Analicemos lo que dice este desgraciado partiendo de esta afirmación: que los inmigrantes reciben más ayuda que los españoles en La Rioja –no es casual que Vaquero haya escogido esta comunidad–.
En La Rioja, el PIB surgido de la actividad agrícola es casi el doble que el de la media nacional -5,2% frente al 2,6%, según el INE (fuente en la imagen)-. Del total de trabajadores en la agr., el 66% son inmigrantes.
El trabajador inmigrante agrícola cobra, por lo general, el SMI según los datos oficiales. La realidad es mucho peor, tal y como demuestran los infinitos casos de abusos. Para acceder a ayudas como el IMV, un inmigrante ha de cumplir los mismos requisitos que un español:
¿Qué ocurre aquí? La burguesía nacional importa mano de obra barata para que trabaje de forma ingrata. Esta mano de obra se guetifica, vive miserablemente y se repliega sobre sí misma.
Se repliega sobre la familia, sobre la religión, sobre los vínculos nacionales. Tres elementos fundantes del capitalismo que los comunistas debemos destruir.
Esto, en parte, explica el repunte de delitos sexuales que, por otro lado, no son superiores a los de 2012, momento en el que hay menos denuncias y menos inmigrantes -nacionalizados incluidos- (fuentes en la descripción de la imagen).
Pero la realidad es que el incremento de la tasa de criminalidad no tiene tanto que ver con el incremento de la inmigración como con el incremento de la miseria general.
Miseria que afecta especialmente a los estratos más castigados del proletariado, hoy compuestos y sobrerrepresentados por inmigrantes. Luego, es evidente que serán ellos los que cometerán más delitos.
Delitos, por cierto, especialmente vinculados a la pobreza y a la permanencia de las estructuras familiares firmes, las mismas que les permiten sobrevivir. La pugna contra la familia, la miseria del trabajador y la religión son esenciales para el comunista.
Pero Vaquero opta por castigar al inmigrante, deportarlo, hablar de nación étnica y ensalzar la misma Iglesia que, si de ella dependiera, instauraría una «sharía» similar a la del islam.
Porque pareciera que llegados a este punto los 40 años de fascismo franquista, uno de cuyos pilares esenciales fue el catolicismo, no hayan existido.
Sea como fuere, todo esto es un brindis al sol. Apenas tenemos 5.000 seguidores, y si nuestra estrategia se basara en dar sermones por Twitter, poco o nada podríamos hacer contra todo el aparato mediático burgués.
Aparato mediático que permite al desgraciado de Vaquero vivir a cuerpo de rey mientras publica novelas de mierda y se codea con personajes tan tristes como el fantasma de Íker Jiménez, que debería haber seguido hablando de OVNIs.
Lo que verdaderamente importa en el fondo es que el trabajador promedio de este país es víctima y victimario a la vez. Todo hijo de vecino trapichea, se propasa, tiene exabruptos racistas -y esto no excluye a los inmigrantes, desde luego-.
Pero cuando se trata del «moro» que trabaja con en la obra, del «latinoۚ» que reparte paquetes, del «rumano» con el que se bebe al acabar el turno, entonces la cosa cambia, y estos inmigrantes son «buenos».
Ocurre que el tipo promedio, sea blanco, marrón o azul, no quiere que le toquen más los cojones. Se deja la piel en un trabajo de mierda, le sablan una parte importante de lo que gana en impuestos con los que paga a la policía que le zurra si osa oponerse a su situación,
y encima «le roban por la calle». Que el lumpen robe o zurre no es el problema realmente existente, pero como es «lo anómalo», lo que se sale de la normalidad, es lo que es realmente sencillo de capitalizar.
Y mientras el bufón de Vaquero aplaude los pogromos y las críticas a Sánchez –que con su «camarilla» se ha dedicado a robar y a agredir sexualmente a placer-, los burgueses siguen expoliando, sus voceros siguen alimentando el odio a los inmigrantes,
y el Estado sigue engordando, preparándose para exprimir hasta el tuétano a todos los infelices que pueda. La solución no son los exabruptos, sino la organización del proletariado, indistintamente de su nacionalidad. ¿Qué el trabajador inmigrante presenta retos? Desde luego.
