Hoy se cumplen 153 años de la famosa Semana Sangrienta, donde la III República Francesa, haciendo honor a su transparente naturaleza burguesa, desplegó todos sus terribles mecanismos para librar la guerra de clases y cometer una masacre contra los comuneros parisinos.
Más de 10.000 partidarios de la Comuna fallecieron en los combates o fueron ejecutados sumariamente, a los que habría que sumar 43.000 detenidos, miles de ellos torturados y deportados a Nueva Caledonia.
Como dijo Marx, la burguesía no pudo perdonar al proletariado parisino su tentativa de violar el monopolio de gobierno de sus "superiores naturales"; el viejo mundo rabiaba ante el alzamiento de la Bandera Roja.
Lo que no sabían los versalleses y sus cómplices prusianos es que, con este acto, revelaban la esencia de la dictadura burguesa: "la dominación de clase ya no se puede disfrazar bajo el uniforme nacional; todos los gobiernos nacionales son uno solo contra el proletariado" (Marx).
Ayer en París, hoy en Rafah, contra el enemigo interno o contra el enemigo externo, la burguesía mundial sigue poniendo de relieve que su dominio se asienta, en última instancia, sobre la boca del fusil. Sentemos las condiciones para poder darle la vuelta y apuntar hacia ella.
• • •
Missing some Tweet in this thread? You can try to
force a refresh
El PSOE, con su famosa habilidad para comprender tanto los intereses generales del Estado como los suyos propios, ha sabido leer y apoyarse sobre el sentido común feminista y su retórica burguesa ("cuidados", "salud mental", victimismo) para garantizar el éxito de su maniobra.
El PSOE ha sabido apoyarse también sobre el sentido común "democratista", tan extendido en la izquierda, que opone abstractamente progreso a reacción, es decir, los opone haciendo omisión de la lucha de clases, la única atalaya que puede determinar el contenido de estos términos.
Lo de esta semana ha sido un despliegue despreciable de estrategia politiquera, sí, pero también de capacidad de una parte de la burguesía para reconocer el ambiente y los consensos sociales predominantes y utilizarlos en su beneficio; una expresión de hegemonía burguesa.
Buenas de nuevo, centremos el debate. Te recuerdo que tu primer hilo hace referencia a un tuit (ver la captura de mi siguiente tuit) que acusa a la IC de promover una política nacionalista y antirrevolucionaria.
Tú sustituiste, convenientemente, la réplica a esta afirmación con prédicas sobre el trabajo de la Komintern en la creación de determinadas estructuras organizativas que supuestamente contribuirían a la revolución, porque "son clandestinas" o fomentan la militarización.
En tu nueva respuesta das largas a la crítica planteada en el tuit de @nevachange73121 y mueves la portería para centrar el debate en torno a si la política de la IC era tibia o agresiva. Pero es que la cuestión no es esa.
Hoy, como cada 14 de abril, los comunistas no tenemos nada que celebrar. Ni nos agazapamos bajo ninguna bandera nacional (solo tenemos una bandera: la del proletariado internacional), por muy tricolor que sea, ni reivindicamos ninguna República burguesa.
El Estado Español es una entidad capitalista plenamente desarrollada, despojada de todo vestigio medieval-feudal, por lo que quedan vetadas las fases intermedias. Hoy, el único programa congruente con las tesis comunistas es el programa máximo; no caben programas mínimos.
En otras palabras, frente a la reivindicación de la República como antesala al socialismo, los comunistas abogamos, simple y llanamente, por la dictadura del proletariado, por la revolución socialista.
Infundir en el proletariado la necesidad de armarse es una labor permanente que los marxistas deben acometer en cualquier momento histórico, independientemente de que no sea la consigna inmediata del momento. Lenin (1905):
La defensa y difusión del principio de la violencia revolucionaria, de su inevitable empleo para derrocar a los opresores, se omite por lo general en la propaganda y agitación de los distintos destacamentos del Estado español, inclusive en aquellos que "han roto con lo viejo".
Este fenómeno está muy vinculado a su concepción de la revolución proletaria como fruto de la táctica-proceso, de modo que la toma del poder es relegada a un horizonte lejano cuya preparación irá resolviéndose sobre la marcha y en función del desarrollo de los acontecimientos.
En la obra "Grito de llamada" se incluye una conversación inspiradora entre Lu Sin y Chin Sin-Yi, donde se evalúan, metafóricamente, las posibilidades para la superación el orden social vigente:
Hoy, tras el fin de todo un ciclo de revoluciones proletarias, la “esperanza de destruir las casa de hierro” se ha disipado. Incluso el mensaje de quienes gritan o piensan en “gritar para despertar” a la “gente dormida” no contiene dicha esperanza.
En su posibilismo comparten el espíritu de la derrota: que la destrucción de la casa de hierro no es una tarea práctica, sino algo que llegará si la gente dormida se despierta… para defender entusiastamente su forma de vida entre las paredes de hierro.