Entre las tareas fundamentales para reorganizar el Partido Comunista está la de que los futuros cuadros aprehendan con profundidad el método dialéctico con tal de que sean capaces de empuñarlo como la afilada arma que es para conocer y transformar la realidad.
Es por ello que consideramos que la principal virtud de este artículo reside en haber sido capaz de hacer con el método marxista lo que cierto revisionismo ha planteado tantas veces como imposible: aproximarse a él de forma pedagógica sin renunciar a la precisión.
Ante las ingente tarea que se nos presenta por delante, esta capacidad, la de «vulgarizar» -en sentido positivo, es decir, acercar a los menos duchos- es una de las más preciadas entre las que cosechar.
Los manuales y materiales de formación que proliferan en ciertas organizaciones redundan en la renuncia anteriormente mencionada, por lo que se acaban popularizando tergiversaciones del método marxista que permiten auspiciar bajo su ala derivas abiertamente reaccionarias.
En este hilo quisiéramos recoger mencionar dos de las manipulaciones típicas que el artículo consigue conjurar.
En primer lugar, el artículo deja fuera de juego –si se nos permite seguir con las referencias futbolísticas- el materialismo vulgar que se regodea en el realismo ingenuo más inane.
Desestima el materialismo como el mero arrancar desde lo abstractamente «físico» e inmediato para situarlo donde se encuentra, en el mero reconocimiento de la existencia de una realidad objetiva extraconsciente que preexiste a cualquier aprehensión conceptual.
Premisas metodológicas aparentemente tan abstractas acaban decidiendo, en su concreción, posiciones revolucionarias o reaccionarias en aspectos tan fundamentales como la cuestión trans.
No decimos nada nuevo si denunciamos que, amparadas en un supuesto «materialismo», organizaciones reaccionarias impugnan la existencia de nuestros camaradas trans escudándose en la supuesta «materialidad» de los genitales, por poner un ejemplo.
Materialidad que, si aplicamos las premisas metodológicas que el artículo asienta, es toscamente unilateral, abstracta, y que comprendida en su concreción, es decir, en la interrelación de mediaciones sociales que la conforman,
nos permite comprenderla como lo que es, un constructo social derivado de la división sexual del trabajo que tiene en la familia su matriz y que constituye una institución opresiva vinculada a las sociedades de clases que como comunistas pretendemos destruir.
además de rescatar el materialismo consecuente, el revolucionario, el artículo también alcanza un hito nada desdeñable al desprender al método dialéctico marxista de la tan manida carga de la tríada fictheana «tesis-antítesis-síntesis», que no encontramos por ningún sitio.
Esta tríada, empleada demasiado habitualmente como mecanicista esquema apriorístico para encajonar en ella la inmensa complejidad de la realidad extramental, tiene su principal falla en no atender al desenvolvimiento «en sí» de la cosa misma que se pretende aprehender.
Al adherirse a ella, uno se alinea con el entendimiento (Verstand) que Hegel ya denostó en la PdG y se aleja de la razón (Vernunft), punto de partida de la dialéctica revolucionaria marxista. El método de ascenso de lo abstracto a lo concreto avanza,
como se explicita en el artículo, mediante la deducción materialista, una deducción que viene impuesta por el automovimiento ínsito de la realidad que se pretende estudiar. A partir del universal concreto se deducen las determinaciones más concretas,
que en sucesivos estados de concreción, nos permiten representar la totalidad orgánica, dialéctica que pretendemos aprehender. Este atender al automovimiento de la cosa misma nos permite comprender su funcionamiento y descubrir en él los puntos de fuga,
las contradicciones inmanentes albergadas en su seno que señalan hacia su superación. Solo desde una comprensión correcta del método dialéctico se pueden descubrir estas contradicciones como inmanentes y, por lo tanto,
enraizar en ellas una estrategia y una táctica adecuadas que no se vean imbuidas en la dupla claudicadora que conforman el utopismo y el reformismo oportunista. A modo de ejemplo, la concepción errónea del método dialéctico puede llevar a plantear que, por ejemplo,
en el «esquema» de superación del modo de producción capitalista este conformaría la tesis y la clase obrera, como su eventual enterradora histórica, su antítesis. Sin embargo, este esquema da a entender que la clase obrera es un agente exógeno destinado a colisionar con el MPC,
cuando, en realidad, es parte integrante de éste, y de él son fruto sus determinaciones como clase revolucionaria. A nivel estratégico, esto se concreta en posiciones abiertamente estériles,
como la pretensión de crear espacios y relaciones al margen de las relaciones sociales capitalistas, de crear un afuera que en un segundo momento podría, eventualmente, derribar al MPC en colisión frontal.
