Este soy yo hace 10 años...
¿Cómo llegué aquí? Abro hilo para contarles...
TOMÉ MUY MALAS DECISIONES!!!

Pero no es por eso por lo que vienen a este hilo, así que les dejo una muy resumida historia de lo acontecido aquí abajo...
Todo comenzó el viernes 1 de abril de 2010. Recibí una llamada de una compañía de seguros, donde me encontraba realizando el reclamo de una indemnización por robo, para darme cita el martes 5 del mismo mes para liquidar dicho reclamo (que venía arrastrando desde agosto de 2009)
En dicha llamada se me dijo que debía presentarme a las 12 del medio día en las oficinas de la compañía con una persona que era el supuesto apoderado legal de la empresa y que era únicamente él quien podría entregarme el cheque para finiquitar tan engorroso asunto.
Llegado el día le pedí a un amigo que me hiciera el favor de llevarme a las oficinas de dicha empresa, debido a que había metido a servicio mi camioneta y no tenía quién me hiciera el favor. De camino a la compañía de seguros, hablé para avisar que iba un poco retrasado de tiempo
pero que iría en la primer oportunidad. Había ido tantas veces a hacer trámites del mismo reclamo, que las personas que laboraban en dicho lugar ya me conocían. Así pues, no faltó el comentario de una de ellas en el que me informaban que la persona que me iba a atender ya estaba
en el lugar y que, además, lo acompañaban personas armadas pero vestidas de civil. A decir verdad, no le tomé la menor importancia al comentario, solamente me remití a dar las gracias y esperar a que pasaran por mí. Así pasó. Mi amigo llegó un poco más tarde de lo esperado.
Nos dirigimos al lugar y de camino le conté el peculiar comentario de la persona con la que había hablado. Se encogió de hombros y me dijo: puede ser por seguridad de ellos o tal vez algo traman. Sonreí por lo tonto que me pareció una teoría conspirativa en mi contra, pero justo
antes de llegar al lugar mi compañero señaló con el dedo el estacionamiento de un restaurante y me dijo: mira, cabrón!
Lo que veíamos era un vehículo blindado y dos camiones llenos de policías. En tono de broma le dije: de seguro vienen por mí. Y solté la carcajada. Frunció el
ceño y respondió: no juegues con esas cosas, qué tal que te quieren embroncar. Ya vez cómo se las gastan ahora.
Había más de 100 elementos de la policía federal, por lo que se me hizo una reverenda mamada que siquiera lo pensara, pero me remití a decirle "Ok" y seguimos adelante.
Al llegar al lugar mi compañero se estacionó sobre el cordón de la banqueta, le pedí que me esperara, pues no creía tardar mucho y procedí a subir hasta el último piso del edificio donde se encontraban las oficinas de la compañía de seguros. En la entrada estaba un vigilante de
una empresa de seguridad privada que nunca antes había estado. Me pidió una identificación oficial para darme acceso, le entregué mi credencial, le sacó una copia y me dejó pasar. Me pareció extraño, pero otra vez no le tomé importancia y entré a las oficinas.
Al llegar a recepción noté mucho movimiento. Mucha gente en la sala de espera y algunos con notable gesto de molestia.
Saqué mi teléfono para avisarle a mi compañero que probablemente me tardase un poco más de lo que pensaba, pero antes de poder marcar la recepcionista me dijo
con gesto amable y hablándome por mi nombre que me estaban esperando en la oficina del gerente. Conocía bien el camino. Lo había recorrido incontables veces durante los últimos meses y lo único que podía pensar era en el alivio de ver finiquitado dicho asunto.
Estaba equivocado.
Al pasar por los cubículos intenté saludar a los empleados que tan amablemente me habían atendido y ayudado con mis trámites. Todos parecieron desviar la mirada a mi paso y fijar su atención en ocupaciones inexistentes. No lo entendí. Seguí directo hasta donde me dirigía.
La pared de cristal que dividía el pequeño cubículo dejaba ver en su interior a tres personas. Una en el escritorio y otras dos sentados de frente. El más cercano a la puerta se puso de pie al verme cediéndome su asiento mientras me tomaba la mano a modo de saludo.
