Es una cruz de bronce, de cuyos brazos cuelgan el Alfa y el Omega, en su cabecera tiene el monograma de Cristo y que pende de una cadena que contiene una cruz más pequeña inscrita en un círculo. Además está acompañada de dos delfines de metal.
Esta clase de cruces se usaban en la consagración de iglesias y altares, y su datación es compleja: el tipo de arnés se remonta al siglo II, aunque este tipo de cruces se encuentran en necrópolis tardorromanas de los siglos IV y V,
y el Alfa y el Omega son característicos de los siglos V y VI.
Fue encontrada en el Cabezo de Roenas de Cehegín, Murcia, que en su día fue la sede visigoda de la ciudad episcopal de Begastri.
Hacia 1920 se dividió el cabezo de Begastri,
para permitir el paso de las vías del tren que comunicaban Caravaca con Murcia. Los trabajadores de la obra encontraron muchas piedras con letras y otros objetos, que fueron desechados en una hondonada cercana, hoy sin identificar.
En los años 40, el alcalde de Cehegín, Cristóbal Sánchez de Amoraga, se encontró con un individuo, posiblemente José ‘el Piños’, que se dirigía a vender unos objetos de metal, entre ellos la cruz, por los que esperaba sacar 8 o 10 pesetas.
Dándose cuenta el alcalde que esa cruz podía tener cierto valor, le pagó 50 pesetas por ella, salvándola de ser vendida al chatarrero.
Granadilla, Cáceres.
Pueblo abandonado en la década de 1960.
Su castillo.
El primer Duque de Alba, don García Álvarez de Toledo fue el que mandó construir el castillo en los años setenta del siglo XV. Se sabe que el cantero Juan Salado intervino en la construcción del mismo, ya que recibió varios pagos por ello entre 1473 y 1478.
En el centro del castillo se levanta un cuerpo retranquedo a modo de «torre caballera». Los artífices de la obra fueron De Troya, Juan Carrera y Tomás Bretón.
«Al tiempo, se hacían propuestas y se ofrecían soluciones diversas. Una de las propuestas más sorprendentes se debe a Blasco de Garay, quien en 1539 elevó un memorial a Carlos V sobre la construcción de varios navíos
dotados de ingenios inventados por el, como una máquina de vapor que permitía potabilizar el agua de mar para las embarcaciones durante las travesías, aunque la más famosa de sus propuestas fue la de un ingenio que permitía desplazar sin remos las naves en tiempos de calma,
consistente en un sistema de paletas en ambas bandas movidas por ruedas accionadas por hombres. El invento se ensayó en 1543 en un galeón de 200 toneladas llamado La Trinidad, al que colocaron seis ruedas en los costados; las pruebas fueron presenciadas por expertos
Si queremos saber cómo se cargaba un barco del siglo XVI, lo primero que tendremos que conocer es algunas de las medidas de capacidad que se manejaban en la España (me atrevería a decir que en la Sevilla) de la época.
Una «pipa» era un tonel de 443,5 litros de capacidad. El espacio ocupado por dos pipas, era una «tonelada», y servía para calcular la capacidad de los barcos de la época.
La «bota» era un tonel algo más grande, de 532,2 litros de capacidad, de manera que cinco de estas
equivalían a tres «toneladas».
Los «quintaleños» eran barriles más pequeños, de 64,52 litros.
La «botija» era una especie de cántaro o garrafón de forma esférica y boca ancha, que se protegía con un cestillo de mimbre, con una capacidad entre 20 y 30 litros.
«En cuanto al comercio entre España y América durante el siglo XVI y la primera mitad del XVII, se considera que fue el europeo de más entidad transoceánica, tanto por el volumen de las mercancías transportadas como por su valor,
algo que España logró por disponer de una posición aventajada en la política, la técnica y la geografía, colocándose por delante de cualquier otro país, además de saber aprovechar la oportunidad para crear y mantener un imperio, pues las diversas cualidades necesarias
para un poder colonial estaban combinadas excepcionalmente en España, que poseía los medios y los objetivos, lo que hizo de la colonización española algo excepcional por sus fines, por sus métodos y procedimientos y por el volumen que alcanzó.
«Los soldados que han de servir en las galeras de los reinos de Nápoles y Sicilia está así mismo ordenado que sirvan y residan en las dichas galeras y sean soldados de ellas particularmente sin que hayan de tomar presidios ni conducirse de nuevo para las
jornadas que se hicieren, entendiendo que así conviene para que la dicha gente sea práctica y usada de mar, y del efecto y servicio necesario, guardándose en lo que toca al gobierno y regimiento de esta gente, así en el servicio de las galeras como en la invernada
lo que está proveido y ordenado cerca de esto, de que habéis de tener gran cuidado y del entretenimiento y sostenimiento de esa gente, pues veis lo que importa para el servicio y buenos efectos que se han de hacer en las galeras.