Cuando los comunistas planteamos la necesidad de «abolir la familia» no nos referimos a suprimir inmediatamente todo vínculo consanguíneo, como tampoco eliminar el reconocimiento social de la unión de dos personas para realizar su vida en común.
Abolir la familia es liberar al individuo de unos vínculos impuestos de manera espontánea y al margen de su voluntad; derribar las paredes del hogar en tanto espacio privado de reposición de la fuerza de trabajo; socializar la reproducción social y emancipar de ella a la mujer.
“La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica, franca o más o menos disimulada, de la mujer; y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales.”
–F. Engels, ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, 1884
Para la reacción pequeño-burguesa y oportunista la «familia obrera» representa un baluarte tradicional de resistencia a la vorágine de la sociedad capitalista. Los comunistas, en cambio, somos conscientes de la función de la familia en el sistema de dominación del orden burgués:
En el comunismo, una vez que las funciones económicas de la unidad familiar son socializadas en una entidad más amplia y superior, la institución clasista familiar se extingue y pasa a ser una unión de dos personas basada, por fin, en el libre acuerdo mutuo:
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𝗟𝗮 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗲𝗱𝗮𝗱 𝘀𝗲𝗻𝗶𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼: la principal amenaza para la fase actual de reconstitución ideológica en nuestro presente histórico entre dos ciclos revolucionarios (hilo).
Recientemente, fue presentada ante el conjunto de la vanguardia la forma acabada de una fracción derechista surgida del seno de la Línea de Reconstitución.
Este fenómeno de desviación oportunista desde el seno de la organización hasta cristalizar en Línea Oportunista de Derecha (LOD), por “novísimo” que pueda parecer, ya fue igualmente combatido a fondo por el PCR hace 20 años.
𝗘𝗻 𝗱𝗲𝗳𝗲𝗻𝘀𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗿𝗿𝗼𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗿𝗲𝘃𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼: el posicionamiento internacionalista del Comité por la Reconstitución ante el escenario de Guerra y Reconstitución y las tareas actuales de los comunistas.
Hilo:
1. El derrotismo revolucionario expresa el aspecto principal de la fórmula leniniana contra la guerra reaccionaria (imperialista), es decir; que oponer la guerra a la guerra pasa por vincular la derrota de “nuestro” Gobierno con la perspectiva estratégica de la RPM:
2. En el plano histórico, es la consigna universal –y de unidad internacionalista– que ha de enarbolar el proletariado de los países imperialistas (no así el de los países oprimidos) ante la tendencia ineluctable del capitalismo hacia la Guerra abierta y la masacre entre pueblos.
La indigencia ideológica del MC en general –huérfano de la ideología revolucionaria tras más de 30 años del fin del Ciclo de Octubre– cristaliza en el sentido común economicista de «estar» y «participar» en todos los «espacios» y frentes de las masas.
Esta táctica, fruto del paradigma espontáneo de la revolución burguesa (1789-1917) del que se nutrió el viejo ciclo, que no dejaba de vincular a la vanguardia revolucionaria con las masas como dos elementos extraños en relación de exterioridad, fue desarrollada
durante la amplia experiencia del pasado ciclo hasta agotar todo el potencial y las posibilidades revolucionarias que las premisas históricas del Ciclo de Octubre (entrelazamiento entre revolución burguesa y proletaria) podían contener.
En medio de la derrota actual del comunismo y sin mediar aún su reconstitución, que un cuadro comunista “participe” en el movimiento burgués (espontáneo) de masas no coadyuva, ni por asomo, a transformar al movimiento en comunista sino al cuadro comunista en burgués.
“Las masas de las que fundamentalmente aprende la vanguardia proletaria son las masas de avanzada de la historia, las que protagonizan los momentos decisivos y determinantes de la misma,
las que se encuentran en las encrucijadas de los saltos cualitativos que marcan el devenir de la humanidad, no las dadas en la empírica inmediatez circundante.”
–Comité por la Reconstitución, Línea Proletaria nº 0, 2016
Esta brillante reflexión del joven Marx nos señala a los comunistas algo de especial relevancia: que nuestra mayor motivación y “vocación” en la vida –nuestra “realización personal”– pasa por aspirar a convertirnos en 𝗰𝘂𝗮𝗱𝗿𝗼𝘀 𝗿𝗲𝘃𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀.
La educación, la conciencia y la toda la cultura de la sociedad burguesa moldean al individuo medio para explotar su talento, su habilidad y vocación individuales en cualesquiera de las múltiples profesiones , oficios y ocupaciones ultraespecializadas y subordinadas por entero
a la lógica de la mercancía, la extracción y/o distribución de plusvalía y la reproducción de la tasa de ganancia.
En la sociedad burguesa, cada individuo particular, preocupándose por sí mismo, conformándose con “realizarse” en y por su profesión, se limita a participar,
Frente a un chovinismo cada vez más hegemónico –que erige en sujeto a la nación– los comunistas debemos defender los principios universales de la Revolución Proletaria y del internacionalismo proletario contra los prejuicios nacionales de esta lacra oportunista:
1. Los proletarios conscientes no nos apegamos a una “tierra española” ni España “nos pertenece”. Somos parte de una causa superior al territorio delimitado de una patria o de una “cultura nacional” (ya sea española, inglesa, rusa, etc.):
2. El comunismo, por su contenido, eleva al proletariado, no a la “condición de clase nacional” –como tergiversan estos oportunistas–, sino a la condición de clase revolucionaria, dirigiendo su lucha de clase a la unión internacional de los obreros y a la fusión de las naciones.