Extendí mi mano a la persona con la que habría de dirigirme y que estaba sentado a la cabeza del escritorio. Pedí perdón por la demora con la mejor de mis sonrisas posada en el rostro y giré mi cuerpo para saludar al que permanecía sentado al tiempo que yo intentaba sentarme.
En su mano derecha vi que sostenía una pistola escuadra negra. No creo que haya palabras para describir lo que sentí en ese justo momento. Mi reacción fue querer pararme de inmediato, pero mal terminaba de estirar mis piernas de nuevo cuando sentí un golpe en mi oreja derecha.
Perdí el equilibrio y caí boca abajo con toda mi larga humanidad casi por fuera de la oficina. Segundos después empecé a sentir cómo me pateaban sin clemencia las costillas y la cabeza. Entre golpe y golpe mal escuchaba sus imprecaciones y amenazas mientras intentaba protegerme.
"Ahora sí ya te cargó la verga, hijo de tu puta madre" "Ahorita vas a saber lo que es bueno" Escuché que dijeron en algún momento. No sabía qué parte cubrirme. Un tercero se incorporó a la tunda no sé en qué momento. Me di cuenta un par de minutos después, cuando se detuvieron.
Aunque a decir verdad nunca lo hicieron por completo. Sentía el rostro hinchado y caliente. El ferroso sabor a sangre impregnaba mi boca y podía sentir el hilo de la misma que emanaba de una de mis comisuras. Seguía boca abajo con mis brazos en mi cabeza y el Jesús en la boca.
¿Qué chingados está pasando? Era lo único que pensaba mientras seguía recibiendo esporádicos puntapiés en diversas partes de mi cuerpo. ¿De qué se trata todo ésto?
Sentí que tomaron una de mis manos para ponerle una esposa. Pasé la que todavía estaba libre hacia mi espalda sin
oponer la menor resistencia. Levanté un poco la vista y me di cuenta que efectivamente habían sido tres sujetos los que me golpearon. Bajé la mirada y me encontré con un pequeño charco de sangre y saliva debajo mío y sentí una mezcla de rabia e impotencia hirviendo desde adentro.
Mi gesto fue notorio. Mis ojos inyectados de sangre recorrieron la habitación en busca de aquellos que me habían macerado y al notarlo uno de ellos me pateó con el empeine en pleno rostro mientras me gritaba: ¿Qué buscas, cabrón?
Con el borde de sus cordones punzando en mi rostro
levanté los ojos en su dirección tan sólo para verle directo a la cara. No dijo nada. Se dio media vuelta y desapareció con una urgencia que no tuvo congruencia jamás.
Mi rostro, cabeza y tórax punzaban al ritmo de los latidos de mi corazón. Me dolía todo, especialmente el ego.
Se acercó a mí una mujer con un sobrepeso tan notorio como su acento del centro del país. En sus manos sostenía unas hojas con fotografías impresas. La vi recorrer la habitación con pasos ágiles pero pesados y llegó hasta mí dándome tremenda bofetada y mostrándome las fotografías
¿Dónde están todos éstos? Me decía apuntando las hojas con sus dedos y moviéndolas enérgica. Yo no me atrevía a abrir los ojos. Sentía sus dedos pintados y calientes en la mejilla contraria a la que había recibido la última patada. Me tomó por el cabello y lo jaló mientras decía:
!Te estoy hablando, cabrón!
El jalón me obligó a abrir los ojos. Inhalé aire y más que soltarlo lo bufé. No creo haber visto a nadie en mi vida con tanto odio como la vi a ella. Se levantó molesta por mi mutismo e intentó fallidamente patearme en la cara. Clavé mis ojos en ella y
retrocedió torpemente balbuceando quién sabe que cosas un tanto dubitativa.
No puse gran atención a las fotos, pero alcancé a reconocer algunos rostros. Mi pareja de ese entonces, su hermano y un amigo. Eran 8 personas las que venían ahí. Nunca supe quienes eran todos los demás.
