El esquirolaje no es traición individual, sino una herramienta patronal para romper la organización obrera. Esto no sería posible sin UGT, que firmando un convenio basura busca desconvocar la huelga unilateralmente, debilitándola jurídicamente y facilitando el paso a esquiroles.
El esquirol, ya sea amparado en la excusa de «su» libertad individual o aterrorizado por la posibilidad de perder su sustento, acude sumiso al burgués confiando en su «misericordia».
Pero la historia es clara: Roma no paga traidores. En la lucha de clases, todo lo que no fortalece la unidad de la clase trabajadora es pan para hoy y hambre para mañana.
Los sindicatos mayoritarios, lejos de representar a los trabajadores, gestionan la conflictividad laboral a favor de los intereses de la empresa. Negocian acuerdos que preservan la estabilidad y el orden, incluso aunque ello implique vender a los obreros.
Como decíamos, el intento de desconvocatoria de la huelga de UGT abre paso a los esquiroles, mientras que quienes siguen luchando por un convenio colectivo para todos los trabajadores de la cadena productiva quedan expuestos a la represión física y legal.
El fraccionalismo que denunciaban los obreros del metal en su comunicado se intensifica con la vuelta al trabajo de los esquiroles. Y esto no es un proceso «espontáneo», sino que es respaldado, legitimado y promovido por un acuerdo sindical unilateral.
El esquirolaje no es fractura casual, sino traición intencional. Los obreros de Cádiz han entendido que no basta con acuerdos desde arriba y a sus espaldas. Queremos aprovechar para volverle a desear el mayor éxito a los camaradas, que llevan ya dos semanas en huelga.
Y precisamente porque las huelgas son particularmente duras, os animamos a contribuir a la caja de resistencia que los camaradas intentan tirar adelante:
Los trabajadores del metal de Cádiz se movilizan en huelga para enfrentar la explotación y la fragmentación causada por la patronal. Pero quisiéramos centrarnos en el comunicado de @CTM97560609, ejemplo de vanguardia obrera:
La huelga del metal de Cádiz no nace solo del bloqueo en la negociación del convenio, sino del hartazgo acumulado por abusos diarios: horas extras de trabajo bajo el sol gaditano, impagos y contratos fijos discontinuos con todo tipo de irregularidades.
Los disturbios de Los Ángeles como respuesta a las redadas del 6 de junio se reducen a la ciudad –desgraciadamente y de momento–, pero demuestran con claridad el factor acelerante que supone la administración Trump para los conflictos internos de la sociedad americana.
Una cosa a señalar es que por el momento –y también por desgracia– el nivel de virulencia no es comparable al de episodios anteriores. Este hilo de @Chongxi_Bai lo resume bastante bien:
Los acontecimientos arrancan el 6 de junio con una redada de ICE –«Servicio de Control de Inmigración y Aduanas»– en Los Ángeles contra inmigrantes indocumentados focalizada en varios establecimientos del Home Depot y algunos comercios mayoristas de ropa.
Un problema general de la retórica del auge reaccionario es que en buena medida descansa en los resultados electorales. Resultados que, además de falibles, no computan ni registran clases sociales.
La tendencia al reaccionarismo entre la pequeña burguesía, por ejemplo, es innegable, pero el mapeado de los distritos electorales no distingue entre pequeñoburgueses y proletarios.
Y si consideramos los resultados electorales como prueba definitiva, en el barrio obrero el verdadero ganador es o el PSOE o la abstención. Abstención que no es necesariamente positiva,
Díaz se acerca a la patronal para que la ayuden a implementar una medida estética, puramente propagandística, que no tiene efecto real para la mayoría de trabajadores, a cambio de otra medida que sí va en contra del proletariado.
Aquí se habla de dos cosas diferentes: a) implementar la jornada de 37 horas y, b) lograr el desbloqueo de la patronal mediante medidas contra el «ausentismo».
Empecemos con aquello de las 37 horas. Ya hemos señalado en otros hilos que se trata de una medida de escaso efecto.
El comunismo no es una doctrina defensiva, sino ofensiva. El problema con las consignas, estrategias y tácticas esencialmente defensivas es que parten de un marco moralista.
Es decir, que consideran que las acciones deben estar justificadas por un agravio inicial y que la acción política debe ser puramente reactiva. Si, como dicen diversas organizaciones, vivimos en una perpetua ofensiva capitalista, lo que resta es defenderse a perpetuidad.
Pero la victoria se obtiene neutralizando al enemigo, no desgastándolo eternamente en un conflicto asimétrico. La clave se encuentra en «atacar».
Bajo el fetichismo de la mercancía que rige la producción burguesa, la tecnología se nos aparece como algo ajeno a la voluntad humana y con «vida propia». El reciente caso de las «IA» es un ejemplo paradigmático.
Tras la aparición de los LLM (Large Language Models) como GPT, se están extendiendo numerosos discursos que oscilan entre dos posiciones igualmente erróneas por mistificadas:
Por un lado tenemos a los que ven en la IA la solución a todos los males de la humanidad, la definitiva segunda venida de Cristo que, ahora sí, terminará con la ineficiencia e irracionalidad propia de nuestra condición de seres caprichosos.