Hoy se celebran los estallidos callejeros como prueba de que el obrero toma conciencia. Las explosiones callejeras en distintos puntos del mundo se presentan como vitalidad del pueblo, pero en realidad muestran la debilidad de la clase trabajadora como sujeto histórico.
La proliferación en los últimos años de bibliografía académica o «militante», mistificando el momento insurreccional o analizando «El Acontecimiento» es solo una muestra de esta impotencia de la que hablamos:
Existe polarización social pero no política. La primera es condición de posibilidad de la segunda, pero no se convierte en ella de manera automática, falta el salto cualitativo de la organización, el programa.
Vemos por ejemplo cómo hoy se celebran las protestas de Nepal como prueba de acción proletaria. Pero con el desconocimiento de la situación por parte del MCE no se puede deducir de los videos que haya una organización independiente.
Lo que sí queremos criticar es cómo aquí se usan esas imágenes para afirmar que «la clase obrera está activa», tanto en el caso de Nepal como cualquier otro estallido en otro país. Celebrar todo espontaneísmo como indicio de poder de clase es una operación ideológica errónea.
En nuestro territorio ocurre igual, la ausencia de vinculación real del movimiento comunista con los centros de trabajo hace que cualquier estallido interclasista se celebre como expresión de conciencia proletaria.
La huelga, entendida como suspensión consciente del proceso productivo, es la forma real que toma la lucha espontánea de la clase obrera. Allí donde se interrumpe la producción aparece algo cualitativamente distinto a la protesta: la fuerza organizada.
Otras acciones como tomar calles o centros urbanos son tácticas vacías sin el vínculo con la producción y sin un programa claro. Un ejemplo claro de esto fueron los Comités de Defensa de la República durante el Procés.
Esa militancia callejera, por más combativa que fue, no pudo traducirse en poder de clase porque no se ejerció en los centros de producción, careciendo de poder sobre el capital. No hubo un instrumento que canalizara esa energía social hacia objetivos concretos.
La estrategia política parte de construir organización independiente, enraizada en los centros de trabajo, capaz de canalizar la rabia social en fuerza consciente. Es decir, el Partido. Solo así la rabia dejará de disiparse en humo y se abrirá la posibilidad real de revolución.
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Hoy es el 80º Aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Hemos considerado oportuno despejar algunos de los mitos principales del principal contribuidor a la victoria contra el fascismo: la Unión Soviética.
Lo primero que se suele hacer es subrayar que el Ejército Rojo cometió una cantidad indescriptible de atrocidades allá por donde pasaba, incluyendo –y destacando– las violaciones en masa.
Esto, en realidad, es una estrategia que busca equiparar los crímenes soviéticos a los alemanes, presentando «dos bestias distintas» de entre las que, y de forma poco sorprendente, la URSS sería peor.
Parece ser que la hostelería en España vive un momento de ingresos menguantes. Parte de la explicación señalada por los propios hosteleros es el desplazamiento del consumo hacia supermercados, donde hace tiempo que se puede observar un aumento de la oferta de comida preparada.
Hace un tiempo que las grandes cadenas de distribución como Mercadona expanden su sección de comida preparada (“Listo para Comer”), este expansionismo llega al punto que el propio Juan Roig afirmó que para el 2050 no habrá cocina en los hogares españoles.
Yolanda Díaz tiene la amabilidad en este vídeo de responder a la consulta de una trabajadora sobre cuáles son sus derechos laborales. De forma paternalista le indica que, como la ley está de su lado, basta con reclamar lo que le corresponde.
El conflicto laboral se reduce a un trámite legal que cada obrero debe resolver por sí mismo: «defiende TUS derechos». La burocracia reformista persiste en su objetivo: reemplazar la acción colectiva obrera por la confianza ciega en el Estado y sus mecanismos legales.
Esto deja al proletario con la carga de defenderse en un terreno desigual. Frente a la presencia del jefe y la coerción directa, la maquinaria judicial carece de fuerza real, y la vulneración de los derechos laborales deviene una anécdota cotidiana en las vidas de los obreros.
Ante incendios o catástrofes, es común preguntar: ¿Dónde está el Estado? Aunque es lógico que los ciudadanos eleven sus demandas a la administración, los comunistas no podemos caer en el error de creer que el Estado existe para protegernos y que, si no lo hace, está “fallando”.
Los comunistas sabemos que el Estado no es neutral ni busca el bienestar común: surge de la necesidad histórica de la clase dominante de organizar y afianzar su poder. La propiedad privada, la acumulación de riqueza y la jerarquía requieren un aparato que asegure su perpetuación.
Aunque en apariencia el pueblo sea soberano, el poder político real lo ostenta quien posee los medios de producción y sus agentes designados para ejecutar su voluntad. Este texto hace un claro repaso sobre este tema y otros vinculados: kursant.website/patria-soberan…
Resulta sorprendente que con la repercusión que ha tenido este hilo no haya tenido oposición, siendo que sea o no sea su intención, Futuro Vegetal hace apología de la ideología burguesa. Explicamos por qué:
En el hilo se llama al campesinado a tomar la tierra como solución a la problemática ecológica y para lograr «una gestión del territorio más efectiva y con visión de futuro». Este es un planteamiento directamente pequeñoburgués.
En España hoy no existe el campesinado como clase porque el trabajo agrícola o es asalariado o es una actividad empresarial capitalista. La agricultura se ha integrado plenamente en la industria capitalista.
Hoy hace un año publicamos en nuestra web el artículo «La deuda más allá del estrecho», en la que respondíamos a la pregunta "¿Qué le debe el PSOE a Marruecos?" Hoy quisiéramos revisitar los puntos clave de su contenido y señalar su vigencia con los sucesos actuales.
La primera cosa que apunta el artículo que le «debe» el PSOE a Marruecos es el control fronterizo, pues la policía marroquí puede permitirse matar sin miramentos a inmigrantes subsaharianos que tratan de saltar las vallas de Ceuta y Melilla, puntos clave de entrada a Europa.
Este no es un favor gratuito, Marruecos obtiene de España apoyo económico, técnico y formativo para fortalecer sus capacidades en vigilancia y control de fronteras. Esto incluye tecnología avanzada y entrenamiento a las fuerzas de seguridad marroquíes.