En Estados Unidos siempre gobierna el capital. Ahora bien, la victoria de Trump en estas elecciones supone el triunfo del plan de choque de la gran burguesía americana: paz europea y guerra en Asia; incremento de la represión y puesta a punto de la industria;
migajas para los grupos fascistas y grandes beneficios para los grandes magnates tecnológicos, principal y verdadero apoyo de Trump en estas elecciones. A diferencia de lo que ocurrió en el año 2020, en el que la burguesía estadounidense se decantó por el continuismo demócrata,
con la campaña de Trump de este año hemos podido ver de qué modo ha ido virando la retórica de los grandes capitales estadounidenses. Un ejemplo nítido es, sin ir más lejos, el propietario de esta red social, mogul tecnológico y mediático.
Musk, además, pasará a formar parte del gobierno estatal en una agencia todavía por crear encargada de «recortar e incrementar la eficiencia» de los gastos federales... de los que SpaceX se beneficia enormemente. Es decir, Trump pondrá a Musk a la cabeza de un comité de saqueo.
Pero aunque Musk sea el caso más paradigmático, un rápido vistazo a las cuatro empresas más ricas -y poderosas- de los Estados Unidos (Apple, Microsoft, Nvidia y Alphabet/Google) sirve para comprender cuál es el giro.
Todas ellas necesitan, en aras de mantener su producción e incrementarla, de procesadores que, a su vez, requieren de arenas raras. Necesitan, en suma, someter a China, asegurarse Taiwán y, a poder ser, ampliar su mercado en la región.
Todo esto puede parecer banal, pero no tiene más vuelta de hoja. Trump, a la cabeza de un ala derecha de un Partido Republicano muy fascistizado, es el comodín de la gran burguesía americana para enfrentar los tiempos que vienen: tiempos de guerra.
Como es costumbre ya, recomendamos encarecidamente el seguimiento que @descifraguerra.
Camaradas, con motivo del 107° aniversario de la Revolución de Octubre quisiéramos, en lugar de lanzar una dedicatoria, rescatar los elementos que permitieron a los bolcheviques hacerse con el poder.
Por tal razón, y a tenor de las circunstancias actuales, en los próximos días pondremos a vuestra disposición la obra "¡Forjemos un Partido Bolchevique!", de Ósip Piátniski.
En este breve librillo, el que fuera secretario del Comité Ejecutivo de la Kommintern lanza una crítica mordaz a los partidos comunistas occidentales comparando las condiciones de la Rusia zarista con las de la Europa de entreguerras, mucho más cercanas a las nuestras.
Roberto Vaquero, como fascista hecho y derecho, pone en marcha patrullas ciudadanas «a petición de los vecinos» para salvaguardar la propiedad privada. Sean esos «vecinos preocupados» sus secuaces camuflados o no, ya nos podíamos imaginar que esto iba a ocurrir.
Y es que el fascismo de viejo y nuevo tipo se pone manos a la obra para aprovecharse de esta situación en favor de la reacción.
Al final entre fascistas pueden apartar sus diferencias en pro un mismo objetivo: defender a la burguesía durante la crisis del capital. Aquí otro ejemplo:
De este saqueo, del de los millares de afectados que intentan conseguir lo que pueden, sí que hablan. No hablan de los jefes que mandaron a los obreros a morir, ni hablarán del «saqueo» que se avecina: el de la compra masiva de viviendas aprovechando los precios bajos,
el de todos los obreros afectados que no recibirán ni un duro, el de los fondos públicos destinados a «reparar» las grandes empresas, y el de las condiciones atroces que se avecinan en un territorio hostigado hasta quedar quebrado.
Hay más crímenes todavía. Tenemos, por ejemplo, la miríada de chupópteros, burgueses y fascistas que se aprovechan del desastre para hacer propaganda. Desde Ortega hasta Iker Jiménez, todos son solidarios porque aquí hay pela y buena prensa.
El capitalismo deja aflorar ligeramente sus límites internos en situaciones catastróficas como estas. Tal o cual gestión o administración burguesa seguramente no habría podido evitar el desastre, pues el capitalismo es un modo de producción y no de gestión.
Evidentemente, el PP ha sido especialmente inútil y responsable ante la situación al no haber detenido la producción -conociendo las predicciones- o al haber eliminado la Unidad Valenciana de Emergencias, entre otras brillantes ideas.
Pero no cabe aquí una defensa de «lo público» frente a lo privado. Pues el primero sigue también las lógicas capitalistas.
El viraje de los sectores liberales hacia su fascistización -siendo consecuentes con la defensa de la propiedad privada y la ideología burguesa- hace que sean cada vez más comunes estas promesas de política de recortes en «gastos públicos innecesarios».
«No hay plata» afirmaba Milei en su primer discurso como presidente de Argentina. «Cuanto más grande es el gobierno, menos libertad tienes.» dice ahora el megalómano de Elon Musk.
La burguesía está dejando claro que debe aplicar medidas drásticas con tal de salvaguardar el movimiento del capital.
Sobre esto, un par de apuntes. Los Arditi del Poppolo no eran «antifascistas» en el sentido actual, sino un grupo heterogéneo con un marcado carácter «proto-fascista» en sus inicios. El grueso de sus integrantes rasos, de hecho, provenía de los Arditi fiumeses,
la tropa de choque con la que D’Annunzio, también «proto-fascista», estableció un pequeño feudo en la actual ciudad de Rijeka. Sobre esto hablamos aquí: