"Después de mí, el diluvio", decía Marx refiriéndose a la burguesía, depredadora por naturaleza e indiferente a las consecuencias de sus propios actos. Afirmación que encaja a la perfección con el horror que el levante peninsular está experimentando.
La insaciable búsqueda de ganancias indujo al capital inmobiliario español a edificar en esta zona, de forma masiva y sin control alguno, sobre orillas de ríos y arrollos, terrenos altamente inundables. ¿Qué podría pasar?
Por si fuera poco, el inusitado conocimiento y dominio sobre la naturaleza del que se dispone (desarrollo de las fuerzas productivas), ha chocado una vez más con la dinámica interna de este modo de producción (valorización del valor).
Así pues, mientras AEMET lanzaba alertas avisando sobre el grave riesgo de lluvias torrenciales, la lógica del sistema empujaba a "no parar la máquina". Como en el COVID, la actividad productiva debe seguir su marcha, independientemente de las vidas que haya en juego.
El Estado, supuesto representante de la "sociedad", se revela como lo que es: expresión política de la dominación de la burguesía, organismo cuya función "público-reguladora" se encuadra dentro de los límites que le marcan los intereses de la clase capitalista.
De este modo, la Generalitat Valenciana lanzó una alerta a las 20.00h, cuando media comunidad estaba ya inundada, para que la gente no saliese de casa. Sálvese quien pueda.
Para más inri, el Gobierno Español, temeroso de "meter mano" en competencias ajenas, se lava él mismo las "manos", negándose a decretar Emergencia Nacional. Cosas del carácter "federalizante" del Estado de las Autonomías.
Todo esto en mitad de "llamamientos" por parte de la socialdemocracia española a los empresarios para que "dejen salir a sus trabajadores". El "poder de las palabras" frente al "poder del capital"; todo una síntesis de su papel dentro del gobierno español.
El resultado: la muerte de decenas de personas (especialmente proletarios que han acudido a trabajar, presionados por sus jefes, para no perder su curro) y miles de vidas destrozadas por una "catástrofe" que se puede prevenir con las fuerzas materiales de los que se dispone.
La contradicción entre el grado alcanzado por las fuerzas productivas (incluida la ciencia, especialmente relevante en este caso) y las relaciones de producción ha sido puesta de manifiesto una vez más por una gravísima crisis.
Compete a los comunistas trabajar por generar las premisas ideológicas, políticas y organizativas para derrocar a la burguesía y construir unas nuevas relaciones sociales donde el hombre no se vea dominado por ellas, sino que las regule conscientemente.
Ánimo a los afectados por este acto terrorista del capital y odio eterno a sus responsables directos y al sistema que personifican.
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A algunos les han saltado las alarmas por la futurible integración del movimiento por la vivienda dentro de los cauces institucionales: "nosotros no somos un nuevo 15-M interclasista" dicen.
Pues bien, además de la evidente extracción social interclasista del propio movimiento (donde la aristocracia obrera en proceso de proletarización es un contingente fundamental), la cuestión de la integración no se dirime tanto en términos "sociológicos" (+),
(+) sino más bien ideológico-políticos. Se trata de lo que la LR denomina "dialéctica masas-Estado"; a saber, el inevitable encuadramiento del movimiento espontáneo de resistencia dentro de las coordenadas y correas de transmisión del Estado burgués.
El otro día el camarada hablaba sobre el fenómeno "recons", caracterizado por el cliché y la vulgarización de la coherencia de la LR. En este hilo me gustaría añadir algunas ideas más sobre esta problemática, ligándolas con unas reflexiones de Engels:
No es casual que el fenómeno “recons”surgiera en la década pasada. Y es que la referencialidad relativamente explosiva que conquistó la LR en esa época tendió a traducirse en su aceptación formal, parcial y estereotipada por parte de quienes se aproximaban a ella.
Este fenómeno no es nuevo en la historia del marxismo. Así, la rápida difusión del marxismo a finales del XIX fue acompañada de su vulgarización. En respuesta a un fenómeno en parte parejo, Marx declararía “yo no soy marxista”. Y Engels criticaría a los (+)
Hoy se cumplen 153 años de la famosa Semana Sangrienta, donde la III República Francesa, haciendo honor a su transparente naturaleza burguesa, desplegó todos sus terribles mecanismos para librar la guerra de clases y cometer una masacre contra los comuneros parisinos.
Más de 10.000 partidarios de la Comuna fallecieron en los combates o fueron ejecutados sumariamente, a los que habría que sumar 43.000 detenidos, miles de ellos torturados y deportados a Nueva Caledonia.
Como dijo Marx, la burguesía no pudo perdonar al proletariado parisino su tentativa de violar el monopolio de gobierno de sus "superiores naturales"; el viejo mundo rabiaba ante el alzamiento de la Bandera Roja.
El PSOE, con su famosa habilidad para comprender tanto los intereses generales del Estado como los suyos propios, ha sabido leer y apoyarse sobre el sentido común feminista y su retórica burguesa ("cuidados", "salud mental", victimismo) para garantizar el éxito de su maniobra.
El PSOE ha sabido apoyarse también sobre el sentido común "democratista", tan extendido en la izquierda, que opone abstractamente progreso a reacción, es decir, los opone haciendo omisión de la lucha de clases, la única atalaya que puede determinar el contenido de estos términos.
Lo de esta semana ha sido un despliegue despreciable de estrategia politiquera, sí, pero también de capacidad de una parte de la burguesía para reconocer el ambiente y los consensos sociales predominantes y utilizarlos en su beneficio; una expresión de hegemonía burguesa.
Buenas de nuevo, centremos el debate. Te recuerdo que tu primer hilo hace referencia a un tuit (ver la captura de mi siguiente tuit) que acusa a la IC de promover una política nacionalista y antirrevolucionaria.
Tú sustituiste, convenientemente, la réplica a esta afirmación con prédicas sobre el trabajo de la Komintern en la creación de determinadas estructuras organizativas que supuestamente contribuirían a la revolución, porque "son clandestinas" o fomentan la militarización.
En tu nueva respuesta das largas a la crítica planteada en el tuit de @nevachange73121 y mueves la portería para centrar el debate en torno a si la política de la IC era tibia o agresiva. Pero es que la cuestión no es esa.
Hoy, como cada 14 de abril, los comunistas no tenemos nada que celebrar. Ni nos agazapamos bajo ninguna bandera nacional (solo tenemos una bandera: la del proletariado internacional), por muy tricolor que sea, ni reivindicamos ninguna República burguesa.
El Estado Español es una entidad capitalista plenamente desarrollada, despojada de todo vestigio medieval-feudal, por lo que quedan vetadas las fases intermedias. Hoy, el único programa congruente con las tesis comunistas es el programa máximo; no caben programas mínimos.
En otras palabras, frente a la reivindicación de la República como antesala al socialismo, los comunistas abogamos, simple y llanamente, por la dictadura del proletariado, por la revolución socialista.