Hola, hoy les voy a contar de cómo nos quedamos sin graduación y sin dinero.
La generación diciembre 2020 de las ingenierías en Biotecnología, en Sistemas Computacionales y en Mecatrónica formamos un comité de 10 personas para nuestra fiesta de graduación. La empresa con la que nos asociamos se llamaba FEST y su dueña era María Natalia González Álvarez.
Al ser aproximadamente 48 graduados entre las 3 carreras, se realizó un contrato inicial de mínimo 650 personas, el boleto estaba a $850 y lo que incluía era:
(PD. Nos aseguraron que no tendríamos que pagar extra si faltaba dinero, que eso se ajustaría en decoración o comida.)
La empresa insistió siempre en recibir pagos en efectivos, comenzamos a pagar en febrero del 2020. Todo iba bien hasta que el COVID-19 atacó.
En abril nos dijeron que no iba a haber problemas, que el evento seguiría en pie y nos dieron la opción de pagar en línea, después tuvieron “problemas con los pagos” y lo cambiaron a una cuenta personal (sospechoso, ¿o no @SATMX ?)
En junio, al darnos cuenta que la pandemia no iba a mejorar y que cada vez menos personas querían asistir al evento, quisimos re-negociar, pero la empresa insistía que “ya mero sale la vacuna” y el evento podría hacerse en diciembre.
Nuestro primer asesor se salió de la empresa, nos asignaron una segunda asesora que aún estaba estudiando en ese entonces, ella nos duró a los mucho dos meses y nos dieron a una tercera.
El contrato original, el cual no todos los miembros del comité pudieron firmar por diferencia de horarios, tenía unas cláusulas importantes que decían:
-En caso de cancelación no habrá reembolso
-En caso de que el evento no pudiera suceder por causa externa a los involucrados, se deberá llegar a un mutuo acuerdo para un nuevo contrato
Por cuestiones de pandemia, no se podía hacer eventos mayores a 300 personas, staff incluido, pero ellos nos decía que firmáramos para 300 y el staff lo “escondían” si llegaban las autoridades.
Entre los meses de julio/agosto a octubre, no hubo comunicación de parte de la empresa, no nos respondían, aun cuando ya teníamos un acuerdo casi cerrado.
Se nos propusieron nuevas opciones para ajuste de precio, pero todas reducían demasiado lo que se incluía, incluso a llegar a poner de comida solo taquitos o pasta de un solo tiempo, habría menos iluminación, decoración sencilla y el boleto de todos modos subía de precio.
En octubre nos enteramos de que todos nuestros asesores (y otros empleados) ya no trabajan para la empresa, la empresa cambió de dirección, de nombre y la dueña nos citó a una junta presencial en la que dijo que volveríamos a negociar.
Ahora se llama “Wakarita” en vez de “FEST”, pero la dueña es la misma.
La dueña y su asistente hicieron un nuevo grupo de Whats App con nosotros y nos pidieron borrar el anterior con los asesores que ya habían despedido.
Nos hicieron un nuevo contrato, pero este incluía una nueva cláusula que decía que si no llegábamos al número de boletos vendidos con el que firmábamos, en comité tendría que pagar la diferencia.
Haciendo cuentas en el peor de los casos, cada miembro del comité tendría que pagar aproximadamente entre $10,000 y $15,000, riesgo al que no estábamos dispuestos todos a correr y que anteriormente se nos prometió que no sucedería.
La nueva fecha tentativa iba a ser en mayo, pero en febrero la mayoría del comité decidió cambiarlo al siguiente semestre por miedo a no llegar a los números y porque la pandemia seguía latente. No sabíamos con exactitud si la situación mejoraría o empeoraría para mayo.
Se pidió nueva cotización de la empresa para el siguiente semestre. Incluso se sugirió solo darnos el salón o rentar un lugar más barato con el dinero ya aportado, pero ellos insisten en que debían liquidar a sus proveedores.
Nunca probamos banquete, nunca elegimos decoración, ni música, ni nada. La única decisión que sí llegamos a hacer fue el diseño de las invitaciones que nunca se imprimieron. Nunca nos dieron respuestas claras de a dónde se destinó nuestro dinero.
La empresa en total tiene $93,800 nuestros. No quieren negociar más, no quieren usar ese dinero, insisten en que debemos darles más para hacer un evento. Después de más de un año de tratar de negociar, ya no vimos otra salida más que cancelar por nuestro bien mental.
Intentamos ir a la PROFECO en año pasado, pero no nos recibieron por pandemia. Así que nuestra última batalla es contar nuestra historia. Tenemos documentos, videos e impresiones de pantalla que prueban todo esto.

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