En medio de la crisis de la DANA, el progrerío español se ha dedicado a difundir videos e imágenes de migrantes ayudando y contribuyendo a quitar barro o a rescatar víctimas del temporal.
Con estos ejemplos pretenden demostrar que la población migrante "es buena". Parece que el migrante se tiene que ganar el respeto a base de contribuir más que otros en labores asistencialistas.
Se trata de un intento de contrarrestar los múltiples videos que la extrema derecha hace circular con bulos o información sesgada sobre la inmigración de forma constante.
Sin embargo, aunque bienintencionado, es un intento banal al fin y al cabo, pues se mueve dentro de los mismos marcos que la extrema derecha: la moralidad y el sentido común burgués.
Los migrantes no son ni «buenos» ni «malos». Medirlos bajo un criterio moral no va a eliminar el racismo que sufren a diario ni va a convencer a la extrema derecha de cesar en su fascismo.
De hecho, pretender que la realización de este tipo de acciones les da más derecho a existir resulta, en última instancia, igual de racista que las afirmaciones de la otra «bancada»
Basta con ver que a lo largo de las últimas semanas el fascismo patrio se ha dedicado a distinguir entre migrantes «buenos» y «malos» bajo estos mismos parámetros.
El internacionalismo proletario no surge de la moralidad, y la asociación entre proletarios no se debe promocionar "porque esté bien", sino por que es la única forma que tiene la clase obrera de eliminar la competencia interna que le impone la sociedad burguesa.
Al fin y al cabo, la mejor forma de eliminar las fobias reaccionarias entre el proletariado, que hoy experimentan un auge, no son los discursos o la ética, si no una praxis real que elimine la competencia entre ellos demostrando, efectivamente, que sus intereses son compartidos.
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Mañana habrán pasado dos semanas desde que la DANA arrasó los pueblos de la periferia valenciana y parte de Albacete. Parecería que el estado burgués debería haber reinstaurado cierta normalidad en la gestión de la tragedia. Nada más lejos de la realidad.
La situación solo puede calificarse como ridículamente devastadora. La devastación no requiere mayor explicación: los coches destrozados y la chatarra que no siguen donde los dejó la riada se amontonan en pilas distribuidas sin ton ni son.
Los bajos siguen inhabitables, denunciando con sus marcas de barro la negligencia de un estado incapaz de enfrentar la emergencia. Las alcantarillas ya no tragan, embozadas por el lodo, y el agua estancada libera aromas pútridos, en muchos casos mezclados con aguas fecales.
No es «lamebotismo» o sumisión, sino interés geopolítico y alineamiento estratégico. Enfrentar estas cuestiones desde una perspectiva de «falta de carácter» es problemático, porque a la burguesía española le dan igual los muertos por la DANA, los proletarios de su propio país y,
por supuesto, los palestinos. Al Gobierno de España, como representante político de su burguesía y garante del orden establecido, le importa, sobre todo, el cálculo político, el balance de beneficios, y, siendo más concretos, a cada una de las fuerzas políticas le interesa su
permanencia en el poder. No es que España sea carente de soberanía, no es que su «clase política» sea sumisa, es que España es un país imperialista que se beneficia enormemente del orden internacional actual, que se lucra del comercio con Israel, elpais.com/espana/2024-11…
Twitter, igual que cualquier otro medio de comunicación, no es una entidad neutral. Está hecho para reproducir los intereses de la clase burguesa. El algoritmo promociona el insulto fácil, la carencia de debate, la difusión de noticias falsas y el contenido salseante.
Uno de los mayores exponentes de esto es Wall Street Wolverine, cuya labor es estar crónicamente online tergiversando y subiendo videos sacados de contexto o información directamente falsa para alimentar los ya existentes sesgos de la sociedad burguesa.
En Ámsterdam no habían «hordas musulmanas cazando judíos». Se trataba de una organización espontánea propalestina organizada por varias agrupaciones de la ciudad contra los hinchas sionistas.
Camaradas, con motivo del 107° aniversario de la Revolución de Octubre quisiéramos, en lugar de lanzar una dedicatoria, rescatar los elementos que permitieron a los bolcheviques hacerse con el poder.
Por tal razón, y a tenor de las circunstancias actuales, en los próximos días pondremos a vuestra disposición la obra "¡Forjemos un Partido Bolchevique!", de Ósip Piátniski.
En este breve librillo, el que fuera secretario del Comité Ejecutivo de la Kommintern lanza una crítica mordaz a los partidos comunistas occidentales comparando las condiciones de la Rusia zarista con las de la Europa de entreguerras, mucho más cercanas a las nuestras.
En Estados Unidos siempre gobierna el capital. Ahora bien, la victoria de Trump en estas elecciones supone el triunfo del plan de choque de la gran burguesía americana: paz europea y guerra en Asia; incremento de la represión y puesta a punto de la industria;
migajas para los grupos fascistas y grandes beneficios para los grandes magnates tecnológicos, principal y verdadero apoyo de Trump en estas elecciones. A diferencia de lo que ocurrió en el año 2020, en el que la burguesía estadounidense se decantó por el continuismo demócrata,
con la campaña de Trump de este año hemos podido ver de qué modo ha ido virando la retórica de los grandes capitales estadounidenses. Un ejemplo nítido es, sin ir más lejos, el propietario de esta red social, mogul tecnológico y mediático.
Roberto Vaquero, como fascista hecho y derecho, pone en marcha patrullas ciudadanas «a petición de los vecinos» para salvaguardar la propiedad privada. Sean esos «vecinos preocupados» sus secuaces camuflados o no, ya nos podíamos imaginar que esto iba a ocurrir.
Y es que el fascismo de viejo y nuevo tipo se pone manos a la obra para aprovecharse de esta situación en favor de la reacción.
Al final entre fascistas pueden apartar sus diferencias en pro un mismo objetivo: defender a la burguesía durante la crisis del capital. Aquí otro ejemplo: