Mañana habrán pasado dos semanas desde que la DANA arrasó los pueblos de la periferia valenciana y parte de Albacete. Parecería que el estado burgués debería haber reinstaurado cierta normalidad en la gestión de la tragedia. Nada más lejos de la realidad.
La situación solo puede calificarse como ridículamente devastadora. La devastación no requiere mayor explicación: los coches destrozados y la chatarra que no siguen donde los dejó la riada se amontonan en pilas distribuidas sin ton ni son.
Los bajos siguen inhabitables, denunciando con sus marcas de barro la negligencia de un estado incapaz de enfrentar la emergencia. Las alcantarillas ya no tragan, embozadas por el lodo, y el agua estancada libera aromas pútridos, en muchos casos mezclados con aguas fecales.
No hay ni un atisbo de vida «normal». La vertiente ridícula es que, ante la magnitud nada desdeñable de lo sucedido – que tiene responsables evidentes –, la organización estatal brilla por su ausencia hasta niveles patéticos.
Ciertamente, a estas alturas hay unos 8000 militares desplegados, sin contar bomberos, policía y protección civil. Y no obstante nadie parece capaz de coordinar más de dos tareas localizadas. Nadie toma el mando. europapress.es/nacional/notic…
Los militares pastorean por las calles, recogen lodo y ofrecen materiales, pero operan como un contingente más de voluntarios, que solo se distinguen por su indumentaria y medios.
La policía, venida de todas partes del estado, realiza de forma incompetente labores de tráfico, cuando no se dedica a arrestar «saqueadores» que lo han perdido todo.
De mientras, los bomberos achican agua de parkings y patios de recreo a la vez que protección civil da paladas donde parece que hace falta.
A todo ello se le suman contingentes numerosísimos de voluntarios, cantidades ingentes de material y algunos vecinos que levantan centros logísticos más o menos solventes.
La maquinaria pesada escasea, y los voluntarios hacen en horas un trabajo que bien coordinado y con recursos se haría en minutos.
En otro plano de realidad, las pugnas interburguesas tasan en 72.000 euros las vidas proletarias y calculan cuantos votos van a ganar con cada declaración pública o giro de guion. 20minutos.es/lainformacion/…
Pero no es nuestra tarea inventariar morbosamente la «tragedia». Nuestro propósito no es humanitario, no al menos en su sentido más laxo. Nosotros somos comunistas, y el vacío político arroja conclusiones tan importantes como desatendidas.
Estos días hemos asistido a la disputa de consignas y análisis de coyuntura, intentado conjurar en paralelo el sobredimensionado relato fascista de lo acontecido. Los comunistas seguimos a lo «nuestro», arrastrados a ese simulacro político que es la manida «batalla cultural».
No obstante, sobre el terreno nada. Al menos nada relevante. Es por todos conocida la voluntariosa labor de núcleos de distintas organizaciones desplegados sobre el terreno. Pero su impacto se queda en lo que puede ser, mero asistencialismo.
Un contingente de comunistas bien organizados y con cierto nivel cuantitativo y cualitativo habría podido hacer una enorme labor de organización y agitación estas semanas. El vacío era, es y seguirá siendo clamoroso.
Sin embargo, estos días hemos podido comprobar que la retórica inflamada de Twitter se traduce en una capacidad material, organizativa y política cercana a la nulidad. Los comunistas no estamos ni se nos espera.
La batalla de consignas es espuria si esta no enraíza estratégicamente, si no adquiere una fuerza real de movilización y elevación de conciencia. El espejismo de relevancia histórica se deshace en cuanto uno sale de Twitter y las universidades.
No es nuestra intención propugnar la desazón. Es muy cierto que futuros camaradas acuden en estos tiempos al comunismo en busca de respuestas ante las turbulencias del capitalismo decadente. Y es nuestra tarea construir con ellos la herramienta histórica que liberará la humanidad
Nuestra constatación es que el debate muchas veces no es más que una caricatura mala. La discusión estratégica es superficial, cuando no inexistente. Abunda la hipérbole, la soberbia y la elusión de responsabilidades.
Debatir en el aire en base a conceptos muchas veces vacíos es cuanto menos estúpido, cuando no directamente colaboracionista. Debemos construir los cimientos para que las disputas se libren en el terreno de la estrategia, en base al despliegue y a las victorias en el mundo real.
Los comunistas no somos los culpables de lo sucedido, igual que no lo somos de los casi 1000 proletarios que mueren cada año en accidentes laborales. lasexta.com/noticias/socie…
Pero sí somos responsables de nuestros caídos. Y a ellos les debemos superar esta performance identitaria que demasiadas veces perpetramos.
