El feminismo como parte integrante de la tendencia reaccionaria (corporativista, contrarrevolucionaria) de la sociedad burguesa (hilo):
El movimiento feminista, en toda su diversidad de marcas, sólo podía y puede ofrecer el perfeccionamiento de la dictadura de clase de la burguesía; sus diversas corrientes son todas ellas expresiones reaccionarias de un mismo sentido común –de época– imperialista.
Los recientes asuntos de Errejón y Monedero son sólo dos vivos ejemplos de toda una tendencia reaccionaria que este feminismo maduro ya ha recorrido en los últimos 20 años en su, hoy evidente, convergencia con el capital.
Hablamos de feminismo maduro en el sentido de que este movimiento –con sus prejuicios esencialistas y su ideología reaccionaria– está hoy plenamente integrado en el terreno de juego de las relaciones de poder del Estado imperialista.
Así, en el último número de Línea Proletaria se le reconoce el mérito al feminismo de haber abanderado –subvirtiendo, en clave reaccionaria, el Derecho burgués– la tendencia al corporativismo que históricamente correspondió al sindicato y al partido obrero liberal:
El movimiento feminista, en su alianza de clase con el capital, ha ido incorporando la lógica jurídica feminista al Derecho burgués, desde la LIVG de Zapatero (LO 1/2004, 28 dic) hasta la Ley del «sólo sí es sí»(LO 10/2022, 6 sept) del “Gobierno más progresista”, en cuyo ínterin
ha ido culminando la tarea corporativista de diluir, en el plano jurídico-político, toda posible construcción conceptual de un sujeto de derecho universal, que la burguesía revolucionaria había concebido en el ciudadano/individuo como modelo de su Ordenamiento Jurídico.
El feminismo ha ido instalando el principio corporativo en la lógica jurídica del Estado.
A diferencia del liberalismo doctrinario, que sí reconoce un sujeto con vocación de universalidad, el feminismo habla de la “igualdad” enfatizando la «diferencia»,
es decir, desde el reconocimiento de tantos sujetos colectivos particulares como identidades subjetivas puedan proliferar, favoreciendo la segmentación en diversos intereses corporativos en el seno de la clase obrera y diluyendo su esencia universal como clase.
La Línea de Reconstitución venía avisando desde hace tiempo (‘El feminismo que viene’; PCR, abril 2006) de esta tendencia reaccionaria (corporativista) encauzada por el pacto sellado entre el feminismo y el capital y que preparaba el terreno hacia la fascistización del Estado.
Mientras el comunismo revisionista abanderaba el feminismo de clase y le compraba sus “aportes” y sus prejuicios, la Línea de Reconstitución sí vio venir, hace 20 años, esta tendencia de clase y su carácter reaccionario en los planos jurídico, político, económico y social:
Cabe decir que, a medida que el feminismo ha ido culminando su deriva natural hacia las instituciones del sistema (dialéctica masas-Estado), diversas organizaciones del mov. comunista han ido dejando, a la par, de llamarse feministas (dejar de serlo es más difícil).
Volviendo a los affaires de Monedero y Errejón, y dejando aparte la ironía de haber sido públicamente devorados por el monstruo, estos eventos no hacen sino constatar la candente actualidad de esa tendencia corporativista y reaccionaria que ya está aquí:
El feminismo crítico (de clase) ha tratado de desmarcarse de los excesos del monstruo (como si con él no fuera la cosa). Pero la crítica del feminismo crítico no puede tampoco disociarse de la dialéctica masas-Estado inherente a todos los «feminismos»:
La cultura feminista de la denuncia anónima es otro de los elementos que contribuyen a instalar la lógica corporativista en el Estado: el individuo es víctima e irresponsable y el Estado proveerá de protección punitiva si la otra identidad no logra probar que no es culpable:
“[E]l movimiento feminista (y en particular el feminismo crítico, pseudo-izquierdoso) ni quiere ni puede extraer conclusiones universales sobre su convergencia con el Estado capitalista: ello le obligaría a cuestionarse sus fundamentos de clase.”
