Suenan los disparos de un pelotón de fusilamiento.
Así murió Anselmo Vilar.
Aviso esta es una buena historia.
Una pequeña gran historia, de uno de esos héroes anónimos, maltratados por esta mierda de historia maniquea de España.
Sígueme, y te la explico...
Estamos en 1937, a principios de Febrero.
En plena Guerra Civil.
España se desangra.
Los sublevados han tomado Málaga.
De hecho, hay casi más camisas negras italianos que franquistas.
La violencia y las represalias se tornan insoportables.
Cunde el pánico.
La población civil huye despavorida hacia Almería, todavía en manos del Gobierno legítimo.
Es lo que se conoce como la Gran Desbandá.
"María, coge a los niños rápido y vámonos"
200 kilómetros de carretera polvorienta.
Decenas de miles de personas, huyendo a pié de la guerra.
Escenas trágicas, de esas que nunca aparecen en los libros de historia, y que sólo saben explicar los buenos reporteros de guerra, o los que las han vivido...
200 kilómetros de miseria, pero también de muerte.
Los sublevados no dejan de bombardear la carretera.
Desde tierra.
Desde el aire, y desde el mar.
Un crimen de guerra no juzgado que deja entre 5.000 y 8.000 cadáveres en el arcén.
De la aviación italiana, y desde los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera.
De día, en un cruel tiro al blanco a niños y ancianos.
Y de noche, aprovechando la luz de los faros.
Aquí es donde entra en escena Anselmo Villar.
Nacido en Lugo, pero crecido en Málaga.
Hijo del primer farero de Torre del Mar.
Farero él mismo cuando su padre le cede el puesto.
Dejad que os diga que hay momentos en la vida en que uno se gana la eternidad.
En que uno pasa de ser un individuo anónimo a ser un héroe.
Ese fue Anselmo.
Como farero, tomó una decisión.
Una decisión que le costó la vida, pero salvó la de muchos.
Anselmo apagó la luz del faro.
Durante dos días.
48 horas.
48 horas sin la luz del faro. A oscuras, sin referencias.
Restando precisión a los bombardeos nocturnos de la aviación, y a los marítimos todo el día.
Dos días, en que el tramo de Vélez-Málaga estuvo a salvo de bombas.
Anselmo fue detenido y fusilado pocos días después.
Quiero imaginarme que alguien, agradeciéndole el sacrificio, le hubiera enviado una pequeña señal de luz. De su faro.
Habría sido bonito, casi poético.
Pero no.
Su historia es una de esas historias de héroes, despreciadas por un país que no aprende ni avanza, que cae en los mismos errores de siempre y se regodea en la división.
Rusia quiere recuperar el control sobre Europa del Este, o al menos, frenar la expansión de la OTAN.
Europa del Este dice que no, que ellos son autónomos para decidir.
Europa Occidental, harta de ser el campo de batalla de guerras ...
... mundiales, y dependiente de la energía (gas y petróleo) rusa, dice que calma.
Europa Occidental y Rusia, socios comerciales obligados, tienen mucho que perder.
EEUU no depende de nadie en tema energía (os acordáis de cuando criticábamos su apuesta por el fracking?)...
... pero le pasa una cosa. Ya no es la única potencia mundial, y lo sabe (mérito positivo de Trump). Sabe que Rusia es sólo la antesala de un conflicto mayor: China.
De ahí que tenga una posición beligerante. Aviso a Pekín.
Estoy consternado con las noticias que me llegan de mi familia de Inglaterra.
Un drama, una tragedia, el resultado de un pacto de lealtad que dura 80 años.
Hoy morirá gente y no lo podré evitar.
Dejadme que me recupere un segundo y os lo explico.
Pero fijáos en el mensaje de despedida que me ha enviado mi abuelo inglés:
Ya está. Nuestra última carga.
Quédate conmigo. Mi sangre.
Te quiere. El abuelo.
Creo que nunca os he hablado de él, de mi abuelo británico.
Este, el de la foto antigua.
Se llama Jonathan. Nos os puedo dar más detalles, porque entonces sabríais quién soy.
Y sí, con la cara paga. A sus 99 es una auténtica fuerza de la naturaleza.