Ante incendios o catástrofes, es común preguntar: ¿Dónde está el Estado? Aunque es lógico que los ciudadanos eleven sus demandas a la administración, los comunistas no podemos caer en el error de creer que el Estado existe para protegernos y que, si no lo hace, está “fallando”.
Los comunistas sabemos que el Estado no es neutral ni busca el bienestar común: surge de la necesidad histórica de la clase dominante de organizar y afianzar su poder. La propiedad privada, la acumulación de riqueza y la jerarquía requieren un aparato que asegure su perpetuación.
Aunque en apariencia el pueblo sea soberano, el poder político real lo ostenta quien posee los medios de producción y sus agentes designados para ejecutar su voluntad. Este texto hace un claro repaso sobre este tema y otros vinculados: kursant.website/patria-soberan…
Las catástrofes naturales como las que estamos pudiendo observar estos días revelan la verdadera cara del sistema. Y el Estado, lejos de movilizarse para mitigar el desastre, se muestra ausente. Igual el año pasado con la DANA:
Una vez más el Estado muestra su verdadera naturaleza como aparato perpetuador del orden existente. Y cada vez que la población espera que el Estado la salve, se refuerza su dependencia, se debilita la organización colectiva y se consolida la subordinación.
La legitimidad del Estado se alimenta de esa ilusión. Mientras el pueblo espera, mientras reclama a una autoridad que no responde, el aparato de poder sigue reproduciéndose, manteniendo su control sin ser cuestionado en lo esencial.
Cada recurso movilizado, cada intervención de emergencia se calcula según cómo afecta la estabilidad del poder y la protección de la propiedad privada. Su «ineficacia» ante la mayoría es funcional a la minoría, no se busca cuidar los ecosistemas sino mantener el orden económico.
Las catástrofes naturales son un recordatorio brutal de que el Estado burgués no busca salvarnos, su «fallo» es la confirmación de su esencia. No podemos aceptar relatos que culpan a gestores de distintas facciones burguesas en lugar de cuestionar el aparato estatal en sí.
Nosotros, los comunistas, tenemos que cuestionar el aparato estatal burgués en sí mismo y empezar a construir el Poder que realmente garantice nuestra protección, cuidado y defensa. Todo lo demás son maniobras de ilusionismo reformista.
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Resulta sorprendente que con la repercusión que ha tenido este hilo no haya tenido oposición, siendo que sea o no sea su intención, Futuro Vegetal hace apología de la ideología burguesa. Explicamos por qué:
En el hilo se llama al campesinado a tomar la tierra como solución a la problemática ecológica y para lograr «una gestión del territorio más efectiva y con visión de futuro». Este es un planteamiento directamente pequeñoburgués.
En España hoy no existe el campesinado como clase porque el trabajo agrícola o es asalariado o es una actividad empresarial capitalista. La agricultura se ha integrado plenamente en la industria capitalista.
Hoy hace un año publicamos en nuestra web el artículo «La deuda más allá del estrecho», en la que respondíamos a la pregunta "¿Qué le debe el PSOE a Marruecos?" Hoy quisiéramos revisitar los puntos clave de su contenido y señalar su vigencia con los sucesos actuales.
La primera cosa que apunta el artículo que le «debe» el PSOE a Marruecos es el control fronterizo, pues la policía marroquí puede permitirse matar sin miramentos a inmigrantes subsaharianos que tratan de saltar las vallas de Ceuta y Melilla, puntos clave de entrada a Europa.
Este no es un favor gratuito, Marruecos obtiene de España apoyo económico, técnico y formativo para fortalecer sus capacidades en vigilancia y control de fronteras. Esto incluye tecnología avanzada y entrenamiento a las fuerzas de seguridad marroquíes.
Todo arte está determinado por las relaciones de producción de la sociedad en la que nace. El contenido artístico, por más progresista que se presente, es incapaz de despertar conciencias por sí solo, igual que una canción o mural no pueden construir poder político en sí mismos.
Si bien el arte puede aproximarnos a la comprensión de determinadas esferas de la realidad social, sin una correspondiente implicación en una praxis transformadora, a lo más que puede acercarnos es a intuiciones deformadas insuficientes para una comprensión científica del mundo.
A menudo se comete el error de confundir la subjetividad moral del artista con la potencia transformadora de su obra, cayendo en idealismo. El capitalismo tolera y absorbe todo tipo de expresiones artísticas rupturistas y radicales, en tanto que el arte sigue siendo mercancía.
Hoy quisiéramos hacer una muy breve introducción de la historia, el desarrollo y las condiciones en las que nació y se desarrolló el Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA).
Y es que parte del trabajo necesario para la construcción del Partido Comunista pasa por analizar la historia del comunismo, por entender el por qué y cómo se tomaron determinadas decisiones.
Lo usual, como no podría ser de otra forma, es acudir a la historia y el desarrollo del bolchevismo en el Imperio Ruso. Sin embargo, el contexto estadounidense guarda muchas más similitudes con el actual.
Solo un economista neoclásico es capaz de poner una gráfica en la que se muestra como los salarios en el mejor de los casos siguen con el ciclo de estancamiento des de 2016 y presentarlo como una prueba de las «victorias de Milei».
La realidad es que Milei ha optado por unas medidas nada novedosas para una «recuperación económica»: caída del salario real, caída de las jubilaciones y aumento del desempleo, etc. Medidas de austeridad habituales.
Tras una caída drástica de los salarios –es decir, un aumento de la tasa de explotación– y tras una más que dudosa restauración de las fuerzas productivas destruidas o estancadas por la crisis, la recesión se recupera, la inversión vuelve a fluir y se relanza la acumulación.
Cuando la Iglesia decide introducirse en barrios marcados por la precariedad no lo hace solo desde el gesto simbólico de devoción. Se trata de una intervención estratégica para operar en la conciencia: una explicación divina al sufrimiento material.
La religión actúa como forma ideológica enraizada en la sociedad. En sus orígenes, como única forma de dotar de sentido y explicar la existencia humana. Su papel ha sido históricamente el de traducir las relaciones materiales de opresión en formas espirituales de aceptación.
Ahora, como oferta en el mercado ideológico en competencia con otras cosmovisiones. Su vigencia no radica en su necesidad histórica, sino en su adaptación al consumo. Ya no es elegida por convicción estructural sino como una opción de «estilo de vida».