En un momento de crisis donde las limitaciones estructurales del modo de producción capitalista afloran con la mayor nitidez, el PCTE decide sumarse a las consignas emitidas por un sector de la burguesía española.
En lugar de desenmascarar, mediante la crítica revolucionaria, la naturaleza reaccionaria del capital y del Estado, señalar a las masas las verdaderas causas que suyacen a los hechos que han provocado su descontento, el PCTE se limita a exigir la dimisión de un actor particular.
Es decir, focaliza, mediante esta consigna, promocionada por el ala "progresista" de la burguesía (PSOE y compañía), la responsabilidad de la crisis de la DANA en una única persona (¿se solucionaría poniendo a "otra"?), exonerando al sistema que la ha engendrado.
Por supuesto, de nada sirve lanzar esta consigna y luego emitir sesudos análisis sobre el papel del capitalismo y del Estado burgués. Las consignas no pueden ser contradictorias con el contenido de los análisis, sino que deben sintetizarlo de la forma más clara posible.
En fin, asistimos en vivo y en directo a una manifestación de subordinación a la ideología burguesa. Cuando la independencia ideológica brilla por su ausencia, el proletariado y sus supuestos "representantes" solo pueden operar como apéndices de una de las fracciones en lucha.
Si el proletariado no se orienta, en su línea política, de acuerdo con una perspectiva de clase que perciba los acontecimientos como "momentos" de la totalidad social, no podrá liberarse de las garras del discurso de otras clases.
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"Después de mí, el diluvio", decía Marx refiriéndose a la burguesía, depredadora por naturaleza e indiferente a las consecuencias de sus propios actos. Afirmación que encaja a la perfección con el horror que el levante peninsular está experimentando.
La insaciable búsqueda de ganancias indujo al capital inmobiliario español a edificar en esta zona, de forma masiva y sin control alguno, sobre orillas de ríos y arrollos, terrenos altamente inundables. ¿Qué podría pasar?
Por si fuera poco, el inusitado conocimiento y dominio sobre la naturaleza del que se dispone (desarrollo de las fuerzas productivas), ha chocado una vez más con la dinámica interna de este modo de producción (valorización del valor).
A algunos les han saltado las alarmas por la futurible integración del movimiento por la vivienda dentro de los cauces institucionales: "nosotros no somos un nuevo 15-M interclasista" dicen.
Pues bien, además de la evidente extracción social interclasista del propio movimiento (donde la aristocracia obrera en proceso de proletarización es un contingente fundamental), la cuestión de la integración no se dirime tanto en términos "sociológicos" (+),
(+) sino más bien ideológico-políticos. Se trata de lo que la LR denomina "dialéctica masas-Estado"; a saber, el inevitable encuadramiento del movimiento espontáneo de resistencia dentro de las coordenadas y correas de transmisión del Estado burgués.
El otro día el camarada hablaba sobre el fenómeno "recons", caracterizado por el cliché y la vulgarización de la coherencia de la LR. En este hilo me gustaría añadir algunas ideas más sobre esta problemática, ligándolas con unas reflexiones de Engels:
No es casual que el fenómeno “recons”surgiera en la década pasada. Y es que la referencialidad relativamente explosiva que conquistó la LR en esa época tendió a traducirse en su aceptación formal, parcial y estereotipada por parte de quienes se aproximaban a ella.
Este fenómeno no es nuevo en la historia del marxismo. Así, la rápida difusión del marxismo a finales del XIX fue acompañada de su vulgarización. En respuesta a un fenómeno en parte parejo, Marx declararía “yo no soy marxista”. Y Engels criticaría a los (+)
Hoy se cumplen 153 años de la famosa Semana Sangrienta, donde la III República Francesa, haciendo honor a su transparente naturaleza burguesa, desplegó todos sus terribles mecanismos para librar la guerra de clases y cometer una masacre contra los comuneros parisinos.
Más de 10.000 partidarios de la Comuna fallecieron en los combates o fueron ejecutados sumariamente, a los que habría que sumar 43.000 detenidos, miles de ellos torturados y deportados a Nueva Caledonia.
Como dijo Marx, la burguesía no pudo perdonar al proletariado parisino su tentativa de violar el monopolio de gobierno de sus "superiores naturales"; el viejo mundo rabiaba ante el alzamiento de la Bandera Roja.
El PSOE, con su famosa habilidad para comprender tanto los intereses generales del Estado como los suyos propios, ha sabido leer y apoyarse sobre el sentido común feminista y su retórica burguesa ("cuidados", "salud mental", victimismo) para garantizar el éxito de su maniobra.
El PSOE ha sabido apoyarse también sobre el sentido común "democratista", tan extendido en la izquierda, que opone abstractamente progreso a reacción, es decir, los opone haciendo omisión de la lucha de clases, la única atalaya que puede determinar el contenido de estos términos.
Lo de esta semana ha sido un despliegue despreciable de estrategia politiquera, sí, pero también de capacidad de una parte de la burguesía para reconocer el ambiente y los consensos sociales predominantes y utilizarlos en su beneficio; una expresión de hegemonía burguesa.
Buenas de nuevo, centremos el debate. Te recuerdo que tu primer hilo hace referencia a un tuit (ver la captura de mi siguiente tuit) que acusa a la IC de promover una política nacionalista y antirrevolucionaria.
Tú sustituiste, convenientemente, la réplica a esta afirmación con prédicas sobre el trabajo de la Komintern en la creación de determinadas estructuras organizativas que supuestamente contribuirían a la revolución, porque "son clandestinas" o fomentan la militarización.
En tu nueva respuesta das largas a la crítica planteada en el tuit de @nevachange73121 y mueves la portería para centrar el debate en torno a si la política de la IC era tibia o agresiva. Pero es que la cuestión no es esa.