«A lo dicho hay que añadir la siguiente consideración general. Una clase oprimida que no aspirase a aprender el manejo de las armas, a tener armas, esa clase oprimida sólo merecería que se la tratara como a los esclavos. +
«Nosotros, si no queremos convertirnos en pacifistas burgueses o en oportunistas, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad de clases, de la que no hay ni puede haber otra salida que la lucha de clases.
«En toda sociedad de clases -ya se funde en la esclavitud, en la servidumbre, o, como ahora, en el trabajo asalariado-, la clase opresora está armada. No sólo el ejército regular moderno, sino también la milicia actual...,+
«representan el armamento de la burguesía contra el proletariado. Esta es una verdad tan elemental, que apenas si hay necesidad de detenerse especialmente en ella. Bastará recordar el empleo del ejército contra los huelguistas en todos los países capitalistas.
«El armamento de la burguesía contra el proletariado es uno de los hechos más considerables, fundamentales e importantes de la actual sociedad capitalista. ¡Y ante semejante hecho se propone a los socialdemócratas revolucionarios que planteen la "reivindicación" del "desarme"!
«Esto equivale a renunciar por completo al punto de vista de la lucha de clases, a renegar de toda idea de revolución. Nuestra consigna debe ser: armar al proletariado para vencer, expropiar y desarmar a la burguesía.
«Esta es la única táctica posible para una clase revolucionaria, táctica que se desprende de todo el desarrollo objetivo del militarismo capitalista, y que es prescrita por este desarrollo.
«Sólo después de haber desarmado a la burguesía podrá el proletariado, sin traicionar su misión histórica universal, convertir en chatarra toda clase de armas en general, y así lo hará indudablemente el proletariado, pero sólo entonces; de ningún modo antes.
«Si la guerra actual despierta entre los reaccionarios socialistas cristianos y entre los jeremias pequeños burgueses sólo susto y horror, sólo repugnancia hacia todo empleo de las armas, hacia la sangre, la muerte, etc., nosotros, en cambio, debemos decir:
«la sociedad capitalista ha sido y es siempre un horror sin fin. Y si ahora la guerra actual, la más reaccionaria de todas las guerras, prepara a esa sociedad un fin con horror, no tenemos ningún motivo para entregarnos a la desesperación.»
Lenin, El programa militar de la revolución proletaria.
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𝑳𝒂 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒍𝒆𝒄𝒕𝒖𝒂𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒃𝒖𝒓𝒈𝒖𝒆𝒔𝒂 𝒚 𝒆𝒍 𝑷𝒂𝒓𝒕𝒊𝒅𝒐 𝑪𝒐𝒎𝒖𝒏𝒊𝒔𝒕𝒂:
la necesidad histórica de la 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐨𝐛𝐫𝐞𝐫𝐚 (1/25)
Desde que el hombre explota al hombre se ha vuelto posible para quien explota concebir al mundo como un ente estático, contemplándolo «desde fuera», pues en su práctica de opresión se posiciona aparentemente divorciado de la sociedad.Dentro de las clases pudientes,por ende (2/25)
surge la intelectualidad, esos «productores de ideas» que hacen avanzar la ciencia de su época y que, determinados ellos mismos por sus relaciones prácticas, forjan las ideas de su clase que, por ser la dominante, otro tanto lo son sus ideas. (3/25)
Mejor imagen no se puede para representar los intereses de la aristocracia obrera proletarizada que se pinta de rojo reclamando su trozo del pastel imperialista.
Aprovecho la oportunidad para esclarecer la posición proletaria respecto al Estado, abro hilo:
En 1917, en vísperas de Octubre, cuando la conquista el Poder se planteaba con imperiosa necesidad y denunciando el socialchovinismo recalcitrante en la ahora decaída Socialdemocracia Internacional, Lenin escribe “El Estado y la Revolución”, donde insiste en un punto clave:
Empieza estableciendo claramente que la naturaleza del Estado burgués no es otra que su dictadura clasista, es decir, que excluye sistemáticamente al proletariado del poder, de ahí que el planteamiento del proletariado como clase dominante debe necesariamente destruir ese Estado: