La cultura política del revisionismo es un obstáculo para el desarrollo de las tareas revolucionarias. Girando siempre en torno a los problemas del día mundo burgués, se pone a la cola del devenir espontáneo de la sociedad burguesa y, por ello, se incapacita [1/13]
para abordar las tareas del desarrollo del proletariado como clase. Porque entre los problemas que el devenir espontáneo de la sociedad burguesa pone en su orden del día no se encuentra el problema de la revolución proletaria. [2/13]
Elevarse a este último género de problemas (como son los que impone reanudar la Revolución Proletaria Mundial tras el cierre del Ciclo de Octubre) exige la mediación de la conciencia, pues requiere la comprensión de todo el «proceso social contemporáneo» (Lenin). [3/13]
Un ejemplo, que sólo surge de analizar el cambio de condiciones históricas tras todo un ciclo de revoluciones, es el problema de la Universidad Obrera, desde donde se entiende el lugar que ocupa hoy la formación teórica: [4/13]
Pero la perspectiva empirista del revisionismo le hace rebajarse a los problemas que preocupan a las masas circundantes o a los problemas de la reproducción y crecimiento cuantitativo del chiringuito propio. [5/13]
Todo se dirime en torno a la gestión de elementos ya dispuestos en lo inmediato, siendo la preocupación constante el «cómo ganarse a las masas» o «cómo dirigirlas», que resuelve con medios burocrático-organizativos. [6/13]
La ideología sólo aparece en segundo lugar como un instrumento para resolver los problemas de las masas y, en última instancia, como un reclamo publicitario. El marxismo se reduce a la peor faceta de una mera teoría política. [7/13]
Como decía ULP al analizar su trayectoria, el revisionismo en general (y la LOD en particular) personifica esta reducción de «los problemas históricos de la RPM a una cuestión de construcción política-organizativa»: [8/13]
La LOD ejemplifica bien este menosprecio de la teoría. Por ejemplo, mientras dice que el MS coincide con el «revisionismo clásico» y extiende «ideas anticomunistas», la LOD también afirma que el MS está creando un «buen clima» en la vanguardia (Adelante, p. 65). [9/13]
Es decir, que, para la LOD, la ideología revolucionaria y su recuperación es irrelevante para la creación de un «buen clima» en la vanguardia. La LOD celebra abiertamente un ambiente de vanguardia en el que impera el revisionismo y el anticomunismo, pues [10/13]
la LOD no sólo ha tomado del revisionismo las trilladas acusaciones que poder lanzar a la LR (“teoricismo”, “sectarismo”, “aislacionismo”...), sino que también ha encontrado en él una cultura política que encaja perfectamente con sus espurios intereses. [11/13]
Pues la LOD reduce todo a la creación de medios organizativos (o «canales y cauces») para «dinamizar la vida de la organización» (Adelante, p. 35), en coherencia con su estrecho interés de reproducir su propio chiringuito. [12/13]
Pero esta visión excluye las necesidades del proletariado revolucionario, y por ello esta cultura del revisionismo es un obstáculo para la creación de una cultura política a la altura de los intereses de la revolución. [13/13]
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¿Por qué la “Nueva estrategia socialista” del MS no es (ni puede ser) una verdadera estrategia comunista?
Vayamos al contenido del documento para comprobar por qué es un discurso solipsista y autorreferencial. (Hilo)
Como ahora mostraré (y como ellos reconocen, lo veremos), este documento está lleno de propuestas y puntos que son arbitrarios desde el punto de vista de la revolución, pues no se siguen del análisis de la experiencia revolucionaria ni de ningún razonamiento que la contemple,
sino que simplemente “repiten” lo que el MS ya es y lo que ya viene haciendo. Pero, ¿para qué hace falta una estrategia que simplemente diga “sigamos así, haciendo lo mismo que hacíamos cuando no teníamos un plan”? Es la justificación consciente de la práctica inconsciente.
La dialéctica entre el trabajo legal e ilegal (hilo)
Si Lenin luchó contra el liquidacionismo, que rechazaba la estructura clandestina del Partido, también confrontó el otzovismo, que rechazaba los medios legales de lucha. De fondo, estaba en juego la concepción del Partido.
Mientras que el liquidacionismo expresaba el modelo de construcción del partido de viejo tipo (al excluir las formas de organización propias de la vanguardia y “reducir a la baja” la estructura partidista, adaptándola al movimiento de masas), (+)
el otzovismo expresaba la desviación opuesta: la reducción del Partido a la organización ilegal de la vanguardia, dejando de lado los vínculos con las masas. Ambas se oponían al modelo leninista del Partido de Nuevo Tipo.
La clandestinidad de la vanguardia y el papel de la ideología (hilo)
En un hilo anterior [] mostrábamos la necesidad de que la vanguardia se pregunte por las necesidades de seguridad ante la guerra interimperialista. Pero, ¿qué debe proteger la vanguardia?
Esencialmente, el desarrollo de las tareas de la fase actual de la revolución, es decir, el avance en la reconstitución ideológica. Dicho en otras palabras, se trata de proteger la ideología revolucionaria en reelaboración en torno a la que la vanguardia se articula.
Con ese fin, veíamos que uno de los principios que se ponen de relieve es el carácter clandestino de la organización de vanguardia. El revisionismo suele afirmar que hoy en día, en las democracias occidentales, no tiene sentido la existencia de una organización ilegal, secreta.
La seguridad de los comunistas ante la guerra (hilo)
Como ha venido diciendo recientemente el Comité por la Reconstitución (CxR), el escenario internacional abierto con la guerra en Ucrania trae aparejadas una mayor represión y vigilancia a los comunistas.
Es natural: los estados imperialistas implicados en la conflagración no pueden permitirse dejar cabos sueltos en su interior. Aquí se enmarca la creciente tendencia a la militarización de la vida social y al mayor control y disciplinamiento de los elementos disidentes.
El Estado español está creando las condiciones para poder hacer frente a una Tercera Guerra Mundial en la que esté implicado como parte activa del bloque atlantista. Este escenario nos fuerza a pensar en la continuidad del proyecto revolucionario en esas condiciones.