Por ello, el carácter reaccionario de este feminismo maduro –hoy quizá más palpable que hace unos años– es en realidad el hilo morado que atraviesa toda la historia del feminismo como movimiento, la cual “ha transcurrido siempre en la trinchera burguesa de la historia”,
y que “no tiene a sus espaldas ni una sola experiencia que se asemeje en algo a una revolución social”, como queda fundamentado en el profundo y amplio trabajo elaborado por el Comité por la Reconstitución (‘El feminismo en la retaguardia de la historia…’, LP nº 6, 2021).
Bibliografía recomendada para profundizar en las ideas del hilo:
Con motivo del aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, es deber de los comunistas poner la atención en esos elementos del documento que adolecen de limitaciones o han caducado y no sirven ya para el relanzamiento de la revolución.
Hilo:
Los 177 años que nos separan del Manifiesto han implicado dos grandes cambios paradigmáticos, tanto en sentido histórico como político, que afectan a la vigencia del documento: entrada en la era imperialista del capital y experiencia del Ciclo de Octubre.
Una de las grandes limitaciones del Manifiesto es la tesis –dominante en el MC– de considerar la conciencia espontánea del proletariado equiparable a conciencia revolucionaria, sobre la cual, junto con otros elementos, se edificó el paradigma del Ciclo de Octubre.
En el aniversario de su muerte, merece ser destacada la figura de Georg Büchner (1813-1837) y su panfleto revolucionario ‘El mensajero rural de Hessen’ que lanzó la consigna universal de las clases oprimidas y desposeídas «¡Paz a las cabañas! ¡Guerra a los palacios!»:
Criado entre la cultura del romanticismo alemán del «Sturm und Drang», el materialismo de las ciencias y la admiración por la Revolución Francesa, Büchner fue sin duda un revolucionario en favor de la lucha violenta y a muerte contra la vieja sociedad feudal:
Perteneciente a la generación de la Restauración napoleónica, que no vivió la Revolución Francesa ni tampoco la Primavera de los Pueblos de 1848, su panfleto ‘El mensajero rural de Hessen’ recoge un espíritu revolucionario universal cuyos ecos resonarían en la Rusia de 1917...
Comprender este auge de la reacción patriota y antiproletaria, que prepara el terreno al socialfascismo, exige recuperar el pensamiento de clase, es decir; comprender el papel elemental que juega –sobre todo, desde la crisis del 2008– la aristocracia obrera,
en su convergencia con el capital financiero (que también es golpeado en este declive histórico del imperialismo).
En ausencia de revolución y en el auge actual de la reacción en todos los frentes, mediocres charlatanes rojipardos, académicos buenistas o jefecillos obreristas pequeño-burgueses tratan de inocular su tosco oportunismo obrerista y su rancio socialchovinismo en el marxismo.
Ello obedece, en gran parte, a una época de derrota global del comunismo tras el agotamiento del Primer Ciclo de la Revolución Proletaria Mundial (1917-1989), en que la concepción proletaria del mundo (marxismo) hace largo tiempo que perdió su prestigio y referencialidad.
Esta gentuza liberal y chovinista (Alvise, Dani Esteve, Wall Street Wolverine, etc.) necesita del bulo y de la ruindad para llegar a las masas. Al proletariado consciente, en cambio, guiado por su ideología revolucionaria (marxismo), le pertenecen el conocimiento y la verdad.
En esta época de capitalismo imperialista (fase superior), la burguesía hace ya tiempo que devino en clase reaccionaria, enemiga del progreso histórico y únicamente interesada, por tanto, en conservar su poder y su orden social capitalista ya entrado en decadencia.
La burguesía y sus agentes no están interesados ya en explicar rigurosa y científicamente los fenómenos que atraviesan a la sociedad capitalista sino en ocultarlos y tergiversarlos a base de medias verdades interesadas y sesgadas por sus prejuicios nacionales y clasistas.
Cuando los comunistas planteamos la necesidad de «abolir la familia» no nos referimos a suprimir inmediatamente todo vínculo consanguíneo, como tampoco eliminar el reconocimiento social de la unión de dos personas para realizar su vida en común.
Abolir la familia es liberar al individuo de unos vínculos impuestos de manera espontánea y al margen de su voluntad; derribar las paredes del hogar en tanto espacio privado de reposición de la fuerza de trabajo; socializar la reproducción social y emancipar de ella a la mujer.
“La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica, franca o más o menos disimulada, de la mujer; y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales.”
–F. Engels, ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, 1884