Comencé a preocuparme cuando empezaron a decirme que si quién era el de la Tacoma blanca que estaba dando vueltas por el edificio. Que les dijera con quien trabajaba de todos modos ya estaba hasta el tronco. Que lo mejor era repartir el queso.
Yo seguía sin decir palabra alguna.
Las vibraciones en el piso anunciaron lo que justo después pude escuchar. Un tropel apresurado de varios pares de botas tácticas. Me encontraba rodeado de personas armadas vestidas de civil y no sabía lo que sucedía. El tropel bajó su intensidad y pude ver a los causantes de este
entrar en el recinto en el que yacía tendido boca abajo y esposado por la espalda.
El cielo pareció iluminarse cuando levanté mis ojos y vi frente a mí a un par de uniformados de la policía federal. "Por fin alguien hará justicia" Pensé. Estaba un poco más que equivocado...
¿Ya cantó el pajarito? Preguntó. Y todas mis ilusiones se desvanecieron mientras devolvía mis ojos al charquillo de sangre y saliva y él recorría la habitación hasta donde me encontraba tirado.
Me volví a cuestionar lo sucedido. Necesitaba con urgencia entenderlo.
No lo lograba.
Al ver las negras y bien lustradas botas a mi lado giré mi cabeza lo más que pude y fijé mis ojos en la cara del gendarme. El pasamontañas que llevaba puesto apenas dejaba ver un pedazo de piel de un moreno notablemente hecho a sol. Sus ojos amarillentos y sus pronunciadas ojeras
eran inefable estipendio de malpasadas combinadas con desvelos.
Pude verlo sonreír detrás del grueso pasamontañas. Sus ojos se entrecerraron y los pliegues tatemados de piel a la orilla de sus ojos formaron hendiduras dignas de un octogenario. No tendría ni siquiera los cuarenta.
"Así que no quieres hablar" Me dijo mientras posaba la punta de su frío rifle de asalto sobre mi cien izquierda. "Ahorita que te suba al Rhino vas a decirme todo lo que necesito escuchar. De eso no me cabe duda" Culminó y levantó poco el arma para dejarla caer encima de mi ceja.
El dolor físico que me provocó el golpe fue nada comparado con el escozor que sentía por dentro.
Una angustia asaz y cancerígena se apoderó de todo mi cuerpo comenzando por el pecho y bajando hasta el estómago. Algo dentro de mí se había roto para siempre y no había vuelta atrás.
Se dio media vuelta dejándome con el alma a punto de abandonarme el cuerpo y la parte izquierda de mi ceja ardiendo en dolor por el golpe propinado. "Ahorita le damos agua para que cante, comandante" le dijo a uno de los civiles. Le palmeó la espalda y se fue como había llegado.
Me despojaron de mis pertenencias, me pusieron de pie y me encaminaron hasta sentarme en una silla todavía con las manos esposadas por la espalda.
El supuesto comandante se acercó a mí y me dijo: "Necesito que empieces a cooperar con nosotros" Me le quedé viendo en silencio y mi
reacción fue la misma de siempre; me encogí de hombres y seguí enclaustrado en mi mutismo.
"No tiene caso que le juegues al valiente. Lo mejor es cooperar si quieres salir bien librado de ésta" Me dijo con su rostro muy cerca del mío. "No sé de qué me habla" Fue lo que respondí.
Asintió con la cabeza en señal de haber entendido lo que no le había dicho. Me sostuvo un par de segundos la mirada, sonrió y se dirigió a sus compañeros para continuar con el operativo al que habían venido desde la capital del país con el único objetivo de detenerme.
Volvieron con las hojas impresas con las fotografías. "¿Dónde están ellos?" Preguntaron. Miré a las 8 personas que componían el organigrama que era encabezado por mi persona. Levanté los ojos en silencio nuevamente. "Con estos trabajas, ¿Dónde están?" Hilvané el retorcido mohín
que tengo por sonrisa y especifiqué: "Ella es mi pareja, este es su hermano, él es mi socio y los demás no tengo idea de quiénes sean"
"¿Socio en qué? ¿A qué te dedicas?" Preguntó apresurado. "Usted sabe perfectamente a lo que me dedico" Contesté viéndolo a los ojos.