Para los deterministas varios que ven en el agotamiento del capitalismo como lógica de reproducción social una prueba de que la «crisis» definitiva se acerca, habría que recordarles que confiar en el futuro es poco comunista. La revolución no llega, la revolución se hace.
En orden a una coyuntura concreta, ciertamente. Pero en última instancia se hace. Una abrazo caluroso a los camaradas valencianos que hoy siguen trabajando entre el barro. Llegará nuestra hora. Pero para ello hay que ponerse manos a la obra.
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No es «lamebotismo» o sumisión, sino interés geopolítico y alineamiento estratégico. Enfrentar estas cuestiones desde una perspectiva de «falta de carácter» es problemático, porque a la burguesía española le dan igual los muertos por la DANA, los proletarios de su propio país y,
por supuesto, los palestinos. Al Gobierno de España, como representante político de su burguesía y garante del orden establecido, le importa, sobre todo, el cálculo político, el balance de beneficios, y, siendo más concretos, a cada una de las fuerzas políticas le interesa su
permanencia en el poder. No es que España sea carente de soberanía, no es que su «clase política» sea sumisa, es que España es un país imperialista que se beneficia enormemente del orden internacional actual, que se lucra del comercio con Israel, elpais.com/espana/2024-11…
Twitter, igual que cualquier otro medio de comunicación, no es una entidad neutral. Está hecho para reproducir los intereses de la clase burguesa. El algoritmo promociona el insulto fácil, la carencia de debate, la difusión de noticias falsas y el contenido salseante.
Uno de los mayores exponentes de esto es Wall Street Wolverine, cuya labor es estar crónicamente online tergiversando y subiendo videos sacados de contexto o información directamente falsa para alimentar los ya existentes sesgos de la sociedad burguesa.
En Ámsterdam no habían «hordas musulmanas cazando judíos». Se trataba de una organización espontánea propalestina organizada por varias agrupaciones de la ciudad contra los hinchas sionistas.
Camaradas, con motivo del 107° aniversario de la Revolución de Octubre quisiéramos, en lugar de lanzar una dedicatoria, rescatar los elementos que permitieron a los bolcheviques hacerse con el poder.
Por tal razón, y a tenor de las circunstancias actuales, en los próximos días pondremos a vuestra disposición la obra "¡Forjemos un Partido Bolchevique!", de Ósip Piátniski.
En este breve librillo, el que fuera secretario del Comité Ejecutivo de la Kommintern lanza una crítica mordaz a los partidos comunistas occidentales comparando las condiciones de la Rusia zarista con las de la Europa de entreguerras, mucho más cercanas a las nuestras.
En Estados Unidos siempre gobierna el capital. Ahora bien, la victoria de Trump en estas elecciones supone el triunfo del plan de choque de la gran burguesía americana: paz europea y guerra en Asia; incremento de la represión y puesta a punto de la industria;
migajas para los grupos fascistas y grandes beneficios para los grandes magnates tecnológicos, principal y verdadero apoyo de Trump en estas elecciones. A diferencia de lo que ocurrió en el año 2020, en el que la burguesía estadounidense se decantó por el continuismo demócrata,
con la campaña de Trump de este año hemos podido ver de qué modo ha ido virando la retórica de los grandes capitales estadounidenses. Un ejemplo nítido es, sin ir más lejos, el propietario de esta red social, mogul tecnológico y mediático.
Roberto Vaquero, como fascista hecho y derecho, pone en marcha patrullas ciudadanas «a petición de los vecinos» para salvaguardar la propiedad privada. Sean esos «vecinos preocupados» sus secuaces camuflados o no, ya nos podíamos imaginar que esto iba a ocurrir.
Y es que el fascismo de viejo y nuevo tipo se pone manos a la obra para aprovecharse de esta situación en favor de la reacción.
Al final entre fascistas pueden apartar sus diferencias en pro un mismo objetivo: defender a la burguesía durante la crisis del capital. Aquí otro ejemplo:
De este saqueo, del de los millares de afectados que intentan conseguir lo que pueden, sí que hablan. No hablan de los jefes que mandaron a los obreros a morir, ni hablarán del «saqueo» que se avecina: el de la compra masiva de viviendas aprovechando los precios bajos,
el de todos los obreros afectados que no recibirán ni un duro, el de los fondos públicos destinados a «reparar» las grandes empresas, y el de las condiciones atroces que se avecinan en un territorio hostigado hasta quedar quebrado.
Hay más crímenes todavía. Tenemos, por ejemplo, la miríada de chupópteros, burgueses y fascistas que se aprovechan del desastre para hacer propaganda. Desde Ortega hasta Iker Jiménez, todos son solidarios porque aquí hay pela y buena prensa.