Hoy quisiéramos hacer una muy breve introducción de la historia, el desarrollo y las condiciones en las que nació y se desarrolló el Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA).
Y es que parte del trabajo necesario para la construcción del Partido Comunista pasa por analizar la historia del comunismo, por entender el por qué y cómo se tomaron determinadas decisiones.
Lo usual, como no podría ser de otra forma, es acudir a la historia y el desarrollo del bolchevismo en el Imperio Ruso. Sin embargo, el contexto estadounidense guarda muchas más similitudes con el actual.
Hablamos de un país altamente industrializado, con una ingente cantidad de proletariado inmigrante y con un sistema político parlamentario bipartidista bien consolidado.
Para más inri, el periodo de posguerra y el fin de la oleada huelguística de 1919-21 dio paso a «Los felices años 20», es decir, al primer gran estallido de la proliferación de los bienes de consumo.
La práctica del CPUSA –y de su predecesor, el CPA–, y el análisis de su desarrollo, sus errores y sus aciertos, creemos, puede ser de especial utilidad en la actualidad.
Los comunistas estadounidenses no se enfrentaron al poder de la autocracia feudal, sino a un poder estatal descentralizado, a los poderosísimos oligopolios y sus ejércitos privados,
y a los grupos armados de extrema derecha, tales como la Legión Americana o el KKK. Solo entre 1916 y 1921 se produjeron los incidentes de Centralia, la Masacre de Tulsa, el linchamiento y deportación de los obreros de Bisbee,
la masacre de Everett y la represión de las minas de Kansas y Oklahoma –entre muchos otros–. Pero también se enfrentaron a una de las democracias burguesas más plenas del momento,
y a la práctica reformista y anticomunista de los sindicatos mayoritarios del momento, entre los que destaca la American Federation of Labor, un titán que aglomeraba 4 millones de obreros en 1919.
Sobre el papel anticomunista –y antisindical– de los grandes sindicatos, os dejamos esta obra de William Z. Foster, en cuya traducción trabajamos con los compañeros de @E_Edithor.
No es de extrañar que de los diez principales fundadores del CPA –recordemos, predecesor del CPUSA–, cinco fueran inmigrantes de segunda generación y los cinco restantes fueran nacidos en el extranjero.
Precisamente por la constante afluencia de mano de obra inmigrante, y precisamente porque ésta constituía la mayoría del proletariado raso, el CPUSA se postuló como un partido «de los inmigrantes»,
cosa que la burguesía usó para atacarlo con profusión, vinculando sus esfuerzos por organizar a inmigrantes, afroamericanos y mujeres a la idea del «judeobolchevismo internacional».
Del mismo modo, y a diferencia de la situación en el Imperio Ruso, los Estados Unidos eran un país con una fuerte –si bien corrupta– tradición y práctica sindical. El CPUSA, a diferencia de los bolcheviques,
tuvo que desarrollar una estrategia sindical extensiva para competir y vencer contra los dos grandes sindicatos de su época –la ya mencionada AFL y los Industrial Workers of the World–.
Y sobre esto, Foster, el que fuera dos veces su secretario general, hizo muchas y magníficas aportaciones. Aquí algunos de sus textos más sugerentes –enlaces en la descripción de la imagen–.
Así, el CPUSA se vio obligado a operar en la semiclandestinidad, a enfrentarse a un Estado democrático-burgués consolidado y funcional, a enfrentarse al sindicalismo corrupto,
Y a cambios coyunturales de grandísima relevancia –la bonanza de los años 20, la Gran Depresión, el New Deal, etc.–. Nació como una organización marginal, pero gracias a su actividad sistemática
en los sindicatos a partir de 1921 y, más tarde, a su papel protagonista en las causas por la consecución de los derechos civiles, pasó de los 6.000 miembros a los 75.000.
Su estrepitoso fracaso, claro, es de los más notables. Pero que tuvo que enfrentarse a una situación mucho más similar a la actual es un hecho incontestable.
Precisamente por eso os dejamos aquí cuatro libros introductorios que, creemos, pueden ser de gran interés para empezar a entender a este «gran desconocido».
