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Lo de la Batalla de Krasni Bor es una de las mayores falsedades propagandísticas jamás creadas por el fascismo español, una que sería alimentada durante la Guerra Fría con la connivencia de las potencias occidentales. Veamos el porqué.

Lo primero que hemos de entender es que la «Batalla de Krasni Bor» no fue más que una escaramuza que se inscribe en la Operación Estrella Polar, una ofensiva soviética destinada a romper con el cerco de Leningrado.

La 250ª División de Infantería de la Wehrmacht, es decir, la División Azul, estaba contribuyendo activamente a matar de hambre y frío a 3,2 millones de personas, 400.000 de las cuales eran niños. A lo largo del asedio morirían 1 millón de personas.

Luego, la División Azul no «detuvo el avance soviético» por sí sola. La escaramuza en Krasni Bor duró tres días –del 10 al 13 de febrero de 1943–, pero la Operación Estrella Polar duró un mes y medio –hasta el 1 de abril de 1943–.

La Operación en general logró ganar terreno, pero fracasó en su objetivo de romper el cerco de Leningrado. La fallida se explica por diversas razones, siendo la principal que, en 1943, el foco de las operaciones soviéticas estaba al sur del país.

El 2 de febrero del mismo año las fuerzas soviéticas liberaban Stalingrado –con una ratio de bajas favorable, por cierto– e iniciaban una serie de ofensivas que harían retroceder a los alemanes hasta más allá del Dniéper.

Este era el «show principal» en 1943: explotar la fallida del 6º Ejército Alemán y contraatacar con fuerza en Ucrania, una de las Repúblicas más castigadas por la ocupación fascista.

La segunda razón que explica el fracaso de la Operación Estrella Polar es la transformación gradual por la que el Ejército Soviético pasaba en aquel momento tanto a nivel doctrinal como material. La «apisonadora» no había sido perfeccionada.

Pero volvamos a Krasni Bor. El segundo mito es que los españoles –fascistas, por cierto– aguantaron solos. No es cierto. Aunque durante la madrugada del 10 de febrero el saliente estaba guardado solo por españoles,

los alemanes no escatimaron enviando refuerzos al saliente. Para las 12:00 del día 10, los españoles habían perdido las principales posiciones defensivas y se replegaban a la aldea cercana, siendo que algunas compañías habían quedado pulverizadas a la mitad.

Desde las 16:30 del primer día, los alemanes enviaron, por mencionar algunas de las fuerzas participantes: un contingente blindado de la 212ª División de Infantería, dos compañías de la Legión Flamenca, dos compañías de la Legión Letona,

elementos concretos de la 215ª División de Infantería y hasta 10 cazacarros StuG III incorporados en dos batallones independientes de cañones de asalto.

Y todo ello sin contar, claro, con los 3.000 hombres de la 4ª SS-Polizei-Panzergrenadier-Division, con excelente equipamiento y holgada experiencia.

El número de participantes totales por parte del Eje es desconocido, pero los «4.900» miembros de la División Azul contaron con, por lo menos, con 3.000 hombres más al inicio del asalto,

y con refuerzos que podrían hacer ascender la cifra fascista total a los 15.000 hombres implicados. Los soviéticos, por su parte, atacaron con 33.000 hombres y 30 tanques tras un bombardeo intensivo inicial.

El 55º Ejército soviético, comandado por Vasily Popov, perdió alrededor de 13.000 hombres. Si contamos solamente los 3.600 muertos de la División Azul, hablamos de una ratio de bajas de 3,6:1, uno más que aceptable para un Ejército de Choque.

Esto, claro, sin contar las entre 1.000 y 1.200 bajas de las unidades de refuerzo, que reducen la ratio a 2,6:1, muy cercano a lo que se entiende «la media aceptable» para una fuerza atacante.

La División Azul, además, quedó virtualmente destruida tras la batalla, habiendo perdido alrededor del 70% de sus fuerzas en las primeras 48 horas, frente al 30% de desgaste soviético en la misma franja de tiempo.

Krasni Bor fue un mal comienzo para la Operación Estrella Polar, pero el fracaso del teatro se reprodujo en todos sus sectores por la falta de preparación y de recursos. La participación de los fascistas españoles fue anecdótica y en ningún caso decisiva.

Y, aunque lo hubiera sido, la gran proeza del fascismo español fue la de perpetuar la mayor matanza de civiles de la Segunda Guerra Mundial durante otro largo y penoso año.

Corregimos: el 55° Ejército estaba a las órdenes de Vladimir Petrovich Sviridov, y no de Popov.

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