Twitter, igual que cualquier otro medio de comunicación, no es una entidad neutral. Está hecho para reproducir los intereses de la clase burguesa. El algoritmo promociona el insulto fácil, la carencia de debate, la difusión de noticias falsas y el contenido salseante.
Uno de los mayores exponentes de esto es Wall Street Wolverine, cuya labor es estar crónicamente online tergiversando y subiendo videos sacados de contexto o información directamente falsa para alimentar los ya existentes sesgos de la sociedad burguesa.
En Ámsterdam no habían «hordas musulmanas cazando judíos». Se trataba de una organización espontánea propalestina organizada por varias agrupaciones de la ciudad contra los hinchas sionistas.
La forma de elegir las palabras a la hora de «exponer» este hecho es bastante fundamental. Wall Street Wolverine lo sabe perfectamente y se aprovecha de ello.
El fascismo de nuevo tipo -del que este elemento se está posicionando como vocero-, consecuentemente con su papel, y, aunque parezca contradictorio, debe ahora contribuir a reforzar al aparato sionista, uno de los mayores entes imperialistas de nuestra época.
Tal y como antaño el fascismo internacional reforzó el aparato nazi, cuyas consecuencias supusieron el sufrimiento del proletariado internacional, incluido el judío y el musulmán.
Hoy, los imperialistas, usan el holocausto para justificar su odio de clase, su racismo e islamofobia y contribuyen al reforzamiento de un nuevo genocidio. Ya sea mediante el apoyo militar, económico o a través de la difusión de mentiras y propaganda burguesa.
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No es «lamebotismo» o sumisión, sino interés geopolítico y alineamiento estratégico. Enfrentar estas cuestiones desde una perspectiva de «falta de carácter» es problemático, porque a la burguesía española le dan igual los muertos por la DANA, los proletarios de su propio país y,
por supuesto, los palestinos. Al Gobierno de España, como representante político de su burguesía y garante del orden establecido, le importa, sobre todo, el cálculo político, el balance de beneficios, y, siendo más concretos, a cada una de las fuerzas políticas le interesa su
permanencia en el poder. No es que España sea carente de soberanía, no es que su «clase política» sea sumisa, es que España es un país imperialista que se beneficia enormemente del orden internacional actual, que se lucra del comercio con Israel, elpais.com/espana/2024-11…
Camaradas, con motivo del 107° aniversario de la Revolución de Octubre quisiéramos, en lugar de lanzar una dedicatoria, rescatar los elementos que permitieron a los bolcheviques hacerse con el poder.
Por tal razón, y a tenor de las circunstancias actuales, en los próximos días pondremos a vuestra disposición la obra "¡Forjemos un Partido Bolchevique!", de Ósip Piátniski.
En este breve librillo, el que fuera secretario del Comité Ejecutivo de la Kommintern lanza una crítica mordaz a los partidos comunistas occidentales comparando las condiciones de la Rusia zarista con las de la Europa de entreguerras, mucho más cercanas a las nuestras.
En Estados Unidos siempre gobierna el capital. Ahora bien, la victoria de Trump en estas elecciones supone el triunfo del plan de choque de la gran burguesía americana: paz europea y guerra en Asia; incremento de la represión y puesta a punto de la industria;
migajas para los grupos fascistas y grandes beneficios para los grandes magnates tecnológicos, principal y verdadero apoyo de Trump en estas elecciones. A diferencia de lo que ocurrió en el año 2020, en el que la burguesía estadounidense se decantó por el continuismo demócrata,
con la campaña de Trump de este año hemos podido ver de qué modo ha ido virando la retórica de los grandes capitales estadounidenses. Un ejemplo nítido es, sin ir más lejos, el propietario de esta red social, mogul tecnológico y mediático.
Roberto Vaquero, como fascista hecho y derecho, pone en marcha patrullas ciudadanas «a petición de los vecinos» para salvaguardar la propiedad privada. Sean esos «vecinos preocupados» sus secuaces camuflados o no, ya nos podíamos imaginar que esto iba a ocurrir.
Y es que el fascismo de viejo y nuevo tipo se pone manos a la obra para aprovecharse de esta situación en favor de la reacción.
Al final entre fascistas pueden apartar sus diferencias en pro un mismo objetivo: defender a la burguesía durante la crisis del capital. Aquí otro ejemplo:
De este saqueo, del de los millares de afectados que intentan conseguir lo que pueden, sí que hablan. No hablan de los jefes que mandaron a los obreros a morir, ni hablarán del «saqueo» que se avecina: el de la compra masiva de viviendas aprovechando los precios bajos,
el de todos los obreros afectados que no recibirán ni un duro, el de los fondos públicos destinados a «reparar» las grandes empresas, y el de las condiciones atroces que se avecinan en un territorio hostigado hasta quedar quebrado.
Hay más crímenes todavía. Tenemos, por ejemplo, la miríada de chupópteros, burgueses y fascistas que se aprovechan del desastre para hacer propaganda. Desde Ortega hasta Iker Jiménez, todos son solidarios porque aquí hay pela y buena prensa.
El capitalismo deja aflorar ligeramente sus límites internos en situaciones catastróficas como estas. Tal o cual gestión o administración burguesa seguramente no habría podido evitar el desastre, pues el capitalismo es un modo de producción y no de gestión.
Evidentemente, el PP ha sido especialmente inútil y responsable ante la situación al no haber detenido la producción -conociendo las predicciones- o al haber eliminado la Unidad Valenciana de Emergencias, entre otras brillantes ideas.
Pero no cabe aquí una defensa de «lo público» frente a lo privado. Pues el primero sigue también las lógicas capitalistas.