Hoy, como cada 14 de abril, los comunistas no tenemos nada que celebrar. Ni nos agazapamos bajo ninguna bandera nacional (solo tenemos una bandera: la del proletariado internacional), por muy tricolor que sea, ni reivindicamos ninguna República burguesa.
El Estado Español es una entidad capitalista plenamente desarrollada, despojada de todo vestigio medieval-feudal, por lo que quedan vetadas las fases intermedias. Hoy, el único programa congruente con las tesis comunistas es el programa máximo; no caben programas mínimos.
En otras palabras, frente a la reivindicación de la República como antesala al socialismo, los comunistas abogamos, simple y llanamente, por la dictadura del proletariado, por la revolución socialista.
El proyecto republicano es una alternativa reformista que barajan algunas fracciones burguesas en caso de que las "imperfecciones" del régimen monárquico estallen; es una bala en la recámara que se guarda parte de la burguesía.
El oportunismo, vagón de cola de la clase capitalista, se somete a sus programas y planteamientos, incapaz de desarrollar un proyecto de clase independiente. El proyecto republicano es una expresión de esta subordinación a la burguesía.
¡Abajo la República burguesa! ¡Viva la dictadura del proletariado!
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Infundir en el proletariado la necesidad de armarse es una labor permanente que los marxistas deben acometer en cualquier momento histórico, independientemente de que no sea la consigna inmediata del momento. Lenin (1905):
La defensa y difusión del principio de la violencia revolucionaria, de su inevitable empleo para derrocar a los opresores, se omite por lo general en la propaganda y agitación de los distintos destacamentos del Estado español, inclusive en aquellos que "han roto con lo viejo".
Este fenómeno está muy vinculado a su concepción de la revolución proletaria como fruto de la táctica-proceso, de modo que la toma del poder es relegada a un horizonte lejano cuya preparación irá resolviéndose sobre la marcha y en función del desarrollo de los acontecimientos.
En la obra "Grito de llamada" se incluye una conversación inspiradora entre Lu Sin y Chin Sin-Yi, donde se evalúan, metafóricamente, las posibilidades para la superación el orden social vigente:
Hoy, tras el fin de todo un ciclo de revoluciones proletarias, la “esperanza de destruir las casa de hierro” se ha disipado. Incluso el mensaje de quienes gritan o piensan en “gritar para despertar” a la “gente dormida” no contiene dicha esperanza.
En su posibilismo comparten el espíritu de la derrota: que la destrucción de la casa de hierro no es una tarea práctica, sino algo que llegará si la gente dormida se despierta… para defender entusiastamente su forma de vida entre las paredes de hierro.