Esta brillante reflexión del joven Marx nos señala a los comunistas algo de especial relevancia: que nuestra mayor motivación y “vocación” en la vida –nuestra “realización personal”– pasa por aspirar a convertirnos en 𝗰𝘂𝗮𝗱𝗿𝗼𝘀 𝗿𝗲𝘃𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀.
La educación, la conciencia y la toda la cultura de la sociedad burguesa moldean al individuo medio para explotar su talento, su habilidad y vocación individuales en cualesquiera de las múltiples profesiones , oficios y ocupaciones ultraespecializadas y subordinadas por entero
a la lógica de la mercancía, la extracción y/o distribución de plusvalía y la reproducción de la tasa de ganancia.
En la sociedad burguesa, cada individuo particular, preocupándose por sí mismo, conformándose con “realizarse” en y por su profesión, se limita a participar,
en la perpetuación –o perfeccionamiento– del modo de producción capitalista. Éste es el sueño eterno “meritocrático” promovido, muy especialmente, por y para los sectores arribistas de las “clases medias”; los hijos de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía.
Por el contrario, el proletario consciente halla su vocación y “realización”, forja su talento, fuera de toda la esfera y de los intereses de la vida socio-económica burguesa en tanto que ya sabe que no aspira a acomodarse en su seno.
En el plano consciente, ha comenzado ya a escindirse de la sociedad en que vive; ha comenzado a comprender la necesidad de su negación y a dirigir sus esfuerzos intelectuales a atisbar elementos de verosimilitud de la revolución, aun cuando ésta está ausente.
En ese sentido, su “vocación en la vida”, a diferencia de lo que ocurre en la sociedad burguesa, ha dejado necesariamente de ser un asunto individual, egoísta y aferrado al simple desarrollo de su persona, en tanto que se diluye en el proyecto histórico de la emancipación humana.
Como comunistas, el fin que individualmente perseguimos en la vida, ni más ni menos que la emancipación de la humanidad de toda opresión, está inherentemente vinculado a un proyecto colectivo, que hoy pasa por la ineludible (re)constitución del sujeto revolucionario;
por la preparación de las condiciones e instrumentos de la revolución y el cumplimiento de sus tareas más urgentes (reconstitución ideológica a través del Balance de la experiencia revolucionaria).
Retomando la reflexión de Marx, no se trata ya de la preocupación egoísta del mediocre individuo burgués, no se trata de la búsqueda de un futuro profesional individual en el marco de la vieja sociedad, sino de transformar y superar ésta
en aras del reino de la libertad para toda la humanidad.
Es por ello que la militancia revolucionaria de los comunistas aspira, como apunta Marx, a fines mucho más “grandes” y “nobles” que las de cualquier dedicación bajo el actual yugo de la mercancía y del capital,
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Frente a un chovinismo cada vez más hegemónico –que erige en sujeto a la nación– los comunistas debemos defender los principios universales de la Revolución Proletaria y del internacionalismo proletario contra los prejuicios nacionales de esta lacra oportunista:
1. Los proletarios conscientes no nos apegamos a una “tierra española” ni España “nos pertenece”. Somos parte de una causa superior al territorio delimitado de una patria o de una “cultura nacional” (ya sea española, inglesa, rusa, etc.):
2. El comunismo, por su contenido, eleva al proletariado, no a la “condición de clase nacional” –como tergiversan estos oportunistas–, sino a la condición de clase revolucionaria, dirigiendo su lucha de clase a la unión internacional de los obreros y a la fusión de las naciones.
El proletariado es incesantemente –y cada vez más– disciplinado, humillado y asesinado por la dinámica "natural" reproducida en y por las relaciones sociales del orden capitalista. Miseria y muerte, es lo que puede ofrecer la democrática y liberal dictadura de la burguesía.
Lo peor que puede hacer el proletario de vanguardia en estos tiempos d crisis y catástrofes permanentes es rendirse ante sus esclavistas, entregarse al nihilismo existencial y aceptar con resignación la época de capitalismo senil (imperialista) como algo inamovible e insuperable.
En la clase proletaria anida el potencial de la emancipación universal, pero ello exige hacer verosímil la revolución como horizonte emancipador para así llevar tal misión histórica mucho más lejos que las clases revolucionarias que le precedieron.
Continuando con el hilo anterior acerca de la oposición entre la Tesis de Reconstrucción y la Tesis de Reconstitución del Partido Comunista, profundicemos en la misma cuestión desde la perspectiva de la naturaleza del Partido.
Como hemos visto anteriormente, lo que se dirime en el debate entre estas dos tesis antagónicas no es tanto la conciencia de la necesidad de rearmar al sujeto con su instrumento fundamental de lucha para la revolución sino el cómo se aborda ese proceso.
PCR, La Forja nº7, 1995:
En primer lugar, el prisma de la Reconstrucción adopta el punto de vista individualista y contractualista burgués; el revisionismo generó la desorganización de los comunistas, por tanto éstos habrán de juntarse en aras de la firma del contrato de “unidad comunista”.
Ninguna cita electoral burguesa, por muy “decisiva” que –“¡esta vez sí!”– nos la presenten los oportunistas, modifica en modo alguno el profundo estado de derrota de nuestra clase y del comunismo.
Ante la farsa electoral y los pactos parlamentarios, el proletariado es la única clase que puede afirmar que es ajena a “las instituciones”, que allí no tiene representación; es, a lo sumo, un espectador.
Y ello es así porque el proletariado es la única clase que, por ahora, no es un sujeto político con capacidad de incidir en el curso de los acontecimientos de la arena política de la gran lucha de clases.
A propósito de este debate que surgió hace pocos días, precisemos las diferencias, con sus implicaciones, entre la Tesis de Reconstrucción y la Tesis de Reconstitución del PC, tan opuestas entre sí como lo son la concepción burguesa y la concepción proletaria del mundo.
La primera propuesta (la de Reconstrucción) es, a día de hoy, la que, consciente o inconscientemente, enarbola el grueso del revisionismo.
La segunda (Reconstitución) es únicamente defendida consecuentemente, en minoría, por el Comité por la Reconstitución.
Ambas propuestas constituyen dos respuestas diferentes a los interrogantes que todo comunista debe plantearse en torno al problema actual de la ausencia de Partido Comunista:
Destaquemos unas cuestiones adicionales que, con ocasión de los estallidos sociales en Francia, la barbarie imperialista del capitalismo trae de nuevo a la superficie.
Fuente: MAI “En torno a los sucesos de Gamonal e Hidum” (2014)
[] https://t.co/lHEljVh0TC https://t.co/Mya5N8JvHJnodo50.org/mai/Documentos…
Cuando las masas hondas del proletariado protagonizan estos estallidos, el revisionismo hace gala de su desprecio y su miedo de clase aristobrero. Temen esta violencia tanto como la burguesía. Por eso, son incapaces de comprender sus causas ni de ver su potencialidad política:
Desde su posición aristobrera, el revisionismo, en palabras de Marx, no ve en el proletario más que al obrero.
Concretamente, disocia al proletariado en, por un lado, el “obrero medio” disciplinado y, por otro, el ciudadano obediente: