Uno de los elementos fundamentales de la emancipación de los siervos fue la destrucción de los grilletes que ataban por ley a los campesinos a un territorio determinado, a los dominios de su señor. (1/7)
La libertad de movimientos es, por tanto, uno de los pilares que signan la transición del feudalismo a un estadio de civilización superior, el capitalismo, que amplía el espectro de la libertad humana (por supuesto, con limitaciones).
El "obrero libre" se caracteriza por emanciparse de las cadenas feudales, por la posibilidad de vender su mercancía (la fuerza de trabajo) sin coerciones jurídicas que lo cohíban. Toda limitación a sus "derechos" en el plano de la movilidad supone un atentado contra la (...)
(...) libertad del obrero, una imposición que persigue anular la libre disposición sobre su fuerza de trabajo (FT) para impedir que se enfrente en condiciones de "igualdad" (como propietario de su mercancía) al capitalista. Así se obstruye la venta de la FT por su valor.
Entre otras cosas, las leyes coercitivas contra la inmigración son reaccionarias por este motivo y porque pretenden sustraer a ciertos estratos de la fuerza de trabajo de la competencia. Son un resorte de la aristocracia obrera para mantener su condición privilegiada.
Las leyes contra la inmigración son un vehículo para perpetuar jerarquías dentro de la clase obrera, pues al tiempo que dificultan a ciertos sectores la venta de su fuerza de trabajo, garantizan a otras capas condiciones privilegiadas para su venta por encima de su valor.
Por tanto, sí, el marxismo defiende el libre tránsito de personas. Entre otras cosas, porque la libre movilidad es, frente a las tergivesaciones interesadas de los chovinistas, precisamente uno de los rasgos que distingue al obrero moderno del esclavo.
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Varios destacamentos del Estado español (entre ellos @IniciativaComun y el @PCPE_Comunista ) participan en la "World Anti-imperialist Platform" (WAP) . Echemos un vistazo a algunos de los elementos ultrarreaccionarios con los que nuestros “camaradas” comparten espacio 🧵🧵(1/12).
El órgano de expresión de la WAP (PO) sirve como repositorio de una gran variedad de artículos independientes en los que las organizaciones vuelcan su producción teórica y dan a conocer sus posiciones. Apreciemos algunos de los disparates más reseñables. wap21.org/?cat=10
1) Stephen Cho (coordinador del International Korean Forum) cree que la Tercera Guerra Mundial que se avecina es una guerra anti-imperialista, ya que la China "socialista" y Rusia han unido fuerzas con el objetivo de“parar al imperialismo” (PO nº9).
Unos apuntes sobre la revolución islámica iraní 🧵🧵
El seguidismo es prácticamente la norma entre los sectores de vanguardia, por ejemplo, respecto al régimen iraní. En este contexto, resulta conveniente dar unas pinceladas sobre cómo se estructuró en 1979 (1/9):
La caída del sha fue consecuencia de una alianza entre la burguesía islamista (muy ligada al bazar) y la juventud obrera, bajo el amparo de intelectuales islamistas (en particular, Jomeini), que consiguió arrastrar a las “clases medias” urbanas laicas.
Pero tras conquistar el poder, la alianza se resquebrajó. Las “clases medias” laicas sucumbieron al de poco; después vendría el turno de las masas obreras. Éstas, aunque carentes de independencia, se habían convertido en una fuerza política relevante y, por momentos, desbordante.
En un momento de crisis donde las limitaciones estructurales del modo de producción capitalista afloran con la mayor nitidez, el PCTE decide sumarse a las consignas emitidas por un sector de la burguesía española.
En lugar de desenmascarar, mediante la crítica revolucionaria, la naturaleza reaccionaria del capital y del Estado, señalar a las masas las verdaderas causas que suyacen a los hechos que han provocado su descontento, el PCTE se limita a exigir la dimisión de un actor particular.
Es decir, focaliza, mediante esta consigna, promocionada por el ala "progresista" de la burguesía (PSOE y compañía), la responsabilidad de la crisis de la DANA en una única persona (¿se solucionaría poniendo a "otra"?), exonerando al sistema que la ha engendrado.
"Después de mí, el diluvio", decía Marx refiriéndose a la burguesía, depredadora por naturaleza e indiferente a las consecuencias de sus propios actos. Afirmación que encaja a la perfección con el horror que el levante peninsular está experimentando.
La insaciable búsqueda de ganancias indujo al capital inmobiliario español a edificar en esta zona, de forma masiva y sin control alguno, sobre orillas de ríos y arrollos, terrenos altamente inundables. ¿Qué podría pasar?
Por si fuera poco, el inusitado conocimiento y dominio sobre la naturaleza del que se dispone (desarrollo de las fuerzas productivas), ha chocado una vez más con la dinámica interna de este modo de producción (valorización del valor).
A algunos les han saltado las alarmas por la futurible integración del movimiento por la vivienda dentro de los cauces institucionales: "nosotros no somos un nuevo 15-M interclasista" dicen.
Pues bien, además de la evidente extracción social interclasista del propio movimiento (donde la aristocracia obrera en proceso de proletarización es un contingente fundamental), la cuestión de la integración no se dirime tanto en términos "sociológicos" (+),
(+) sino más bien ideológico-políticos. Se trata de lo que la LR denomina "dialéctica masas-Estado"; a saber, el inevitable encuadramiento del movimiento espontáneo de resistencia dentro de las coordenadas y correas de transmisión del Estado burgués.
El otro día el camarada hablaba sobre el fenómeno "recons", caracterizado por el cliché y la vulgarización de la coherencia de la LR. En este hilo me gustaría añadir algunas ideas más sobre esta problemática, ligándolas con unas reflexiones de Engels:
No es casual que el fenómeno “recons”surgiera en la década pasada. Y es que la referencialidad relativamente explosiva que conquistó la LR en esa época tendió a traducirse en su aceptación formal, parcial y estereotipada por parte de quienes se aproximaban a ella.
Este fenómeno no es nuevo en la historia del marxismo. Así, la rápida difusión del marxismo a finales del XIX fue acompañada de su vulgarización. En respuesta a un fenómeno en parte parejo, Marx declararía “yo no soy marxista”. Y Engels criticaría a los (+)