavera de 1903, Iskra, a instancias del comité bolchevique de Bakú, envía un organizador ruso a la refinería, en la que se conoce la actividad de seis obreros avanzados.
Tras unas semanas de trabajo en la fábrica y de observación, el organizador arregla una reunión clandestina con los obreros en un piso franco. Hecho el juramento de secretismo y dadas las instrucciones generales –agitar, propagandizar, contactar con otros obreros conscientes–
el agitador desaparece –a finales de verano– y los obreros se ponen manos a la obra. Para principios de 1904, la célula de la Rotschild es robusta, y sobrevivirá a las oleadas huelguísticas de 1905.
Stalin, que será enviado a inicios de 1904 a Bakú en calidad de coordinador y organizador de la región, habla de ella –sin mencionarla– en su «El movimiento huelguístico de Bakú».
Es decir, que la organización celular en base al puesto de trabajo posibilitó y permitió a los futuros bolcheviques entender las necesidades e inquietudes del proletariado. Pero no solo eso,
sino que el contacto constante con las amplias masas dio a los bolcheviques un conocimiento enciclopédico sobre el tejido productivo y social del imperio, sobre las condiciones materiales del proletariado y sobre el proceso productivo.
Este método organizativo, fundamentalmente clandestino, basado en la distribución férrea del trabajo y de las responsabilidades políticas, construido en base a la disciplina de los obreros más comprometidos,
sirvió como elemento cohesionador para el ala revolucionaria del P.O.S.D.R. Los futuros bolcheviques, incluso antes de su ruptura definitiva en el Congreso de Praga de 1912 y especialmente después del periodo de 1905,
actuaban ya como una estructura altamente centralizada y profesionalizada, consolidando fuertes centros de poder en Bakú, Moscú, San Petersburgo, la cuenca del Don, Minsk, Ivánovo-Vozneziensk y los Urales.
Y es que durante buena parte de su historia el P.O.S.D.R. tenía un nivel de cohesión similar o inferior al que hoy podría tener «la izquierda extraparlamentaria» española en general.
Finalmente, y a modo de cierre, la publicación del «¿Qué hacer?» suscitó críticas viscerales por parte de los más distinguidos socialdemócratas europeos, destacándose particularmente Luxemburgo:
Stalin polemiza con los críticos de Lenin en su «Brevemente sobre las discrepancias del Partido». Es un texto corto y extremadamente simple, pero claro y representativo de la opinión del bolchevique promedio.
Para un análisis de como trasladar algunas de estas enseñanzas al presente, os remitimos al hilo de @proletariat_org. Saludos comunistas.
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