Sobre esto, un par de apuntes. Los Arditi del Poppolo no eran «antifascistas» en el sentido actual, sino un grupo heterogéneo con un marcado carácter «proto-fascista» en sus inicios. El grueso de sus integrantes rasos, de hecho, provenía de los Arditi fiumeses,
la tropa de choque con la que D’Annunzio, también «proto-fascista», estableció un pequeño feudo en la actual ciudad de Rijeka. Sobre esto hablamos aquí:
Sobre su carácter ideológico inicial, creemos que las palabras de Argo Secondari, su fundador, son bastante explícitas:
Luego, los Arditi son más bien un «excedente», si se quiere decir así, del fascismo naciente, el ala más izquierdista de un movimiento que inicialmente se presentaba como obrerista, republicano radical y, en su faceta D’Annunziana, claramente anarquizado.
Es preciso recordar también dos cosas más. La primera es que, aunque algunos de los cuadros de los Arditi habían sido fascistas –Alceste de Ambris– o lo terminarían siendo –Mario Carli–, el carácter del grupo iría mutando.
La segunda es que los Arditi pasarían a estar bajo el control del PSI después de esta transformación, y su objetivo sería el de restaurar el orden burgués.
En cierto modo, los Arditi se convirtieron en una versión embrionaria, pero todavía más ecléctica e indefinida de lo que serían los frentes populares.
Que, a pesar de ser una iteración muy superior en el concepto de alianza táctica, a @Volodia___ no le acaban de gustar. En relación a esta cuestión en particular –la de los Arditi–, y sin que sirva de precedente, aquí coincidimos con Bordiga.
No creemos que fundirse con el que acabaría siendo el brazo militar de un partido con una política de apaciguamiento contra el fascismo fuera la mejor idea.
El PCI no disponía ni de las fuerzas, ni del rodaje, ni del apoyo necesarios para maniobrar solventemente en un terreno tan pantanoso.
Hoy, en una España plenamente imperialista, el fascismo no será aupado «desde fuera» de las instituciones en la forma de escuadrismo insurreccionalista, sino que emanará directamente de ellas. La única forma solvente de frenar el fascismo, nos parece, es derrocar a la burguesía.
No existe duda alguna de que el himno del proletariado es «la Internacional», escrito en 1871 por Pottier y musicalizado en 1888 por Degeyter. Pero la «Varsoviana» se postuló, al menos durante un tiempo, como firme sustituta.
Volvamos atrás en el tiempo, concretamente a la Polonia de 1883. Para este momento, Polonia era una de las regiones más desarrolladas del Imperio Ruso –junto con Finlandia–. Dada su cercanía con la Europa occidental,
sus conexiones terrestres y fluviales con Alemania, y su riqueza mineral, Polonia había iniciado un proceso de industrialización y urbanización de una escala considerable. La última insurrección nacional, el Levantamiento de Enero de 1863,
A pesar de las diferencias formales que requiere cada aspecto de dictadura burguesa, los desmanes del nuevo Führer de Andorra muestran perfectamente la conjunción entre liberalismo y fascismo.
Y es que no se trata de ninguna contradicción el hecho de que este ser que vive crónicamente online haya pasado alegremente del liberalismo al fascismo de un tiempo a esta parte. La defensa a ultranza de la propiedad privada requiere precisamente de este «salto» lógico.
En tiempos de bonanza se les llena la boca con «la libertad». Libertad de opinión, de acción, de pensamiento, etc. Pero todo esto son entelequias. En realidad, lo que quieren es tener la libertad para seguir explotando y reproduciendo su condición de burgués.
La manifestación de este domingo ha estado marcada por cierto escarnio colectivo al PSOE y a Sumar por su hipócrita participación oportunista. Pero el hecho de que se unan tan fácilmente a ella no es el problema, sino la demostración del carácter de esta huelga.
Esta «huelga» ha sido convocada desde arriba, por un sindicato reformista cuyas aspiraciones y horizonte apenas llegan a algo similar al 15-M.
Realizada un domingo para que se paralice la menor cantidad de actividad económica y asista el mayor número de gente ya de por sí desconectada de la política reformista.
Hoy, camaradas, la burguesía patria celebra su fiesta nacional, conmemoración de la reacción de este país. Así, ponemos a vuestra disposición un breve artículo sobre «El Día de la Raza»
➡️ kursant.website/el-dia-de-la-r…
Porque en estos tiempos de creciente nacionalismo y atraso, de confusión y desasosiego, es preciso recordar que «en cada nación moderna existen dos naciones»
La discontinuidad retórica y simbólica fruto de dos dictaduras y una mascarada democrático-burguesa no deben ser excusa para plantear una revolución democrática;
Hoy, a un año de la Operación «Inundación de Al-Aqsa», es de vital importancia comprender el mayor aprendizaje que ésta aporta al proletariado internacional. En estos tiempos oscuros en los que el liquidacionismo medra entre las ruinas del comunismo mundial,
la resistencia palestina señala el camino para los condenados de la Tierra. Y no lo hace mediante premisas morales. Ésta no simboliza la lucha «del bien contra el mal», como muchos se empecinan en afirmar. El genocidio en curso, consecuencia de la guerra de resistencia,
representa la forma más descarnada que la barbarie capitalista es capaz de desencadenar. El imperialismo sionista, respaldado por occidente, está poniendo en práctica los más elevados métodos de aniquilación industrial que la humanidad ha presenciado en décadas.
Hoy venimos a hablar de la vivienda en la Unión Soviética, un tema en boga del que se suele hablar sin conocimiento de causa. El hilo concluirá alrededor de 1945 e intentará ser breve, así que nos dejaremos muchas cosas en el tintero.
El 8 de noviembre de 1917, el IIº Congreso de Diputados, Obreros y Campesinos aprobó el «Decreto Sobre la Tierra». De este texto nos interesan los artículos 1, 2 y 4, que instituirán el marco legal de la propiedad sobre la tierra:
La vivienda, siendo una mercancía «adscrita a la tierra», seguirá una lógica similar. Es decir: la vivienda pertenece a la totalidad del pueblo soviético y el Estado Socialista, la dictadura del proletario organizado, será su gestor.