Hay que agradecer estos arranques de sinceridad de los representantes de la burguesía. Sin quererlo, Rufián ha descubierto el fondo reaccionario del reformismo de izquierda, confirmando el concepto comunista de 𝘴𝘰𝘤𝘪𝘢𝘭𝘧𝘢𝘴𝘤𝘪𝘴𝘮𝘰.
Los representantes inteligentes de la aristocracia obrera saben que el mantenimiento de su 𝘣𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 depende del “orden, seguridad y defensa” de su Estado, y de la posición preeminente de éste en la pirámide imperialista.
Mantener el "jardín" particular de las clases medias requiere defender el Estado que lo separa de los "salvajes". La razón de Estado exige contribuir a la escalada belicista, aunque de seguro que no será a los rufianes sino los proletarios a los que mandarán como carne de cañón.
Este es el hilo blanco del que tira el concepto de socialfascismo, que estos años ha revivificado la LR mediante el Balance: la continuidad entre el agotamiento histórico de la reforma y el fomento de la reacción; el atrincheramiento del reformismo en el Estado imperialista;
la contribución de la izquierda a generar un clima social viciado de corporativismo, arribismo, mediocridad, antiuniversalismo, etc., en el que la burguesía imperialista, incluyendo su falange fascista, nadan como pez en el agua:
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Lenin no puede ser más explícito: el tipo de partido de la II Internacional, basado en la unidad a costa de los principios, ha caducado. En la era imperialista no se pueden reconstituir los partidos obreros sin empezar por una lucha de principios contra el oportunismo:
La II Internacional no murió simplemente por "traicionar sus principios". Esa explicación es idealista y burguesa, y Lenin ya la refutó vinculando la bancarrota de la II Internacional al cambio de época histórica y la caducidad de su modelo:
Obviamente nadie ha dicho que el partido de tipo leninista se inventase de un día para otro. Eso es un absurdo falaz. El partido bolchevique se fue diferenciando de su matriz socialdemócrata en un largo proceso de deslinde.