Tenía razón.
Meses atrás habían enviado un investigador privado a mi domicilio. Lo atendí con todas las atenciones posibles que pueden dárseles a una visita no deseada. En dicha entrevista le había comentado a la persona mis actividades diarias y la evolución de las mismas.
No mentí.
"Dices dedicarte a la construcción" Me dijo a sabiendas de que había conectado dichos eventos. Asentí con la cabeza como siempre en silencio. Y justo cuando se disponía a hacerme otra pregunta, uno de sus compañeros lo interrumpió.
"Comandante, venga un segundo por favor" Escuché
Se agruparon en un rincón de la oficina discutiendo algo que no entendía. De pronto se desagruparon y el que antes le había hablado se acercó conmigo llevando mi teléfono en la mano. Volteó a ver la pantalla, sonrió burlón y dijo imitando una burda y caricaturizada voz femenina:
"Ay, sí. 'Te amo, mi amor. Eres el amor de mi vida'" Mientras leía los mensajes de mi teléfono celular. "A ver si ahorita que se la esté metiendo por el culo me dice lo mismo a mí la putita esta" Concluyó con un rostro lleno de lasciva.
No me pude contener.
Me puse en pie como resorte, con las manos todavía esposadas por la espalda y cegado por la ira le grité: "Pobre de ti que te atrevas a ponerle siquiera la mirada encima, hijo de tu puta madre. Estás hablando de una dama" Me regresó dándome con la planta del pie en el pecho.
Perdí nuevamente el equilibrio mientras iba en retroceso. Tropecé con mis pies y caí desplazando la silla con la cadera hasta caer sentado al suelo recargado en la pared y jadeando a causa del coraje que sentía. El agente sonrió triunfante.
Acababa de cometer el error de mi vida.
Empezaron a moverse. Se decían cosas. Se entregaban papeles. Nadie me ponía atención. Parecía que tenían lo que querían.
No sé cuanto tiempo pasó después de eso. El tiempo, en su caprichoso andar, se volvió precario y lento en demasía. Los observaba ir y venir sin razón aparente.
Hasta que el comandante se detuvo conmigo de nuevo y en un tono por demás altanero comentó: "¿Ahora si me vas a contestar todo lo que te pregunte, o quieres que vaya por ella para preguntarle?"
Una opresión inexplicable en el pecho fue lo que me enmudeció esta vez. "Ya vez que mi
compañero tiene muchas ganas de hablar con ella" Concluyó.
¿Cómo había podido ser tan descuidado? ¿Cómo había dejado que mis emociones le entregaran las armas que necesitaba para hacer conmigo lo que quisiera?
Asentí mudo. Fue un valor entendido y nadie necesito decir nada más.
Me quitaron las esposas no sin antes advertirme lo que me harían si intentaba una locura. Me pusieron un empolvado chaleco antibalas, un pasamontañas hediondo a sudor rancio y con olor a sol, unos gogles tácticos empañados y un casco húmedo. Me pusieron las esposas por enfrente y
me dieron a sostener un maletín negro.
"Vamos a bajar. No quiero que vayas a hacer algo de lo que después puedas arrepentirte" Me dijeron.
Seis agentes con ropas oficiales hicieron una formación Delta a mi alrededor. Los dos de atrás me sostenían por el cinturón mientras bajamos
al primer piso del estacionamiento.
Antes de salir de las escaleras me indicaron bajar la cabeza. No hice caso.
Lo primero que pude ver fue el camión blindado en el que me transportarían y el camellón frente al edificio lleno de reporteros de los diversos medios de la entidad.
Me subieron, cerraron las puertas y comenzamos a recorrer la ciudad.
Parecía que quisieran exhibirse. Era un convoy conformado por al menos 18 unidades. En el cielo un helicóptero rompía el incómodo silencio con el flapeo de sus aspas y yo me encontraba anonadado por el operativo
Llegamos a las instalaciones de la policía federal en Culiacán, pero jamás me bajaron del Rhino. Los agentes en su trajinar solamente se turnaban en la puerta para resguardarme. Cosa estúpida. ¿A dónde podía ir?
