Pero, ¿qué necesita el trabajador? ¿Más reformas? ¿Más «democracia»? ¿Menos inmigrantes -es decir, menos trabajadores-? No, lo que necesita el trabajador es un fusil, el conocimiento y la determinación para usarlo. Organización, formación y combate.
El discurso de la izquierda social-liberal puede ser más o menos inflamado, más o menos centrado en la «lucha salarial». El capitalismo es cíclico, y después de la guerra que se aproxima vendrá otra. Tras la siguiente crisis, vendrá otra más. El trabajador morirá a los sesenta o
a los ochenta, y dejará atrás una vida miserable pero más o menos soportable. ¿Qué significa eso de que «la izquierda haga bien su trabajo? Porque el PSOE hizo un trabajo ejemplar durante la transición. Ejemplar para los intereses de la burguesía, claro.
Tan ejemplar como la socialdemocracia escandinava, que ha desplegado un sistema de seguridad social y de bienestar sin parangón a costa de la mano de obra esclava inmigrante en suelo nacional y del expolio en la arena internacional.
Los intereses de la izquierda son antagónicos a los del proletario. Promete la zanahoria, pero atiza con el palo. Basta ya de idiotismo parlamentario y de zozobra oportunista.
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Primero, y de entrada, España es uno de los países en los que más horas se trabaja en toda la Unión Europea. Aquí el gráfico, en que encontramos a los trabajadores desglosados por número de horas trabajadas.
Sigamos con la media de productividad. Al ser Vaquero pequeñoburgués tal vez se lamente por la exigua plusvalía que recibe, pero la baja productividad relativa a otros países de la UE responde a su menor tecnificación. Veamos la productividad media mensual por tamaño de empresa.
Hoy, día del Trabajador, presentamos nuestro órgano de expresión, Kursant, para el que hemos estado trabajando largo tiempo. Pretendemos que esta sea nuestra humilde contribución al desarrollo del movimiento comunista y en pos de la revolución.
Arrancamos nuestra publicación con un artículo breve que sintetiza las tareas fundamentales que debe atender el movimiento comunista en la hora actual. A nuestro entender, son las siguientes:
1. El estudio de la teoría comunista y del actual desarrollo del capitalismo. La difusión de la teoría debe ir dirigida a aquellos elementos más avanzados de entre el proletariado, indistintamente de si pertenecen a una organización revisionista o de si están huérfanos de ella.
Camaradas, en la víspera del 1 de mayo del año 2024, el panorama es desolador. La guerra acecha, la bestia negra de la reacción es recuperada por la burguesía, el proletariado se encuentra desangelado, y el comunismo, parece, sigue aletargado. Vivimos tiempos difíciles.
Pero, tal vez por ello, interesantes. La velocidad frenética con la que parece transcurrir la historia ha hecho olvidar que han pasado ya 33 años desde la caída de la Unión Soviética, que para 1991 solo era una sombra de lo que fue. Esperamos que, de aquí a unos años, la URSS
sea recordada como nuestra particular Comuna de París, como el experimento más reciente, aunque falible, que la humanidad trabajadora realizó en su camino a su liberación. Mañana tendremos mucho que decir, pero hoy, 30 de abril,
La CEOE se apresura a pedir facilidades para la contratación de mano de obra inmigrante con tal de cubrir «determinadas» vacantes de empleo. Y con «determinadas» todo el mundo sabe que se refieren justamente a aquellas que cubren, por norma general, la mano de obra barata.
Por su parte, los movimientos fascistas se encargan de ayudar a mantener la barrera económica y social entre la población autóctona y la inmigrante, contribuyendo a los estereotipos y el racismo existentes.
Tal y como se desarrolla aquí, los orígenes del fascismo alemán se enraízan en los conflictos existentes entre los migrantes checos y los trabajadores locales. Los primeros, fuerza de trabajo más barata, tendían a reducir el valor de la de los alemanes.
Pedro Sánchez se queda, y su discurso es profundamente revelador. Los nuevos pilares de la normalidad burguesa y la razón de Estado son la «familia» -en su sentido laxo-, la «salud mental» y el «feminismo». Y las movilizaciones, dice, han sido instrumentales en su decisión.
Lo que ha ocurrido aquí realmente son tres cosas. La primera es que el gran capital sigue prefiriendo el social-liberalismo de «mano blanda» y cara amable. La segunda, es que las masas, desprovistas de partido, han acudido, por enésima vez, en la defensa masiva de la
opción «menos mala», como viene siendo costumbre en los últimos años. La táctica de movilización que la burguesía y sus representantes políticos practicaron tan extensivamente con la pandemia y el mov. feminista encuentra aquí su expresión más clara. Un feminismo que,
Entre las tareas fundamentales para reorganizar el Partido Comunista está la de que los futuros cuadros aprehendan con profundidad el método dialéctico con tal de que sean capaces de empuñarlo como la afilada arma que es para conocer y transformar la realidad.
Es por ello que consideramos que la principal virtud de este artículo reside en haber sido capaz de hacer con el método marxista lo que cierto revisionismo ha planteado tantas veces como imposible: aproximarse a él de forma pedagógica sin renunciar a la precisión.
Ante las ingente tarea que se nos presenta por delante, esta capacidad, la de «vulgarizar» -en sentido positivo, es decir, acercar a los menos duchos- es una de las más preciadas entre las que cosechar.