Este –presunto– segundo intento de asesinato de Trump es otro peldaño más en la escalada de violencia política en los Estados Unidos, que roza los máximos históricos de las últimas décadas. Y una violencia que no se dirige únicamente contra el proletariado.
La sociedad estadounidense está «polarizada» en base a paradigmas nítidamente burgueses. Por un lado, el «progresismo» abanderado por el Partido Demócrata, por el otro, el reaccionarismo del Partido Republicano, sometido por el fascismo que Trump galvaniza.
Esto demuestra que el Estado estadounidense está perdiendo la capacidad de sostener su dominación «normal». No es de extrañar en un país con una desigualdad en la distribución de la riqueza por encima de la de la Francia pre-revolucionaria,
y con unas condiciones de vida que, en términos generales y sostenidos, no dejan de empeorar. Esto se debe a multiplicidad de factores internos y externos que no desarrollaremos aquí. Pero, en suma, las superganancias con las que el monopolismo americano se dedicaba a sobornar
a su proletariado; aquellas que empezó a entregar como fuel para incrementar el consumo y como elemento para combatir la amenaza del bloque comunista, están en tela de juicio. Los Estados Unidos pierden su economía, y el sistema social que desmantelaron hace ya décadas
ha sido reemplazado por un aparato represivo profundamente militarizado. Esto también es «razonable» –bajo sus parámetros–, teniendo en cuenta que hay alrededor de 350 millones de armas de fuego en el país, muchas de ellas de calibre militar.
La violencia en los Estados Unidos no se dirige contra un auge proletario que no existe. Las huelgas del sector ferroviario y automovilístico, así como las del Starbucks, paradigmáticas del nivel de organización obrera, no preconizan ninguna revolución proletaria.
Recuerdan –mucho más– a los claudicadores movimientos de la American Federation of Labor durante la Gran Huelga Ferroviaria de 1922. Ni toda la violencia estatal está dirigida contra el movimiento revolucionario –siquiera contra un movimiento que lo sea aparentemente –;
ni el fascismo se dirige únicamente contra el comunismo, sino que su aparición se corresponde con los momentos de crisis general. No negamos el potencial del proletariado americano, como tampoco negamos la pulsión progresista de una parte nada desdeñable del mismo.
Lo que consideramos preciso esclarecer es que el incremento de los niveles de violencia política no presupone necesariamente una escalada revolucionaria, del mismo modo que la guerra civil abierta o la escalada represiva no son patrimonio exclusivo de la lucha anticomunista.
Los Estados Unidos se ven inmersos en una profunda crisis que amenaza con poner fin a su existencia –al menos, tal y como la conocíamos hasta la fecha–. El irracionalismo fascista aflora en cada esquina –de ello hablamos en este tuit–,
y en la crisis que se avecina, nos tememos, el proletariado jugará un papel muy secundario. Ahora, y esto es verdaderamente importante, es del todo necesario que nos preparemos para trabajar en las condiciones que se avecinan.
Un «apagón» geopolítico de este calibre presenta innumerables retos, pero también grandísimas oportunidades.
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Como el señor Paco Arnau ha tenido a bien bloquearnos porque no le ha gustado nuestra aportación, volvemos a compartir este hilo con algunas consideraciones sobre la nueva esperanza «comunista» del socialfascismo patrio.
Veamos el «comunismo» de Wagenknecht: 1. Impuesto progresivo a las grandes fortunas para reforzar la industria estratégica del país, pero las herencias y el patrimonio inmueble no se tocan. 2. El Estado fuerte para frenar «los grandes monopolios extranjeros».
De los monopolios nacionales solo se dice que: «Allí donde los monopolios son inevitables, la actividad de los proveedores que no agregan valor deben ser delegadas. La industria alemana es la espina dorsal de nuestra prosperidad y debe ser preservada».
El «comunismo» de Wagenknecht: 1. Impuesto progresivo a las grandes fortunas para reforzar la industria estratégica del país, pero las herencias y el patrimonio inmueble no se tocan. 2. El Estado fuerte para frenar -y citamos el programa- «los grandes monopolios extranjeros-.
De los monopolios nacionales solo se dice que: «Allí donde los monopolios son inevitables, la actividad de los proveedores que no agregan valor deben ser delegadas. La industria alemana es la espina dorsal de nuestra prosperidad y debe ser preservada».
3. «Bien común nacional» y soberanismo. O, lo que es lo mismo, fortalecer a la clase nacional -la gran burguesía alemana- y a su herramienta de dominación, el Estado, con tal que Alemania -y volvemos a citar-: «el objetivo es una Europa independiente de democracias soberanas».
A día de hoy, y según los datos del Ministerio de Interior, hay poco menos de 11.000 inmigrantes irregulares en España, un 0,02% del total de la población. Lo que el ejecutivo de Sánchez está haciendo aquí es aprovecharse de la existencia de una minoría absolutamente desangelada
para realizar propuestas que la burguesía y su Estado están dispuestos a cumplir pero que no suponen un cambio sustancial en el modelo demográfico. Dicho de otro modo, si el tanteo mediático les granjea buenos resultados, los telediarios pronto estarán colmados de recortes
de las expulsiones forzosas de este estrato del ejército de reserva. Este movimiento, como señala aquí @NombreFalso1231, se debe al viraje a la derecha del discurso político público. Pero discrepamos en aquello de que el PSOE haya comprado sus marcos.
Primero: Sánchez no ha ofrecido regularizar a 250.000 mauritanos, sino que ha afirmado que España necesita tal cantidad de inmigrantes al año.
Segundo: Mauritania, como Marruecos, actúa como frontera política de España «a coste político cero». Dicho de otra forma,
el gobierno español paga con «calderilla» a ambos países para que sean ellos los que contengan las oleadas migratorias. Y decimos que pagan con calderilla porque 300 millones de euros constituyen poco más del 1% de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2023.
Este es el único modo en que se puede sostener la burguesía de este país: expoliando los países bajo su yugo e importando a su proletariado para explotarlo en suelo patrio. Cuando las condiciones degeneran, cuando una compra en el LIDL ya no cuesta 30 euros, sino 130,
Hoy quisiéramos hablar sobre la ideología de los grandes magnates de las tecnológicas norteamericanas: la <<Ilustración oscura>> o el <<Movimiento Neoreaccionario>>, que, de forma sintética, viene a proponer un <<tecnofeudalismo>>.
Antes de entrar en materia debemos aclarar que si hablamos sobre esta corriente no es a modo de <<curiosidad>>, sino porque revela la idiosincrasia de una fracción de la gran burguesía y del modelo de fascismo que desea implantar.
Es preciso señalar también que @JaimeCaroM ya hizo en su momento la que - a nuestro conocimiento- es la primera introducción a este tema en español.
El CEO de Telegram, Pavel Durov fue detenido en Francia este sábado bajo el pretexto del uso de la aplicación para encubrir pedofilia, tráfico de drogas y otros crímenes.
No es la primera vez que ocurre algo similar con una empresa tecnológica, en 2018 Estados Unidos ordenó a Canadá detener a la vicepresidenta e hija del CEO de Huawei, supuestamente por fraude, en plena tensión diplomática con China.
Y es que las empresas tecnológicas tienen un papel crucial en la guerra interimperialista: Amazon o Alibaba Group son proveedores cruciales de material civil readaptado para la guerra de Ucrania, por ejemplo.