Hoy, a un año de la Operación «Inundación de Al-Aqsa», es de vital importancia comprender el mayor aprendizaje que ésta aporta al proletariado internacional. En estos tiempos oscuros en los que el liquidacionismo medra entre las ruinas del comunismo mundial,
la resistencia palestina señala el camino para los condenados de la Tierra. Y no lo hace mediante premisas morales. Ésta no simboliza la lucha «del bien contra el mal», como muchos se empecinan en afirmar. El genocidio en curso, consecuencia de la guerra de resistencia,
representa la forma más descarnada que la barbarie capitalista es capaz de desencadenar. El imperialismo sionista, respaldado por occidente, está poniendo en práctica los más elevados métodos de aniquilación industrial que la humanidad ha presenciado en décadas.
No obstante, plantear esta confrontación en términos idealistas conduce al camino de las componendas con las facciones biempensantes de la burguesía. Terminar reclamando como consigna que el Estado de turno rompa relaciones con Israel es la demostración más evidente.
Y, por otro lado, se trata de una reclamación de lo más absurda por su imposibilidad de realizarse. Por contra, ante la impotencia que hoy nos es propia, la tarea de los comunistas consiste en analizar estos sucesos remitiéndose al horizonte revolucionario.
Porque hoy, hace un año, una miríada de grupos con una integridad organizativa dudosa, unos medios materiales cuasi-nulos y una logística de «papel y lápiz» lograron poner en jaque -si bien brevemente- a uno de los ejércitos y aparatos de inteligencia más poderosos del mundo.
Y todo ello en base a un grado de convencimiento inquebrantable cimentado en la amenaza de la aniquilación. Uno que no se reduce al combatiente, sino al «civil» palestino que lo cobija, que posibilita su guerrilla.
Es curioso que aquellos que propalan la impotencia, aquellos que afirman que la revolución armada no es posible a día de hoy por la «asimetría» de las fuerzas en liza, no sean capaces de extraer la decisiva lección que los acontecimientos ponen encima de la mesa.
Ayer, como hoy, la revolución armada sigue siendo posible. Y la esperanza en el anhelado avance democrático del comunismo, visto el grado de violencia desplegado por el capitalismo en descomposición, o es una entelequia o una propuesta directamente contrarrevolucionaria.
Próximamente publicaremos un artículo ahondando en el aspecto técnico-militar en el mundo moderno. Del mismo modo, os volvemos a facilitar nuestro -breve artículo- desglosando los elementos más esenciales de la guerrilla: kursant.website/guerra-de-masa…
Respecto a Palestina, lo único que le debemos a nuestros camaradas es trabajar a marchas forzadas para la reconstitución del comunismo internacional, condición de posibilidad de la erradicación de la barbarie imperialista.
¡LARGA VIDA A LA RESISTENCIA PALESTINA!
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Hoy venimos a hablar de la vivienda en la Unión Soviética, un tema en boga del que se suele hablar sin conocimiento de causa. El hilo concluirá alrededor de 1945 e intentará ser breve, así que nos dejaremos muchas cosas en el tintero.
El 8 de noviembre de 1917, el IIº Congreso de Diputados, Obreros y Campesinos aprobó el «Decreto Sobre la Tierra». De este texto nos interesan los artículos 1, 2 y 4, que instituirán el marco legal de la propiedad sobre la tierra:
La vivienda, siendo una mercancía «adscrita a la tierra», seguirá una lógica similar. Es decir: la vivienda pertenece a la totalidad del pueblo soviético y el Estado Socialista, la dictadura del proletario organizado, será su gestor.
Trabajo se abre a no hacer absolutamente nada. Para los sectores en los que la contabilización del tiempo es una broma -como la hostelería- este cambio no significa nada. Para el resto, la media es de unas 37 horas trabajadas semanalmente, y este cambio tampoco significará nada.
Aquí la tabla del INE. Y esta «generosa» reducción de la jornada será recompensada a la patronal. Tal y como lo leéis: el Gobierno pagará a la patronal con el dinero del contribuyente a cambio de absolutamente nada.
Y CCOO, UGT y demás alimañas, como buenos apéndices del Estado que son, promocionan esta farsa como un gran éxito. De su camarilla de faraones sindicales y a sus cuadros expertos en devorar marisco ya no se puede esperar ni una manifestación simbólica.
Si algo ha demostrado la Historia es que el Estado burgués es el mayor enemigo del comunismo. El rechazo visceral hacia los «comunistas» que ganan elecciones burguesas debería ser practicada sin dudar. Pero es que lo del Frente Popular de Liberación cingalés es fascismo.
El ascenso de Kumara y del FPL empieza en el 2004, momento en que movilizan a la clase trabajadora cingalesa a favor de la coalición de gobierno: la Alianza de la Unión de los Pueblos por la Libertad, encabezada por el ultraderechista Partido de la Libertad de Sri Lanka.
¿La razón? Hacer efectiva la «Unión nacional» en la guerra contra los Tigres de Liberación del Eelam Tamil, organización militar del pueblo Tamil. Desde la victoria en el 2009, el gobierno cingalés ha seguido con su limpieza étnica empleando armamento pesado contra civiles,
«Este es un festival de ideas y cada uno tiene que expresar las suyas» resume perfectamente el fetichismo intelectual de este grupúsculo estrechamente vinculado al socio-liberalismo europeo.
Mientras «expresa» su rechazo al genocidio palestino sigue siendo cómplice a través del apoyo al Estado de Israel a través de su participación en los gobiernos y su complicidad con la burguesía imperialista.
El cinismo de la intelectualidad pequeñoburguesa es tal que ante un desesperado intento de protesta en contra del genocidio solo les queda apelar a la «libre exposición de ideas».
Este –presunto– segundo intento de asesinato de Trump es otro peldaño más en la escalada de violencia política en los Estados Unidos, que roza los máximos históricos de las últimas décadas. Y una violencia que no se dirige únicamente contra el proletariado.
La sociedad estadounidense está «polarizada» en base a paradigmas nítidamente burgueses. Por un lado, el «progresismo» abanderado por el Partido Demócrata, por el otro, el reaccionarismo del Partido Republicano, sometido por el fascismo que Trump galvaniza.
Esto demuestra que el Estado estadounidense está perdiendo la capacidad de sostener su dominación «normal». No es de extrañar en un país con una desigualdad en la distribución de la riqueza por encima de la de la Francia pre-revolucionaria,
Como el señor Paco Arnau ha tenido a bien bloquearnos porque no le ha gustado nuestra aportación, volvemos a compartir este hilo con algunas consideraciones sobre la nueva esperanza «comunista» del socialfascismo patrio.
Veamos el «comunismo» de Wagenknecht: 1. Impuesto progresivo a las grandes fortunas para reforzar la industria estratégica del país, pero las herencias y el patrimonio inmueble no se tocan. 2. El Estado fuerte para frenar «los grandes monopolios extranjeros».
De los monopolios nacionales solo se dice que: «Allí donde los monopolios son inevitables, la actividad de los proveedores que no agregan valor deben ser delegadas. La industria alemana es la espina dorsal de nuestra prosperidad y debe ser preservada».