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Solo existe si alguien lo ha contado antes. Lo que nunca se dijo, nunca ha pasado.

Feb 18, 14 tweets

Lo que está ocurriendo en Francia, a raíz de los hechos que terminaron con la muerte del fascista Quentin, pone sobre la mesa algo que debemos asumir y comprender si queremos avanzar: no se puede confiar en la socialdemocracia. Veamos por qué decimos esto y qué está pasando ⬇️

Empecemos por los hechos. Resulta que estos días está habiendo detenciones de antifascistas en Lyon en relación con la muerte del fascista. Resulta también que algunos de ellos han trabajado, participado o colaborado en mayor o menor medida con la Francia Insumisa. Y resulta, que

es lo sangrante de este asunto, que ayer diputados de la Francia Insumisa, así como su mayor figura pública, el cobarde Mélenchon, hicieron declaraciones públicas condenando los hechos y pidiendo que se "determine quienes son los responsables" de los mismos. A estas alturas ya

todos hemos visto y somos conscientes de como fueron estos hechos y donde está la responsabilidad de cada uno. La cuestión es que, en cuanto han visto peligrar su posición ante la campaña brutal por parte de los medios de comunicación, se han lanzado sin pudor a criminalizar

y pedir represión contra quienes durante años han sido sus compañeros y quienes en última instancia ponen el cuerpo y se la juegan por proteger el ejercicio de los derechos políticos ante la violencia fascista. Esta actitud por parte de los políticos profesionales del ala

socialdemócrata del partido del orden responde a una cuestión programática muy sencilla, una cuestión que afecta a toda formación política de izquierdas y que este caso nos sirve para señalar y advertir: La Francia Insumisa tiene una contradicción en su génesis que le impide ser

consecuente cuando el conflicto alcanza este grado. No nacen ni para destruir y superar la sociedad de clases ni para construir un poder alternativo al ya existente. Son parte necesaria en la condición de posibilidad de que exista la democracia burguesa en Francia y trabajan

activamente por la continuidad de la quinta republica, lo que entraña el propio engendro del fascismo puesto que ante el avance de la crisis a la republica, como a cualquier sistema político burgués, no le queda otra que aumentar el autoritarismo, la capacidad bélica y la

xenofobia. Estos tres factores, que son los que cobijan y amparan el crecimiento del fascismo, están dándose en todos los gobiernos europeos independientemente de su color y ninguna fuerza política que trabaje para dar continuidad a las instituciones actuales europeas ni puede ni

quiere acabar con ello. Con mayor o menor celeridad, todo el arco parlamentario que compone el partido del orden participa de esta agenda política. Sin excepciones.
Algunos de los antifascistas detenidos habían formado parte de La Jeune Garde (La Joven Guardia), y digo habían

porque el Consejo de Ministros, atendiendo a una orden de ilegalización de la organización por parte de los jueces, decretó su disolución el 12 de junio de 2025. Sin duda los camaradas franceses han actuado con honestidad y han estado donde creían que había que estar en un

momento de urgencia ante el avance de la ultraderecha, pero esta nueva traición por parte de la socialdemocracia nos recuerda que jamás, bajo ningún concepto, debemos ser la muleta radical de ningún político profesional ni creer que trabajamos en un mismo rumbo por mucho que nos

regalen el oído con verborrea sobre los derechos de los trabajadores y demás engaños habituales en ellos. Como se está viendo estos días en Francia, en cuanto vean peligrar su posición, no dudarán en pasarse a la trinchera del Estado y renegar de quienes se enfrenten a este.

Una frase que venimos diciendo desde hace años y que resume con sencillez nuestra tarea como comunistas: nosotros a lo nuestro.

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