¿Que el lumpenismo es únicamente inmigrante? Ni de cerca. Algunos de los amigos de Vaquero, como Dani Desokupa o Jan con Miedo, son tan lúmpenes como lo fue el Vaquilla.
Pero esto se suele olvidar. En fin, y en conclusión, podemos asegurar -y lo decimos de veras-, que las lecciones estadísticas sirven de poco. Hay que trabajar, real y políticamente,
para que individuos como Vaquero reciban aquella cosa secreta que realmente merecen. Y esto no pasa por los hilos de Twitter, sino por alzar estructuras obreras realmente sólidas.
Finalmente, por si a alguien le interesa el proletariado que tanto preocupa a Vaquero, en uno de nuestros artículos damos algunos datos generales que ayudan a comprender su situación. ¡Saludos!
El esquirolaje no es traición individual, sino una herramienta patronal para romper la organización obrera. Esto no sería posible sin UGT, que firmando un convenio basura busca desconvocar la huelga unilateralmente, debilitándola jurídicamente y facilitando el paso a esquiroles.
El esquirol, ya sea amparado en la excusa de «su» libertad individual o aterrorizado por la posibilidad de perder su sustento, acude sumiso al burgués confiando en su «misericordia».
Pero la historia es clara: Roma no paga traidores. En la lucha de clases, todo lo que no fortalece la unidad de la clase trabajadora es pan para hoy y hambre para mañana.
Los trabajadores del metal de Cádiz se movilizan en huelga para enfrentar la explotación y la fragmentación causada por la patronal. Pero quisiéramos centrarnos en el comunicado de @CTM97560609, ejemplo de vanguardia obrera:
La huelga del metal de Cádiz no nace solo del bloqueo en la negociación del convenio, sino del hartazgo acumulado por abusos diarios: horas extras de trabajo bajo el sol gaditano, impagos y contratos fijos discontinuos con todo tipo de irregularidades.
Los disturbios de Los Ángeles como respuesta a las redadas del 6 de junio se reducen a la ciudad –desgraciadamente y de momento–, pero demuestran con claridad el factor acelerante que supone la administración Trump para los conflictos internos de la sociedad americana.
Una cosa a señalar es que por el momento –y también por desgracia– el nivel de virulencia no es comparable al de episodios anteriores. Este hilo de @Chongxi_Bai lo resume bastante bien:
Los acontecimientos arrancan el 6 de junio con una redada de ICE –«Servicio de Control de Inmigración y Aduanas»– en Los Ángeles contra inmigrantes indocumentados focalizada en varios establecimientos del Home Depot y algunos comercios mayoristas de ropa.
Un problema general de la retórica del auge reaccionario es que en buena medida descansa en los resultados electorales. Resultados que, además de falibles, no computan ni registran clases sociales.
La tendencia al reaccionarismo entre la pequeña burguesía, por ejemplo, es innegable, pero el mapeado de los distritos electorales no distingue entre pequeñoburgueses y proletarios.
Y si consideramos los resultados electorales como prueba definitiva, en el barrio obrero el verdadero ganador es o el PSOE o la abstención. Abstención que no es necesariamente positiva,
Díaz se acerca a la patronal para que la ayuden a implementar una medida estética, puramente propagandística, que no tiene efecto real para la mayoría de trabajadores, a cambio de otra medida que sí va en contra del proletariado.
Aquí se habla de dos cosas diferentes: a) implementar la jornada de 37 horas y, b) lograr el desbloqueo de la patronal mediante medidas contra el «ausentismo».
Empecemos con aquello de las 37 horas. Ya hemos señalado en otros hilos que se trata de una medida de escaso efecto.
El comunismo no es una doctrina defensiva, sino ofensiva. El problema con las consignas, estrategias y tácticas esencialmente defensivas es que parten de un marco moralista.
Es decir, que consideran que las acciones deben estar justificadas por un agravio inicial y que la acción política debe ser puramente reactiva. Si, como dicen diversas organizaciones, vivimos en una perpetua ofensiva capitalista, lo que resta es defenderse a perpetuidad.
Pero la victoria se obtiene neutralizando al enemigo, no desgastándolo eternamente en un conflicto asimétrico. La clave se encuentra en «atacar».