Camaradas, ponemos a vuestra disposición un artículo con el que intentaremos aportar algunas claves elementales para la resolución de la mal llamada «cuestión de la mujer/de género», ubicando el centro de la problemática en la familia.
Y es que las organizaciones autodenominadas revolucionarias tienen la necesidad ineludible de combatir el feminismo como ideología del nuevo orden burgués sin renunciar a la pugna por la «emancipación de género» como momento particular de la universalidad del proyecto comunista.
Un feminismo, por cierto, mucho más imbricado en el desarrollo de la práctica de multitud de comunistas, incluso de aquellos que dicen rechazarlo frontalmente.
Para tal fin, iniciamos nuestro artículo ubicando el feminismo en el momento histórico actual, deslindándolo en los dos campos en pugna y centrándonos en aquél que generalmente es comprendido como su «ala izquierda».
Seguimos con el análisis del otro «bando», aquél que, amparándose en el materialismo vulgar, dice defender verdaderamente a la mujer. Realizamos un repaso al variopinto ejército de la «Razón», conformado por los defensores conscientes o inconscientes del feminismo «derechista».
Luego, ante el sistemático recurso a un «materialismo» burdo como caballo de Troya de la reacción, y ante un idealismo constructivista que tiene en el moralismo su única proyección política, introducimos la restitución del materialismo verdaderamente dialéctico
como condición de posibilidad para depurar las desviaciones que, como hemos demostrado, abundan en «nuestras» filas.
Finalmente, y antes de lanzar nuestras breves conclusiones, volvemos al inicio para enfrentar las posiciones del feminismo interseccional «progresista», incapaz de destruir el orden dado, excelente en lo tocante a reforzarlo.
Eso sería todo, camaradas. Esperamos que este artículo os sea de utilidad y, como siempre, esperamos vuestras aportaciones, correcciones y sugerencias. ¡Saludos comunistas!
La historiografía burguesa hace un énfasis histriónico en las particularidades de todos y cada uno de los señores de la guerra que se alzaron en China entre 1916 y 1949, tal vez en aras de reducir la participación de los comunistas chinos a otra «mera fracción» opositora más.
La realidad, sin embargo, es que tras la caída de la dinastía Qing existe una pugna por el poder en el bando de los revolucionarios del Tongmenghui, cuyas facciones se agrupan, a grandes rasgos, en dos polos. Por un lado, los caudillos militares, que se arremolinan en gran
medida alrededor de Yuan Shikai hasta su autoproclamación como emperador Hongxian en 1915. El poder militar busca la destrucción de la casa imperial en tanto que agente centralizador, mas no persiguen, ni consciente ni decididamente, un cambio esencial en la fisonomía del país.
Pero, ¿qué necesita el trabajador? ¿Más reformas? ¿Más «democracia»? ¿Menos inmigrantes -es decir, menos trabajadores-? No, lo que necesita el trabajador es un fusil, el conocimiento y la determinación para usarlo. Organización, formación y combate.
El discurso de la izquierda social-liberal puede ser más o menos inflamado, más o menos centrado en la «lucha salarial». El capitalismo es cíclico, y después de la guerra que se aproxima vendrá otra. Tras la siguiente crisis, vendrá otra más. El trabajador morirá a los sesenta o
a los ochenta, y dejará atrás una vida miserable pero más o menos soportable. ¿Qué significa eso de que «la izquierda haga bien su trabajo? Porque el PSOE hizo un trabajo ejemplar durante la transición. Ejemplar para los intereses de la burguesía, claro.
Primero, y de entrada, España es uno de los países en los que más horas se trabaja en toda la Unión Europea. Aquí el gráfico, en que encontramos a los trabajadores desglosados por número de horas trabajadas.
Sigamos con la media de productividad. Al ser Vaquero pequeñoburgués tal vez se lamente por la exigua plusvalía que recibe, pero la baja productividad relativa a otros países de la UE responde a su menor tecnificación. Veamos la productividad media mensual por tamaño de empresa.
Hoy, día del Trabajador, presentamos nuestro órgano de expresión, Kursant, para el que hemos estado trabajando largo tiempo. Pretendemos que esta sea nuestra humilde contribución al desarrollo del movimiento comunista y en pos de la revolución.
Arrancamos nuestra publicación con un artículo breve que sintetiza las tareas fundamentales que debe atender el movimiento comunista en la hora actual. A nuestro entender, son las siguientes:
1. El estudio de la teoría comunista y del actual desarrollo del capitalismo. La difusión de la teoría debe ir dirigida a aquellos elementos más avanzados de entre el proletariado, indistintamente de si pertenecen a una organización revisionista o de si están huérfanos de ella.
Camaradas, en la víspera del 1 de mayo del año 2024, el panorama es desolador. La guerra acecha, la bestia negra de la reacción es recuperada por la burguesía, el proletariado se encuentra desangelado, y el comunismo, parece, sigue aletargado. Vivimos tiempos difíciles.
Pero, tal vez por ello, interesantes. La velocidad frenética con la que parece transcurrir la historia ha hecho olvidar que han pasado ya 33 años desde la caída de la Unión Soviética, que para 1991 solo era una sombra de lo que fue. Esperamos que, de aquí a unos años, la URSS
sea recordada como nuestra particular Comuna de París, como el experimento más reciente, aunque falible, que la humanidad trabajadora realizó en su camino a su liberación. Mañana tendremos mucho que decir, pero hoy, 30 de abril,
La CEOE se apresura a pedir facilidades para la contratación de mano de obra inmigrante con tal de cubrir «determinadas» vacantes de empleo. Y con «determinadas» todo el mundo sabe que se refieren justamente a aquellas que cubren, por norma general, la mano de obra barata.
Por su parte, los movimientos fascistas se encargan de ayudar a mantener la barrera económica y social entre la población autóctona y la inmigrante, contribuyendo a los estereotipos y el racismo existentes.
Tal y como se desarrolla aquí, los orígenes del fascismo alemán se enraízan en los conflictos existentes entre los migrantes checos y los trabajadores locales. Los primeros, fuerza de trabajo más barata, tendían a reducir el valor de la de los alemanes.