Reds: The Tragedy of American Communism - Maurice Isserman
History of the Communist Party of the United States - William Z. Foster
Communists in Harlem during the depression - Mark D. Naison
Red Chicago : American communism at its grassroots, 1928-35 - Randi Storch
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Solo un economista neoclásico es capaz de poner una gráfica en la que se muestra como los salarios en el mejor de los casos siguen con el ciclo de estancamiento des de 2016 y presentarlo como una prueba de las «victorias de Milei».
La realidad es que Milei ha optado por unas medidas nada novedosas para una «recuperación económica»: caída del salario real, caída de las jubilaciones y aumento del desempleo, etc. Medidas de austeridad habituales.
Tras una caída drástica de los salarios –es decir, un aumento de la tasa de explotación– y tras una más que dudosa restauración de las fuerzas productivas destruidas o estancadas por la crisis, la recesión se recupera, la inversión vuelve a fluir y se relanza la acumulación.
Cuando la Iglesia decide introducirse en barrios marcados por la precariedad no lo hace solo desde el gesto simbólico de devoción. Se trata de una intervención estratégica para operar en la conciencia: una explicación divina al sufrimiento material.
La religión actúa como forma ideológica enraizada en la sociedad. En sus orígenes, como única forma de dotar de sentido y explicar la existencia humana. Su papel ha sido históricamente el de traducir las relaciones materiales de opresión en formas espirituales de aceptación.
Ahora, como oferta en el mercado ideológico en competencia con otras cosmovisiones. Su vigencia no radica en su necesidad histórica, sino en su adaptación al consumo. Ya no es elegida por convicción estructural sino como una opción de «estilo de vida».
Gaza no sufre por una catástrofe, sino por una política deliberada del capitalismo en su fase más avanzada: dominación militar y control del hambre. Bancos, empresas, fondos financieros y ejército se integran en la maquinaria del monopolio para refinar la guerra.
Israel y EE.UU. retiraron a la UNRWA la responsabilidad de distribuir la ayuda humanitaria y la pasaron a la "Fundación Humanitaria para Gaza" (GHF), empresa privada que actúa como brazo operativo del capital, decidiendo quién come, bajo qué condiciones y con qué acceso.
GHF, vinculado al aparato militar israelí, canaliza, vigila y ejecuta la ayuda humanitaria bajo criterios propios, prolongando el bloqueo con tal que ‘’la ayuda no llegue a Hamás’’. El control sobre la comida es tan estratégico como el control del territorio.
Analicemos lo que dice este desgraciado partiendo de esta afirmación: que los inmigrantes reciben más ayuda que los españoles en La Rioja –no es casual que Vaquero haya escogido esta comunidad–.
En La Rioja, el PIB surgido de la actividad agrícola es casi el doble que el de la media nacional -5,2% frente al 2,6%, según el INE (fuente en la imagen)-. Del total de trabajadores en la agr., el 66% son inmigrantes.
El trabajador inmigrante agrícola cobra, por lo general, el SMI según los datos oficiales. La realidad es mucho peor, tal y como demuestran los infinitos casos de abusos. Para acceder a ayudas como el IMV, un inmigrante ha de cumplir los mismos requisitos que un español:
El esquirolaje no es traición individual, sino una herramienta patronal para romper la organización obrera. Esto no sería posible sin UGT, que firmando un convenio basura busca desconvocar la huelga unilateralmente, debilitándola jurídicamente y facilitando el paso a esquiroles.
El esquirol, ya sea amparado en la excusa de «su» libertad individual o aterrorizado por la posibilidad de perder su sustento, acude sumiso al burgués confiando en su «misericordia».
Pero la historia es clara: Roma no paga traidores. En la lucha de clases, todo lo que no fortalece la unidad de la clase trabajadora es pan para hoy y hambre para mañana.
Los trabajadores del metal de Cádiz se movilizan en huelga para enfrentar la explotación y la fragmentación causada por la patronal. Pero quisiéramos centrarnos en el comunicado de @CTM97560609, ejemplo de vanguardia obrera:
La huelga del metal de Cádiz no nace solo del bloqueo en la negociación del convenio, sino del hartazgo acumulado por abusos diarios: horas extras de trabajo bajo el sol gaditano, impagos y contratos fijos discontinuos con todo tipo de irregularidades.