De este saqueo, del de los millares de afectados que intentan conseguir lo que pueden, sí que hablan. No hablan de los jefes que mandaron a los obreros a morir, ni hablarán del «saqueo» que se avecina: el de la compra masiva de viviendas aprovechando los precios bajos,
el de todos los obreros afectados que no recibirán ni un duro, el de los fondos públicos destinados a «reparar» las grandes empresas, y el de las condiciones atroces que se avecinan en un territorio hostigado hasta quedar quebrado.
Hay más crímenes todavía. Tenemos, por ejemplo, la miríada de chupópteros, burgueses y fascistas que se aprovechan del desastre para hacer propaganda. Desde Ortega hasta Iker Jiménez, todos son solidarios porque aquí hay pela y buena prensa.
Y si seguimos un poco más tenemos a los respetables agentes del orden y la ley, que aprovechan un desastre de una magnitud sin precedentes para hinchar el pecho y practicar el matonismo impunemente.
La misa es laica, el funeral es de Estado, y la defensa, claro está, es de la propiedad privada. El pueblo que coma mierda y que sus cadáveres se pudran entre el lodo y el acero.
Es FUNDAMENTAL no dar pábulo ni cuartel a este tipo particular de propaganda. No transijáis con el discurso anti-saqueos, no paséis por alto las historias lacrimógenas que apelan a la sensiblonería. Tenéis que dejar claro quiénes son los culpables.
Desde los regentes del Druni en el que cinco trabajadoras murieron anegadas hasta el presidente del Estado, pasando por los matones con placa y los payasos mediáticos. TODOS ellos son responsables de este atentado. Y TODOS han de pagar por lo que han hecho.
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Roberto Vaquero, como fascista hecho y derecho, pone en marcha patrullas ciudadanas «a petición de los vecinos» para salvaguardar la propiedad privada. Sean esos «vecinos preocupados» sus secuaces camuflados o no, ya nos podíamos imaginar que esto iba a ocurrir.
Y es que el fascismo de viejo y nuevo tipo se pone manos a la obra para aprovecharse de esta situación en favor de la reacción.
Al final entre fascistas pueden apartar sus diferencias en pro un mismo objetivo: defender a la burguesía durante la crisis del capital. Aquí otro ejemplo:
El capitalismo deja aflorar ligeramente sus límites internos en situaciones catastróficas como estas. Tal o cual gestión o administración burguesa seguramente no habría podido evitar el desastre, pues el capitalismo es un modo de producción y no de gestión.
Evidentemente, el PP ha sido especialmente inútil y responsable ante la situación al no haber detenido la producción -conociendo las predicciones- o al haber eliminado la Unidad Valenciana de Emergencias, entre otras brillantes ideas.
Pero no cabe aquí una defensa de «lo público» frente a lo privado. Pues el primero sigue también las lógicas capitalistas.
El viraje de los sectores liberales hacia su fascistización -siendo consecuentes con la defensa de la propiedad privada y la ideología burguesa- hace que sean cada vez más comunes estas promesas de política de recortes en «gastos públicos innecesarios».
«No hay plata» afirmaba Milei en su primer discurso como presidente de Argentina. «Cuanto más grande es el gobierno, menos libertad tienes.» dice ahora el megalómano de Elon Musk.
La burguesía está dejando claro que debe aplicar medidas drásticas con tal de salvaguardar el movimiento del capital.
Sobre esto, un par de apuntes. Los Arditi del Poppolo no eran «antifascistas» en el sentido actual, sino un grupo heterogéneo con un marcado carácter «proto-fascista» en sus inicios. El grueso de sus integrantes rasos, de hecho, provenía de los Arditi fiumeses,
la tropa de choque con la que D’Annunzio, también «proto-fascista», estableció un pequeño feudo en la actual ciudad de Rijeka. Sobre esto hablamos aquí:
No existe duda alguna de que el himno del proletariado es «la Internacional», escrito en 1871 por Pottier y musicalizado en 1888 por Degeyter. Pero la «Varsoviana» se postuló, al menos durante un tiempo, como firme sustituta.
Volvamos atrás en el tiempo, concretamente a la Polonia de 1883. Para este momento, Polonia era una de las regiones más desarrolladas del Imperio Ruso –junto con Finlandia–. Dada su cercanía con la Europa occidental,
sus conexiones terrestres y fluviales con Alemania, y su riqueza mineral, Polonia había iniciado un proceso de industrialización y urbanización de una escala considerable. La última insurrección nacional, el Levantamiento de Enero de 1863,
A pesar de las diferencias formales que requiere cada aspecto de dictadura burguesa, los desmanes del nuevo Führer de Andorra muestran perfectamente la conjunción entre liberalismo y fascismo.
Y es que no se trata de ninguna contradicción el hecho de que este ser que vive crónicamente online haya pasado alegremente del liberalismo al fascismo de un tiempo a esta parte. La defensa a ultranza de la propiedad privada requiere precisamente de este «salto» lógico.
En tiempos de bonanza se les llena la boca con «la libertad». Libertad de opinión, de acción, de pensamiento, etc. Pero todo esto son entelequias. En realidad, lo que quieren es tener la libertad para seguir explotando y reproduciendo su condición de burgués.