Finalmente el que llevaba el mando subió a mi lado y me preguntó:
"¿Entonces ahora sí vas a decirme lo que tengo que saber?"
"Mire, comandante, dígame lo que quiere escuchar y eso le voy a decir. La única condición es que, como hombres que somos, me prometa no se va a meter con nadie de los míos"
Sonrió y dijo: "Así me gusta, que tengan huevos"
Me bajaron del Rhino y me subieron a una FJ Crusier. Una oficial me ofreció agua. Platicó un poco conmigo y me dijo lo que iba a proceder y cómo podría salir lo más bien librado posible. "Son unos brutos" Me dijo "Lo mejor es que les digas lo que quieren y ante el MP desmientes"
Salimos por tierra hasta CDMX. Allá llegamos al destacamento de la policía federal donde me aleccionaron de lo que debía decir una vex que estuviera frente a las cámaras. Así lo hice.
Me trasladaron de ahí hasta las instalaciones de la entonces SIEDO donde me tuvieron hincado por
horas, hasta que muy entrada la madrugada me amedrentaron nuevamente, diciéndome que había elementos de la policía federal fuera de mi casa listos a la orden de traer a mi pareja al menor de los titubeos.
Me mostraron unos videos de unas ejecuciones y después me encerraron en un
baño para amenazarme de muerte en caso de desmentir a los agentes. Esposado por la espalda me sometieron en el baño para ponerme sendo cuchillo en la garganta y decirme cómo me pensaban decapitar si no hacía caso. "No se preocupen" Les dije "Yo voy a hacer más fácil su trabajo"
Declaré todo tal cual me lo habían indicado. Hubiese declarado haber matado a Colosio con tal de saber fuera de peligro a las personas que amo.
Acto seguido, siendo ya la madrugada del jueves, me dejaron hacer mi primer llamada telefónica.
Como era de esperarse, nadie sabía de mí
En ningún lado habían informado de mi paradero a pesar de los reportes de desaparición y los amparos ejecutados por la CNDH.
Estuve encerrado en el sótano de la SIEDO durante un tiempo que me pareció infinito. Medía el tiempo por las comidas que nos llevaban y no podía comer.
Un día después, el viernes 8 de abril, me llamaron para locutorios. Mi madre, del otro lado de la reja, solamente alcanzó a decir "Felicidades" antes de romper en llanto. Yo pensé que no estábamos para sarcasmos. Ya estaba ahí. Pero su felicitación era sincera.
Era mi cumpleaños.
El viacrucis que viví después de eso merece una historia aparte. Pero lo voy a resumir bastante.
Estuve arraigado durante 47 días. Después un juez de Tamaulipas me giró orden de aprensión por delincuencia organizada, delitos contra la salud, extorsión, lavado de dinero, portación
de arma de fuego sin licencia, utilización de vehículo robado para la comisión de otros delitos y lo que resulte del proceso.
Pasé del CEFERESO 5 oriente en Villa Aldama, Veracruz. Al 11 en Hermosillo, Sonora. De ahí al 14 en Gómez Palacio, Durango. Después al 13 en Miahuatlán
de Porfirio Díaz, Oaxaca. Para finalmente ser trasladado al Penal de Aguaruto, aquí en Culiacán. De donde salí en libertad.
Mi familia me apoyó todo el tiempo. Muchos de los que se decían mis amigos me dieron la espalda. Otros muchos se acercaron mucho más.
Hay muchísimas anécdotas que podría contarles al respecto, pero no tendría fin.
La noche del 5 de abril de 2017, después de haber pagado 6 años cerrados de pena, caminé por el pasillo de rejas que da a la salida del recinto. Mi padre me esperaba al final. Me dió el abrazo mas
fuerte y cálido que jamás me dio en su vida y me dijo: "Ahora sí ya estoy completo"
Ese día fue el día que volví a nacer.
Pero esa, es otra historia...
Oye, @mexicolector dile al @jmesa77 que venga a leer este hilo...

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