En el aniversario de su muerte, merece ser destacada la figura de Georg Büchner (1813-1837) y su panfleto revolucionario ‘El mensajero rural de Hessen’ que lanzó la consigna universal de las clases oprimidas y desposeídas «¡Paz a las cabañas! ¡Guerra a los palacios!»:
Criado entre la cultura del romanticismo alemán del «Sturm und Drang», el materialismo de las ciencias y la admiración por la Revolución Francesa, Büchner fue sin duda un revolucionario en favor de la lucha violenta y a muerte contra la vieja sociedad feudal:
Perteneciente a la generación de la Restauración napoleónica, que no vivió la Revolución Francesa ni tampoco la Primavera de los Pueblos de 1848, su panfleto ‘El mensajero rural de Hessen’ recoge un espíritu revolucionario universal cuyos ecos resonarían en la Rusia de 1917...
“¡Paz a las cabañas, guerra a los palacios! ¡Paz a los obreros de todos los países! ¡Viva la unidad fraternal de los obreros revolucionarios de todos los países! ¡Viva el socialismo!”
Comité Central del POSDR
Comité de Pertersburgo del POSDR
La Redacción de Pravda
abril 1917
En su cortísima vida se forjó como dramaturgo (‘La muerte de Danton’; ‘Lenz’; ‘Leonce y Lena’; ‘Woyczeck’), médico y revolucionario dotado de la conciencia por los intereses de clase de las masas desposeídas y humilladas por la aristocracia absolutista alemana.
Casi 200 años después, el mismo grito «¡Paz a las cabañas! ¡Guerra a los palacios!» condensa, más si cabe, la lucha de clase contra las condiciones de opresión y de barbarie en la era imperialista del capital e interpela al proletariado como sujeto revolucionario universal.
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Comprender este auge de la reacción patriota y antiproletaria, que prepara el terreno al socialfascismo, exige recuperar el pensamiento de clase, es decir; comprender el papel elemental que juega –sobre todo, desde la crisis del 2008– la aristocracia obrera,
en su convergencia con el capital financiero (que también es golpeado en este declive histórico del imperialismo).
En ausencia de revolución y en el auge actual de la reacción en todos los frentes, mediocres charlatanes rojipardos, académicos buenistas o jefecillos obreristas pequeño-burgueses tratan de inocular su tosco oportunismo obrerista y su rancio socialchovinismo en el marxismo.
Ello obedece, en gran parte, a una época de derrota global del comunismo tras el agotamiento del Primer Ciclo de la Revolución Proletaria Mundial (1917-1989), en que la concepción proletaria del mundo (marxismo) hace largo tiempo que perdió su prestigio y referencialidad.
Esta gentuza liberal y chovinista (Alvise, Dani Esteve, Wall Street Wolverine, etc.) necesita del bulo y de la ruindad para llegar a las masas. Al proletariado consciente, en cambio, guiado por su ideología revolucionaria (marxismo), le pertenecen el conocimiento y la verdad.
En esta época de capitalismo imperialista (fase superior), la burguesía hace ya tiempo que devino en clase reaccionaria, enemiga del progreso histórico y únicamente interesada, por tanto, en conservar su poder y su orden social capitalista ya entrado en decadencia.
La burguesía y sus agentes no están interesados ya en explicar rigurosa y científicamente los fenómenos que atraviesan a la sociedad capitalista sino en ocultarlos y tergiversarlos a base de medias verdades interesadas y sesgadas por sus prejuicios nacionales y clasistas.
Cuando los comunistas planteamos la necesidad de «abolir la familia» no nos referimos a suprimir inmediatamente todo vínculo consanguíneo, como tampoco eliminar el reconocimiento social de la unión de dos personas para realizar su vida en común.
Abolir la familia es liberar al individuo de unos vínculos impuestos de manera espontánea y al margen de su voluntad; derribar las paredes del hogar en tanto espacio privado de reposición de la fuerza de trabajo; socializar la reproducción social y emancipar de ella a la mujer.
“La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica, franca o más o menos disimulada, de la mujer; y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales.”
–F. Engels, ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, 1884
𝗟𝗮 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗲𝗱𝗮𝗱 𝘀𝗲𝗻𝗶𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼: la principal amenaza para la fase actual de reconstitución ideológica en nuestro presente histórico entre dos ciclos revolucionarios (hilo).
Recientemente, fue presentada ante el conjunto de la vanguardia la forma acabada de una fracción derechista surgida del seno de la Línea de Reconstitución.
Este fenómeno de desviación oportunista desde el seno de la organización hasta cristalizar en Línea Oportunista de Derecha (LOD), por “novísimo” que pueda parecer, ya fue igualmente combatido a fondo por el PCR hace 20 años.
𝗘𝗻 𝗱𝗲𝗳𝗲𝗻𝘀𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗿𝗿𝗼𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗿𝗲𝘃𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼: el posicionamiento internacionalista del Comité por la Reconstitución ante el escenario de Guerra y Reconstitución y las tareas actuales de los comunistas.
Hilo:
1. El derrotismo revolucionario expresa el aspecto principal de la fórmula leniniana contra la guerra reaccionaria (imperialista), es decir; que oponer la guerra a la guerra pasa por vincular la derrota de “nuestro” Gobierno con la perspectiva estratégica de la RPM:
2. En el plano histórico, es la consigna universal –y de unidad internacionalista– que ha de enarbolar el proletariado de los países imperialistas (no así el de los países oprimidos) ante la tendencia ineluctable del capitalismo hacia la Guerra abierta y la masacre entre pueblos.