A pesar de las diferencias formales que requiere cada aspecto de dictadura burguesa, los desmanes del nuevo Führer de Andorra muestran perfectamente la conjunción entre liberalismo y fascismo.
Y es que no se trata de ninguna contradicción el hecho de que este ser que vive crónicamente online haya pasado alegremente del liberalismo al fascismo de un tiempo a esta parte. La defensa a ultranza de la propiedad privada requiere precisamente de este «salto» lógico.
En tiempos de bonanza se les llena la boca con «la libertad». Libertad de opinión, de acción, de pensamiento, etc. Pero todo esto son entelequias. En realidad, lo que quieren es tener la libertad para seguir explotando y reproduciendo su condición de burgués.
Cuando se aproxima una crisis y, sobre todo, si existe un movimiento obrero organizado -principalmente si este presenta un horizonte comunista- que haga peligrar su posición de clase,
la burguesía suprime todas estas libertades y despliega en toda su expresión el - siempre latente - verdadero papel del Estado.
Ese mismo aparato del que tanto se quejan por «quitarles su dinero con impuestos», es el mismo al que corren a refugiarse cuando requieren dirigirlo de forma terrorista y descarnada hacia el proletariado.
Aunque, irónicamente, propongan justamente desviar parte de sus ganancias a financiar ese Estado de emergencia.
Los nuevos seguidores del fascismo de viejo tipo no han tardado en mover la cola ante el señorito para prestarle sus servicios:
Como bien resumió Dimitrov en «El fascismo y la clase obrera»: El fascismo en el poder, camaradas, es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.
Ahora bien, existe dentro del Movimiento Comunista cierta desviación moralista respecto a la cuestión del Estado y la represión. Las quejas sobre los recortes de derechos y libertades en abstracto sirven más bien de poco.
Añorar la democracia burguesa ante el auge de la extrema derecha significa ceder ante el papel que debe cumplir el fascismo, hacer pasar la democracia burguesa como aquel estado deseable al que volver una vez se ha reprimido suficiente a la población.
Por eso los comunistas no debemos hacer alegatos en contra de la violencia o la represión, lo que debemos preguntarnos es ¿Para qué clase es esa violencia?
Clasificar la represión del Estado como mala o buena solo sirve para caer en el sentido común democrático-burgués, presentar un Estado capitalista «deseable» frente a otro de «malo».
Esto anula la posibilidad de organizar un Estado de emergencia socialista, fruto de la destrucción del aparato burgués, que redirija sus herramientas represivas contra la burguesía. La violencia de clase no tiene un sentido moral, si no científico.
La fascistización de Europa no es ni «buena» ni «mala», es necesaria para mantener el modo de producción capitalista. La dictadura del proletariado no es ni «buena» ni «mala». Es necesaria para terminar con la dictadura de la burguesía.
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La manifestación de este domingo ha estado marcada por cierto escarnio colectivo al PSOE y a Sumar por su hipócrita participación oportunista. Pero el hecho de que se unan tan fácilmente a ella no es el problema, sino la demostración del carácter de esta huelga.
Esta «huelga» ha sido convocada desde arriba, por un sindicato reformista cuyas aspiraciones y horizonte apenas llegan a algo similar al 15-M.
Realizada un domingo para que se paralice la menor cantidad de actividad económica y asista el mayor número de gente ya de por sí desconectada de la política reformista.
Hoy, camaradas, la burguesía patria celebra su fiesta nacional, conmemoración de la reacción de este país. Así, ponemos a vuestra disposición un breve artículo sobre «El Día de la Raza»
➡️ kursant.website/el-dia-de-la-r…
Porque en estos tiempos de creciente nacionalismo y atraso, de confusión y desasosiego, es preciso recordar que «en cada nación moderna existen dos naciones»
La discontinuidad retórica y simbólica fruto de dos dictaduras y una mascarada democrático-burguesa no deben ser excusa para plantear una revolución democrática;
Hoy, a un año de la Operación «Inundación de Al-Aqsa», es de vital importancia comprender el mayor aprendizaje que ésta aporta al proletariado internacional. En estos tiempos oscuros en los que el liquidacionismo medra entre las ruinas del comunismo mundial,
la resistencia palestina señala el camino para los condenados de la Tierra. Y no lo hace mediante premisas morales. Ésta no simboliza la lucha «del bien contra el mal», como muchos se empecinan en afirmar. El genocidio en curso, consecuencia de la guerra de resistencia,
representa la forma más descarnada que la barbarie capitalista es capaz de desencadenar. El imperialismo sionista, respaldado por occidente, está poniendo en práctica los más elevados métodos de aniquilación industrial que la humanidad ha presenciado en décadas.
Hoy venimos a hablar de la vivienda en la Unión Soviética, un tema en boga del que se suele hablar sin conocimiento de causa. El hilo concluirá alrededor de 1945 e intentará ser breve, así que nos dejaremos muchas cosas en el tintero.
El 8 de noviembre de 1917, el IIº Congreso de Diputados, Obreros y Campesinos aprobó el «Decreto Sobre la Tierra». De este texto nos interesan los artículos 1, 2 y 4, que instituirán el marco legal de la propiedad sobre la tierra:
La vivienda, siendo una mercancía «adscrita a la tierra», seguirá una lógica similar. Es decir: la vivienda pertenece a la totalidad del pueblo soviético y el Estado Socialista, la dictadura del proletario organizado, será su gestor.
Trabajo se abre a no hacer absolutamente nada. Para los sectores en los que la contabilización del tiempo es una broma -como la hostelería- este cambio no significa nada. Para el resto, la media es de unas 37 horas trabajadas semanalmente, y este cambio tampoco significará nada.
Aquí la tabla del INE. Y esta «generosa» reducción de la jornada será recompensada a la patronal. Tal y como lo leéis: el Gobierno pagará a la patronal con el dinero del contribuyente a cambio de absolutamente nada.
Y CCOO, UGT y demás alimañas, como buenos apéndices del Estado que son, promocionan esta farsa como un gran éxito. De su camarilla de faraones sindicales y a sus cuadros expertos en devorar marisco ya no se puede esperar ni una manifestación simbólica.
Si algo ha demostrado la Historia es que el Estado burgués es el mayor enemigo del comunismo. El rechazo visceral hacia los «comunistas» que ganan elecciones burguesas debería ser practicada sin dudar. Pero es que lo del Frente Popular de Liberación cingalés es fascismo.
El ascenso de Kumara y del FPL empieza en el 2004, momento en que movilizan a la clase trabajadora cingalesa a favor de la coalición de gobierno: la Alianza de la Unión de los Pueblos por la Libertad, encabezada por el ultraderechista Partido de la Libertad de Sri Lanka.
¿La razón? Hacer efectiva la «Unión nacional» en la guerra contra los Tigres de Liberación del Eelam Tamil, organización militar del pueblo Tamil. Desde la victoria en el 2009, el gobierno cingalés ha seguido con su limpieza étnica empleando armamento pesado contra civiles,