Por el momento dejaremos aquí nuestras consideraciones. Nuestro objetivo es recomendar la lectura del artículo y desarrollar la importancia que a nuestros ojos reviste la ortodoxia respecto al método, aterrizándola con ejemplos que atañen a los desafíos que tenemos por delante.
Una ortodoxia que conlleva, en su propia naturaleza, el análisis cada vez renovado de las condiciones en las que es posible y debe hacerse la revolución. En su sesuda aprehensión se cifran los aciertos estratégicos de nuestro porvenir.
No obstante, no quisiéramos terminar sin señalar la única divergencia que tenemos con lo expuesto en el artículo. El camarada @Nolito_Ferreira abre sus apuntes finales con la siguiente frase:
Lo de breve es cierto, así como también lo es que hay muchas cuestiones pendientes de desarrollar. Sin embargo, no estamos de acuerdo con que la introducción sea tosca. Al contrario: Insistimos una vez más en que, como comunistas,
es nuestra responsabilidad hacer accesible a las capas proletarias militantes más avanzadas las armas que han de forjar nuestro futuro, y este articulo es sin duda una magnífica contribución a ello. En fin, solo queda decir que esperamos con ganas los siguientes artículos.
¡Saludos comunistas!
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Vemos no pocos comunistas afirmar que el servicio militar obligatorio sería algo provechoso -así, «en general»- para el desarrollo de los «eventos». Sin embargo, esto no es necesariamente así. Para empezar, un ejército revolucionario no puede equipararse técnico-militarmente
a las fuerzas burguesas en el sentido «burgués» -profesionalización, tecnificación, encuadramiento, etc.-. Es más, el ejército burgués se «masifica» tan pronto como entra en un conflicto simétrico. La conscripción, los despliegues a gran escala y el Estado de guerra producen
la des-profesionalización de los ejércitos, así como su reducción absoluta de medios militares avanzados. Tomemos la guerra de Ucrania como ejemplo: Rusia ha dejado de producir el Armata porque su relación calidad-precio impide su producción en masa a tenor de sus resultados en
Quisiéramos aprovechar el debate que se ha dado esta última semana acerca de la película «Starship Troopers», de 1997, para hablar del fascismo «a la americana» y, con ello, del carácter «polifacético» de la dictadura de emergencia de la burguesía en crisis.
Starship Troopers satiriza la propaganda fascista que su director, Paul Verhoeven, experimentó en su niñez en la Holanda ocupada por la Alemania Nazi. La película es, a su vez, una adaptación y una burla del libro homónimo, publicado en 1959 y ganador del premio Hugo de 1960.
Su autor, Robert Anson Heinlein, fue un escritor del género de ciencia ficción prolífico, sí, pero también un recalcitrante anticomunista. Su carrera como escritor empezó únicamente tras su expulsión de la Marina de los Estados Unidos a razón de su tuberculosis.
El campesinado en la España actual no es más que pequeña burguesía agrícola, clase social en liquidación por el gran capital y reaccionaria en sus aspiraciones.
La obsesión del Frente Obrero con los inmigrantes y su relación con los delitos sexuales solo se explica mediante la copia retórica del fascismo europeo. Contestaremos a este tuit como podríamos contestar a cualquier otro.
Estos son los datos extraídos de la estadística del INE "Menores condenados por delitos sexuales según sexo, edad y nacionalidad", basada en las sentencias firmes judiciales.
Una media de 49 condenados al año para los menores de origen africano (que no exclusivamente marroquíes) frente a una media de 298 condenados con ciudadanía española. Es decir, un 16,44% del total.