Ante lo confusa que pueda resultar a simple vista esta situación y debido al silencio mayoritario entorno a la cuestión por parte del MCE, algunas aclaraciones sobre el acuerdo con Mercosur ya que tiene más importancia de la que se le está dando:
Empecemos por el principio: el Mercosur es un bloque comercial compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay que define su propósito del siguiente modo:
O, lo que es lo mismo, fortalecer la proyección económica externa de las burguesías de los países que lo conforman –pero especialmente las de Brasil y Argentina–.
Tanto Brasil como Argentina dependen en buena medida de sus exportaciones de productos agroalimentarios, como podréis observar en las tablas siguientes:
Podréis observar que en ambos casos predominan los cultivos y la ganadería extensivos –soja, maíz, azúcar, carne de bovino, etc.– ; tipo de producción agroalimentaria difícilmente replicable en España.
Esto se debe a factores climáticos y geográficos –el terreno de España es de los más accidentados de Europa–, pero también juega un papel relevante la fisonomía y la evolución del campo español. A esto volveremos en unos pocos tuits.
Dicho esto, el acuerdo con Mercosur consiste en lo que sigue: los países miembros colocan sus productos agroalimentarios libres de aranceles en el mercado europeo, y los países europeos hacen lo propio con otros productos.
En el caso de España, tal y como podréis ver en los siguientes gráficos, con maquinaria industrial –medios de producción–, vehículos de motor, fármacos y componentes electrónicos complejos.
Y es que aquí está la «primera trampa»: España no es ni un país de pequeños productores ni un país agrícola. El motor económico de España son el capital financiero y la industria tecnificada.
Y para la burguesía española –y del resto de Europa–, la aplicación de un acuerdo de libre comercio para colocar susmercancías industriales sería altamente beneficioso, tal y como demuestran las necesidades mercantiles de los países de Mercosur.
Hablemos ahora de las implicaciones de Mercosur para el campo español. Pero antes hemos de entender qué es y cómo funciona el campo español «a grandes rasgos». Lo primero que hay que decir es que la producción agroalimentaria opera ya de forma plenamente capitalista.
Es por ello que carece de sentido hablar de «campesinos» en su sentido clásico, siendo mucho más ajustado el término «pequeño-burgués». Sobre esto hablamos hace dos años:
Pero esto no quita que el campo español esté plagado de «pequeñas» unidades productivas que emplean poca mano de obra y que están altamente tecnificadas. Aquí algunos datos:
Sea como sea, y salvando algunos productos nacionales que sí recibirían protección arancelaria -como el aceite de oliva, el vino, el jamón serrano y algunas variedades de queso–, el acuerdo con Mercosur supondría la desaparición de muchas pequeñas explotaciones.
Es decir, la desaparición de una parte ostensible de pequeñoburgueses, cuyas unidades productivas serán absorbidas por los grandes capitalistas agrícolas o desaparecerán.
En su campaña contra Mercosur, los pequeños productores aluden a la competencia desleal de los productos latinoamericanos, así como a la seguridad alimenticia.
Ciertamente, las restricciones y controles sanitarios que aplican en Europa no existen en los países del Mercosur. Pero cualquier productoalimentario que provenga del extranjero ha de cumplir los requisitos sanitarios europeos.
Cosa distinta es que en la selección del producto predominen las variedades de cultivo que soporten mejor el transporte a larga distancia, cosa que, junto con el transporte en sí, suele empeorar las propiedades organolépticas del producto –sabor, olor, etc.–.
La pequeña propiedad nacional no puede competir contra la gran propiedad internacional –incluyendo la española–. Es exactamente el mismo proceso que ocurrió con los pequeños talleres industriales entre las décadas de 1980 y del 2000.
Así, volvemos al tuit original. La pequeña burguesía agrícola se repliega políticamente, y la defensa del producto nacional lleva irremediablemente al discurso reaccionario.
No es de extrañar que VOX obtenga buenos resultados en los sectores agrícolas, pues es el partido que mejor recoge sus intereses –al menos nominalmente–.
El PSOE es el partido de la razón de Estado, el garante de la normalidad burguesa, el caballo de batalla del orden social. No es de extrañar que, como representante actual de la gran burguesía, promueva los intereses de sus sectores predominantes.
Y Podemos es también un partido pequeñoburgués, en carácter y en contenido; solo que representa a una pequeña burguesía urbana, así como a determinados sectores del funcionariado y de la intelectualidad. No es de extrañar que intente ganarse el favor del campo.
Ninguno de los actores implicados defiende los intereses del proletariado nacional o internacional. Pero la destrucción de la pequeña propiedad y su suplantación por la gran propiedad engendra nuevas remesas de proletarios. Esta tendencia es inescapable,
y es el punto fundamental del que todo comunista debe participar para analizar esta situación. Porque el comunista debe estar dondequiera que haya proletarios.
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